Hace ya 20 años que tuvieron lugar los sucesos racistas de El Ejido en los que l@s magrebíes que vivían en aquella localidad fueron atacados de manera indiscriminada por el hecho de proceder de esa zona de África. Todo sucedió tras el asesinato de una joven por parte de un magrebí con problemas mentales y de ahí se derivó a unos disturbios de corte totalmente racista y xenófobo.

Desde entonces casi nada ha cambiado. No ha habido medidas por parte de las administraciones que traten de paliar esta situación, mediante políticas activas de integración y conocimiento mutuo. Por el contrario, los discursos que predominan en esta temática vienen impuestos por la extrema derecha y aquellos que los apoyan y se basan en acusaciones racista y llenas de odio hacia el o la inmigrante. Los resultados que VOX ha sacado en las últimas citas electorales no hacen más que corroborar que esta argumentación clásica de las agrupaciones de corte fascista calan cada vez más en la población de la zona.

Se culpa al inmigrante de la situación de empeoramiento de las condiciones de vida cuando, en realidad, es una consecuencia del sistema capitalista y de su apetito voraz. No importa que las condiciones laborales sean cada vez más precarias, que el acceso a la vivienda se haga cada vez más difícil, que los servicios públicos estén en peores condiciones… siempre la culpa será del inmigrante que viene a quitarnos el trabajo o a abusar de dichos servicios públicos y las ayudas. El enfrentamiento entre la propia clase trabajadora explotada es lo que permite al sistema seguir perpetuándose aún cuando sus intereses y los de aquella son totalmente opuestos.

La economía almeriense ha tenido un gran auge en las últimas décadas, basado principalmente en la agricultura intensiva bajo plástico. Aparte de las consecuencias ambientales de este modo de producción, hay que destacar que la mano de obra que se ha utilizado para conseguirlo ha sido extranjera que ha trabajado en condiciones de semiesclavitud (como denuncian decenas de artículos y documentales, eso sí, extranjeros), infrahumanas en muchos casos. No es extraño ver, décadas después, como el chabolismo sigue imperando en las zonas de invernaderos y cómo esas personas malviven en condiciones pésimas por un trabajo que, en la inmensa mayoría de los casos, no está sujeto a unas mínimas condiciones laborales y que, por supuesto, no respeta los convenios del campo.

Desde Izquierda Anticapitalista Revolucionaria IZAR creemos fundamental luchar contra este discurso de odio impuesto por la derecha y la extrema derecha y cuyo único fin es perpetuar el sistema económico capitalista. El fascismo es un recurso del capital en épocas de crisis para justificar los recortes en derechos y libertades e imponerlos por la fuerza si es necesario. Su discurso enfrenta a miembros de la clase trabajadora y en estos días seguimos viéndolo por desgracia con cada vez más fuerza. Las organizaciones revolucionarias tienen la tarea de desenmascarar y combatir este discurso para unir a la clase trabajadora en su tarea fundamental: emanciparse del capitalismo.