El pasado mes de marzo, una alumna de la facultad de Educación de la Universidad de Granada hizo público un caso de acoso hacia ella por parte de uno de sus profesores. Dicho profesor usó los horarios de tutorías para preguntarle, entre otras cosas, si se masturbaba o si disfrutaba del sexo, teniendo también conversaciones de whatsapp en las cuales le insinuaba que su foto de perfil era “muy provocativa”. Días más tarde, otras 6 alumnas más denunciaron situaciones semejantes con el mismo profesor.

La respuesta ante estos casos de acoso no fue dada por el rectorado ni por la institución de la UGR, sino por el conjunto de l@s estudiantes, que se organizaron para realizar una concentración pública en repulsa de este tipo de situaciones en la universidad pública. Los y las estudiantes no podemos (ni debemos) tolerar que dentro de la UGR se sigan produciendo actitudes machistas y de acoso, en especial por parte de profesores que abusan de su posición de “autoridad” para aprovecharse del alumnado.

La denuncia de estos casos, además de la actitud de la UGR en todo este asunto, así como las declaraciones de la rectora, en las cuales no se condenan públicamente las actitudes del profesor acusado y en las que echa balones fuera hacia investigaciones judiciales externas a la institución.

Sin embargo, esta no es una situación nueva en la universidad, sino que cabe recordar un caso anterior, producido también en la UGR, en el que la institución sancionó a otro docente con 90 días de suspensión de empleo y sueldo (mientras se realizaba una investigación que no concluyó nada) tras abusar de su condición de profesor para establecer “una relación de cortejo” con una alumna de primer curso de derecho. Dicho profesor acabó denunciando a la UGR por cómo se produjo la investigación ya mencionada, tras la resolución a nivel judicial. Esto nos permite ver que el protocolo contra este tipo de casos realizado por la Unidad de igualdad de la Universidad es insuficiente e ineficaz dentro del marco actual de funcionamiento de la institución.

Sabemos que, por ser la UGR parte del entramado ideológico de un sistema que es machista, no tiene la capacidad institucional de crear un protocolo que proteja a las mujeres que participamos en ella, pero no podemos tampoco vaciarla de responsabilidad. Creemos firmemente que la única forma de abordar esta problemática es teniendo en cuenta a toda la comunidad universitaria a la hora de tomar una decisión que debería tener como fin proteger a las mujeres y no controlar daños. Necesitamos otro protocolo: un protocolo feminista y democrático.

No obstante, no debemos caer en el engaño de pensar que, dentro de un espacio que está enfocado a seguir perpetuando un sistema que sólo beneficie a unos pocos y que se aproveche de las mujeres en todos los ámbitos de la vida (laboral, doméstico, reproductivo, etc.), es posible acabar con este tipo de abusos. El único modo de acabar con esta lacra es peleando por una universidad de tod@s y para tod@s, pública y feminista, que no esté al servicio de los de arriba y que no tolere ningún tipo de situación semejante.

Por último, recordamos que hay que mostrar y mostramos todo el apoyo posible a las distintas alumnas que han tenido la valentía de denunciar públicamente a este profesor, en cualquier paso que decidan dar durante este proceso.