El pasado 5 de agosto la dirección de la empresa Nissan y el comité de empresa (CCOO, UGT, SIGEAN-USOC y CGT) firmaron un acuerdo, ratificado el día siguiente por l@s trabajador@s en asamblea, poniendo final a una huelga de 94 días contra el cierre de Nissan en Zona Franca, Montcada y Sant Andreu de la Barca. Este acuerdo se ha valorado como una victoria por parte de las direcciones de CCOO y UGT y para CGT “implica la creación de un proceso de reindustrialización … para que tod@s podamos continuar con un puesto de trabajo en unas condiciones adecuadas”. Incluso el ministerio de Trabajo del “progresista” gobierno PSOE-UP celebró el acuerdo, algo que ya obliga a analizar el acuerdo con más atención pues fue este ministerio el que aceptó el ERTE de Nissan el pasado mes de marzo.

Se hace imposible preguntarse si estas valoraciones son ciertas. La lucha central era contra el cierre de las plantas y los despidos, y estos 2 elementos no se han logrado, solo se ha conseguido retrasarlos hasta el 31 de diciembre de 2021. En el acuerdo se reconoce la necesidad del cierre y de los 2.525 despidos; esto no es una victoria, esto es una derrota y pretender venderla como una victoria hace un flaco favor a la conciencia de clase pues marca como objetivos a conseguir metas que son favorables a los capitalistas.

Un acuerdo para hipotecar el futuro

En el acuerdo firmado se destacan por parte de los sindicatos 3 logros: garantía de empleo, indemnizaciones y reindustrialización.

La empresa se compromete a no realizar “despidos traumáticos” hasta el 31 de diciembre de 2021, reduciendo la plantilla progresivamente mediante rescisiones voluntarias por parte de l@s trabajador@s a cambio de prejubilaciones, la preferencia en la contratación en las empresas que vengan durante la futura reindustrialización y de una indemnización que llegue hasta el 31 de diciembre de 2021. Sin embargo , en el caso de que estas bajas no sean suficientes, se abre la puerta a que la empresa obre con flexibilidad en reducciones de jornadas, movilidad territorial o la aplicación de “fórmulas que permitan alcanzar el número requerido de bajas” o lo que es lo mismo, ERTE, despidos de los trabajador@s en subcontratas y todos los mecanismos que permiten las reformas laborales de PSOE y PP.

Las indemnizaciones son altas, más de lo que pagan muchas empresas, es cierto. Pero son favorables en el fondo para la empresa y los capitalistas pues permite apaciguar a la plantilla a cambio de paz social mientras realiza el cierre y tampoco cubren a la totalidad de los puestos de trabajo, sino a una parte menor (unos 3.000). Para l@s trabajador@s se puede resumir en pan para hoy y hambre para mañana, pues los empleos que pierden son de mejores condiciones laborales logradas tras años de lucha, que los que se vayan a plantear en el futuro inmediato de crisis del covid-19. Lo@s que no se pueden prejubilar y la juventud que tiene que empezar a vender su fuerza de trabajo, no tienen más herencia que las conquistas logradas en los centros de trabajo y estas se esfumarán al cerrarse las plantas de Nissan.

La futura y potencial reindustrialización es el elemento más ilusionante. Lo que permite asumir contradicciones en contra de los ERE y los ERTE en aras de un futuro sin las factorías de Nissan. Lo cierto y verdad es que el cierre tiene una fecha y el proceso de reindustrialización no. Lleguen o no lleguen empresas, el 31 de diciembre los despidos traumáticos serán una realidad. Esta serie ya la hemos visto en capítulos de minería, metalurgia, textil y un largo etcétera; siempre con el mismo guión: centros de trabajo que cierran con promesas futuras de reconversión del gobierno y las empresas cuando llegue un inversor privado salvador. Todos los episodios han terminado con el paro y la miseria para miles de familias de clase trabajadora. En los tiempos de concentración de capitales y deslocalización a países con menos derechos laborales y peores salarios, agudizado por la crisis, la lógica no invita a la creencia de que el guión no se va a repetir otra vez.

L@s 20.000 grandes perdedores

El acuerdo deja a su suerte a los más de 22.000 trabajado@s de subcontratas y proveedoras. Marelli ya alcanzó un acuerdo para el despido de 57 trabajador@s y al cierre de este artículo la plantilla de Acciona está encabezando una protesta contra el ERE planteado de 500 puestos de trabajo. Una protesta apoyada por parte de l@s trabajador@s de Nissan y otras subcontratas. Lo que está claro es que el acuerdo facilita a estas empresas los ERE por causas objetivas de producción, pero además impide la formación de un bloque común con l@s 25.000 trabajador@s al comprometerse el comité de empresa a “hacer los mayores esfuerzos para contribuir a la paz social respecto de los proveedores.” Este compromiso es la culminación de una política sindical de cajones estancos en la que solo se ocupan de l@s trabajador@s nominales de la empresa Nissan, una política que llevan a cabo sindicatos mayoritarios y minoritarios por igual y que permite a la empresa atacar más fácilmente a l@s trabajador@s por separado. Una política que conduce a la derrota.

La lucha sigue siendo el único camino

A pesar del acuerdo firmado, la lucha llevada a cabo por el conjunto de l@s trabajador@s de todas las empresas del conflicto Nissan nos demuestra que con nuestras armas históricas de lucha como la huelga, la solidaridad o las cajas de resistencia se puede hacer frente incluso a las grandes multinacionales. Pero también nos enseña que las luchas aisladas, aun cuando son largas y firmes están en una peor posición para lograr victorias. Nissan también nos recuerda que todo el esfuerzo y sacrificio son imprescindibles pero insuficientes sin una orientación acertada.

Se está escribiendo mucho y más se seguirá haciendo sobre este episodio de la lucha de clases. Algunos defenderán la orientación de pactar derrotas y hacerlas pasar por victorias, otros seguirán cabalgando contradicciones con alternativas que no ponen encima de la mesa como imponerlas los empresarios. Otros intentaremos dar una visión crítica de lo que ha pasado con este acuerdo y que el conflicto no ha acabado como han demostrado l@s trabajador@s de Acciona.

Sin embargo, quienes estamos en estas claves no podemos quedarnos en dar una opinión. Las organizaciones políticas, la gente que lucha a nivel sindical o asociativo tenemos la responsabilidad de reagrupar y hacer converger mediante la movilización y las huelgas a quienes levantan la cabeza y se movilizan a diario en los centros de trabajo, de estudio o en sus barrios. Es fundamental visibilizar que no basta con luchas en una u otra empresa, sino de que hay que dirigir la lucha contra la raíz de todos nuestros problemas, el sistema capitalista.

De que no habrá soluciones que no pasen por un plan de urgencia social que prohíba realmente los despidos, que nacionalice sin indemnización alguna las empresas con millones de beneficios que quieren condenar a la miseria a l@s trabajador@s como Nissan y que haga pagar la crisis a los capitalistas. Un plan de urgencia social que cree una hoja de ruta coordinada y conjunta para imponerlo mediante la movilización y la huelga de amplios sectores. Los 94 días de lucha en Nissan y su experiencia deben servir para dar pasos en este camino, todo lo demás es un brindis al sol mientras sufrimos la barbarie capitalista.