Desde el 1 de octubre los tiempos políticos se han acelerado en el estado español y el reloj lo ha puesto en hora Catalunya y la lucha por la autodeterminación, ariete de la arquitectura constitucional en la que se asientan los poderes económicos y políticos del postfranquismo que ahora ve zozobrar su buque.

La monarquía se suma a la represión en Catalunya

La dureza del discurso del rey llega como agua de mayo para el gobierno de Rajoy, hasta ahora con las manos atadas entre la huida hacia adelante por la suspensión de la autonomía de Ciudadanos y la apelación al diálogo del PSOE. Felipe VI ha llamado al orden constitucional, lo que tiene una lectura de llamada a vías excepcionales pero recogidas en la Constitución que permite actuar al gobierno y anuncia ataques desde todos los resortes del estado: aplicación del 155 o detención por sedición al gobierno de la Generalitat, o incluso el estado de emergencia.

Ante el hecho de que el Parlament va a ser convocado para dar continuidad al referéndum del pasado 1 de octubre, la puesta en escena de Felipe VI tiene un doble objetivo. Por una parte, abre la puerta a la intervención de la Generalitat por parte del gobierno central o la presencia del ejército en las propias calles de Catalunya. Y a su vez, da respuesta a los sectores que le exigían a Rajoy más mano dura con Catalunya y que están favoreciendo que partidos de extrema derecha como Vox aumenten su afiliación en más de un 20%.

Por otro lado el discurso del rey permite neutralizar cualquier diferenciación entre los partidos del régimen frenando al PSOE en su iniciativa de reprobar a la vicepresidenta del gobierno por su responsabilidad en la actuación de la policía y de la guardia civil el pasado 1 de octubre. La intervención consigue de ese modo unificar detrás de sí al conjunto de organizaciones pro régimen del 78 en una orientación de enfrentamiento claro contra las aspiraciones del pueblo catalán.

No podíamos esperar otra respuesta de una monarquía que ha servido en los últimos 40 años para poner en bandeja el mercado internacional a los capitalistas españoles en América Latina, Medio Oriente, Marruecos…Y no solo para esto sino también como el máximo garante del modelo de estado y las instituciones nacidas en el 78, entre las que destaca la corona. Lo que Felipe VI se jugaba ayer no era solo la unidad de España o los beneficios de la clase que defiende, sino sus intereses y su propia supervivencia.

La autoorganización responde en Catalunya y en el resto del estado

Pero el movimiento obrero no se queda indiferente. Tras la durísima jornada del día 1 de octubre, el 3 de octubre fue convocada por CGT, IAC y COS una huelga general en contra de la represión y por los derechos sociales y laborales de la clase trabajadora catalana. La jornada de movilización social ha sido un éxito: decenas de movilizaciones de cientos de miles de personas en el conjunto de Catalunya, cortes de carretera, paros completos en los puertos, en los transportes, en las escuelas y hospitales. Este paso adelante abre el camino para que la clase trabajadora tenga una hoja de ruta propia e independiente dentro del proceso abierto en Catalunya por el derecho a decidir.

Pero ante una dinámica de movilización social tan fuerte, una parte de la burguesía catalana, la propia Generalitat y sus organizaciones afines, con la colaboración de las direcciones burocráticas de CCOO y UGT, que pretenden controlar el proceso desde arriba y utilizar la autoorganización en su beneficio, reaccionaron al miedo a una huelga general y la puesta en pie de un movimiento obrero autónomo y masivo que se ponga en movimiento y empiece a debatir en asambleas cómo imponer el derecho a decidir y conjugar la cuestión nacional con la cuestión social, algo que vaya en favor de sus intereses sino todo lo contrario.

Por ello, el día 1 de octubre llamaron desde el marco de la Taula per la democracia a un “paro de país”. Un paro que buscaba al hacerlo coincidir con el 3 de octubre torpedear la huelga general convocada anteriormente y mantener un movimiento interclasista por los derechos democráticos en Catalunya propiciando acuerdos entre patrones y trabajador@s. Los sectores económicos con intereses en el pulso de la Generalitat al gobierno central no pueden permitir que la autoorganización de l@s trabajador@s se dé pues eso podría acabar poniendo en tela de juicio las políticas sociales del propio govern.

Desde Izquierda Anticapitalista Revolucionaria IZAR consideramos que esta huelga general, así como la presión ejercida sobre los sectores afines a la Generalitat, es una muestra más de las enormes potencialidades que abre el proceso en Catalunya. El miedo a la autoorganización de l@s trabajador@s con una hoja de ruta propia y centrada en sus propias necesidades es algo que los que ahora dirigen el proceso en Catalunya no pueden permitirse.

La Generalitat quiere hablar solo de Rajoy, de la represión y de la soberanía en abstracto. Tienen el mismo miedo que el gobierno central y la monarquía a que se hable de los recortes en servicios públicos, de la deuda, de las reformas laborales, del aumento de los salarios y de tantas reivindicaciones que ponen en tela de juicio sus intereses económicos.

La tarea que tenemos por delante es la de unificar a la clase trabajadora, tanto de Catalunya como del conjunto del Estado español, poniendo en el centro el derecho a decidir hasta sus últimas consecuencias como un derecho democrático básico y la lucha contra la represión pero teniendo en cuenta que esta unidad se da en la práctica en la lucha por la mejora de los salarios, por el impago de la deuda, por la defensa de los servicios públicos y en tantas reivindicaciones que llevan desde el inicio de la crisis acumulándose en las calles y en los centros de estudio y de trabajo, no solo de Catalunya sino del conjunto del estado.

Los próximos días será clave ver si la movilización gana el pulso a las instituciones y la masiva huelga en Catalunya es puesta en valor por las organizaciones políticas y sindicales implantadas en el mundo del trabajo para recoger el testigo e impulsar de manera valiente una solidaridad de clase sostenida con las y los trabajadores catalanes que se enfrentan en primera persona con la violencia de un estado represor y capitalista.

Continuar la huelga general: por la autodeterminación y la defensa de las libertades, contra los capitalistas