Reproducimos a continuación el artículo sobre Garoña que salió en la revista de mayo y publicitamos el acto que tendrá lugar esta tarde.

La Central Nuclear de Santa María de Garoña, en Burgos, tiene ya 46 años de vida. Fue abierta en los años 70 y lleva 5 años parada. Muchos años estuvimos marchando regularmente hasta las puertas de la central exigiendo su cierre y abogando por un modelo energético alternativo, por lo que vivimos aquella parada como una victoria. El interés de sus propietarios,sin embargo, es alargar su (peligrosa) existencia casi 15 años más. Desde IZAR vemos intolerable que el lobby nuclear quiera seguir poniendo en peligro a la población para aumentar sus ya de por sí jugosos beneficios.photo_2017-04-28_18-42-18

Tal despropósito es intolerable y hemos de oponernos a ello. La energía nuclear es peligrosa, cara e innecesaria para las necesidades de producción de electricidad del estado español (menos de un 2% de la electricidad generada en el estado español provenía de Garoña).

Quienes consideramos que hace falta un cambio en el modelo productivo español con una orientación diferente al basado en el ladrillo y el turismo, hemos de señalar la necesidad de que ese nuevo modelo incorpore el respeto al medio ambiente como un eje transversal en las nuevas políticas económicas, y ahí la energía nuclear ha de ser sustituida lo antes posible por energías renovables a escala lo mas masiva posible, con una orientación audaz desde los poderes públicos. El estado español posee una condiciones geográficas envidiables si se apostara realmente por la energía solar, la eólica…lo único que le falta a este país es voluntad política, y la movilización de amplios sectores ciudadanos, sociales y políticos puede obligar a que se genere esa voluntad.

La energía nuclear es peligrosa a nivel general; desde sus inicios se ha revelado letal y su manejo plantea un peligro constante. Ya han sucedido grandes desgracias por su uso, y las zonas donde hubo accidentes o escapes han quedado completamente degradadas y siguen generando enfermedades por la exposición a la radioactividad.

El chantaje de los poderes entronca con las necesidades de trabajo de la población: cada vez que los/as ecologistas planteábamos la necesidad del cierre de la Central se nos hablaba de las perdidas de puestos de trabajo que habría; e incluso los sindicatos mayoritarios defendían la continuidad de la explotación; lo que supone una clara contradicción: el sindicalismo mayoritario no tiene un proyecto estratégico de país que no pase por la extracción/depredación de recursos y quema de combustibles fósiles, la energía nuclear, la construcción… y en general por la continuidad de unas políticas económicas que no plantean un cambio productivo y que a la larga solo conducirán a mas crisis económicas, a un aumento de la emisión de los gases de efecto invernadero, a continuar exprimiendo los recursos naturales y a seguir exponiéndonos al peligro nuclear en sus múltiples formas.

El Valle de Tobalina, donde se ubica a la Central, requiere, como llevamos décadas explicando, de un plan de inversiones públicas sostenido en el tiempo que plantee alternativas para las y los trabajadores y para la zona. La energía nuclear no puede seguir siendo la única opción de empleo en una zona tan amplia de nuestra provincia.

Desde IZAR nos hemos unido a otras organizaciones para construir una Coordinadora contra Garoña que se oponga frontalmente a que la Central Nuclear de Garoña reciba una nueva licencia de reapertura. La única opción razonable es el comienzo de su desmantelamiento inmediato y que, como planteábamos, tanto gobierno central como la Junta de Castilla y León trabajen en un plan ambicioso de revitalización económica de la zona que se base en nuevos modelos de crecimiento económico y en energías renovables y limpias.