Después de dos años construyendo Podemos desde la base, ha llegado el momento de poner punto y final y presentar la dimisión de nuestros respectivos cargos dentro de la formación. El motivo central que nos lleva a ello es considerar que Podemos no representa una alternativa para el cambio, no representa un proyecto de transformación social que busque una salida a la crisis favorable a lxs de abajo.

Cuando comenzamos en Podemos, escuchábamos a Pablo Iglesias en las tertulias planteando que no podíamos pagar una deuda que no nos correspondía, que los servicios públicos tenían que ser 100% públicos, que era necesario nacionalizar los sectores estratégicos de la economía, etc. A dos años de ello, todas estas reivindicaciones se han ido quedando atrás, no sólo no han estado presentes en el programa electoral para las elecciones del 20D, sino que la dirección de Podemos ha dibujado un camino que ya ha demostrado ser inútil para dar una solución favorable a las clases populares. No sólo el apoyo sin fisuras a la figura de Alexis Tsipras dibujaba ese camino de fracaso hacia la transformación social, pues como hemos visto no ha tardado ni dos segundos en plegarse a los dictados de la Troika y aplicar los recortes más salvajes contra la clase trabajadora; sino que, por si fuera poco, actualmente propone como “cambio” un gobierno de pacto con el PSOE, partido que se ha dedicado y se dedica a sostener el Régimen del 78 y a obedecer a la Troika en detrimento de lxs trabajadorxs.

Podemos era una página en blanco para construir algo nuevo, democrático, alejado del funcionamiento añejo de los partidos institucionales tradicionales. Pero en el curso de estos dos años, estas ilusiones se han ido disipando. El partido en el que se ha convertido Podemos no es ni de lejos el proyecto participativo, con el cambio social como fin en el que llevamos trabajando desde sus inicios. Se nos hablaba de la participación de lxs de abajo, de hacer política entre todxs y de que Podemos era completamente diferente a otros partidos porque contaba con los círculos que se suponía que eran plataformas para la autoorganización y el empoderamiento de la gente de abajo, la gente que día a día tenía que transformar su realidad. No obstante, mientras creíamos tal cosa, se redactaron y se aprobaron unos documentos en los que se despojaba a los círculos de la posibilidad de formar parte de las decisiones políticas de Podemos. El equipo de Pablo Iglesias se hizo —previo chantaje en el que éste dejó claro que si no se aprobaba lo que él decía, se iba— con el control de Podemos y acabó de un plumazo con los círculos. No sólo se aprobaron unos estatutos antidemocráticos, sino que además, a partir de la Asamblea de Vistalegre, los estatutos se han ido modificando sin consultar a las bases, a puerta cerrada, acabando con las pocas líneas avanzadas que definían al Partido morado y que ya fueron aprobadas en su día pero que ahora ya no son interesantes para la cúpula.

Podemos ha pasado de ser un partido que se vendía como rupturista ─decía querer romper con el régimen del 78─ a querer pactar con el PSOE y obviar algunas de las razones por las que muchxs salimos a las plazas aquel 15M. Con su decisión de querer conformar un pacto, Podemos da al traste con la idea de que PSOE y PP son lo mismo y se olvida de todas aquellas medidas que el PSOE adoptó en su día y con las que se nos arrebataban derechos, paradójicamente, a lxs obrerxs, a favor de las grandes empresas. Como el PP y el PSOE, Podemos se ha olvidado de lxs de abajo, las personas que estamos sufriendo la austeridad auspiciada por la troika, y ya no pone como eje fundamental de su programa político el no pago de una deuda que nosotrxs no hemos generado, así como la nacionalización de los sectores estratégicos bajo control social para evitar que la acumulación de la riqueza esté en manos de unos pocos. Podemos no sólo no rompe con los bancos, sino que se reúne con los mismos que coleccionan viviendas vacías y desahucian familias enteras sin recursos. La sanidad y la educación 100% públicas ya no son punto principal en el discurso cada vez más a la derecha de Podemos, y hasta se hace la concesión de una escuela y una sanidad concertada y/o privada, olvidando que ello acarrea la desigualdad social y la segregación contra la que cualquier partido de izquierdas real lucha.

El cambio iniciado en 2011 con el 15M no tiene, pues, su culmen el 20D, con los 69 diputados obtenidos por Podemos en las urnas. La hipótesis de que únicamente ocupando las instituciones es posible el cambio se ha demostrado errónea; el ejemplo más claro de ello ha sido la experiencia griega tratando de negociar con las instituciones europeas. Para la transformación social no vale con votar cada 4 años. La autoorganización y la movilización de lxs trabajadorxs es imprescindible para ello. Sin embargo, no ha habido en Podemos interés real por movilizar a la masa social, sino que se han utilizado a los círculos y a las bases como vía electoral, para llegar a las instituciones. En vez de darnos herramientas y acompañarnos y aconsejarnos mientras hacíamos verdadera política han preferido dejarnos de lado y tomar las decisiones entre unxs pocxs. Las voces críticas son enmudecidas, llegando a expulsar a compañerxs con procedimientos ilegales y cambios introducidos con calzador en los estatutos únicamente porque pueden representar una competencia sana frente al sector oficialista y porque, como dice Pablo Iglesias, «necesitan un partido disciplinado». Un partido formado por personas que llegan a lo más alto no por su excelencia moral, ni por su ética, ni por su compromiso social, ni por su experiencia, ni por su formación, ni por su inteligencia sino por enchufismo y amiguismo, al igual que en el resto de partidos. Personas que se aprovechan de las bases, utilizándolas de pegacarteles y apoderadxs sólo porque se creen todos los cuentos mesiánicos que, a través de los medios de comunicación, nos han vendido. Nos vendieron ilusión, autoorganización, participación y empoderamiento, nos vendieron ruptura con el Régimen del 78 y luego nos engañan con la misma cantinela: la única batalla que importa es la de las urnas.

Sin embargo, somos muchxs lxs que seguimos con la certeza de que es necesaria la autoorganización y la construcción de una alternativa desde abajo, de izquierdas, anticapitalista, ecologista, feminista y de clase. Porque sólo mediante la concienciación y movilización de las clases populares podremos dar la vuelta a un sistema injusto que genera pobreza para la mayoría e inmensa riqueza para unos pocos. Y si de algo tenemos constancia, después de estos años de militancia en Podemos, es que este partido no representa un instrumento de cambio ni fuera ni dentro de las instituciones. Nos vamos de Podemos pero no nos vamos a casa. Hoy más que nunca, muy lejos de que esta crisis, una de las más profundas del sistema capitalista, llegue a su fin, tenemos que construir una verdadera alternativa que se plantee acabar con este sistema. En este sentido, seguiremos luchando desde el frente político Andalucía Desde Abajo (ANDAMOS) y trabajando en la línea discutida en el encuentro estatal que tuvo lugar en Málaga en noviembre bajo el título de “No hay tiempo que perder”, y que volverá a celebrar un próximo encuentro estatal el día 2 de Abril en Madrid con el objetivo de empezar a sentar las bases de dicha alternativa capaz de enfrentar y hacer caer al sistema capitalista.

Rocío Segovia Herrera, Secretaria General de Podemos Algarrobo (Málaga)

Alba María Cortés Patiño, Consejera Ciudadana de Podemos Rincón de la Victoria (Málaga)

Jaime Ruiz Coin, Consejero Ciudadano de Podemos Rincón de la Victoria (Málaga)