El 20 de abril del 2020, a menos de 24 horas de deliberaciones, el jurado declaraba culpable a Derek Chauvin por los 3 cargos de asesinato y homicidio involuntario de los que se le acusaba por la muerte de George Floyd. La sentencia se llevará a cabo en 8 semanas.

Apenas unos minutos después de hacerse pública la sentencia, multitud de personas tomaron las calles de Minneapolis y otras ciudades para celebrarlo, gritando el nombre de George Floyd y palabras como “Justicia”. Una activista de Minneapolis dijo a la prensa: “Esta es nuestra primera victoria, pero es tan sólo el principio”. También dijo que ahora debían manifestarse en las calles exigiendo justicia para Daunte Wright. La pareja de George Floyd, Courteney Ross, quien testificó en el juicio, también coincidió en aseverar que la lucha por la justicia no debía acabar en este veredicto. “Sé que él dio su vida para que los casos de otras personas puedan ser reabiertos”, dijo a The New York Times a la salida del juzgado donde Chauvin fue condenado.

Este veredicto demuestra que el estado es muy capaz de sacrificar a uno de sus esbirros si está en juego la estabilidad de su estructura policial. La clase dominante aseverará que el veredicto es una prueba de que el sistema funciona, pero ¿para quién trabaja el sistema? La condena en el caso Chauvin es una excepción. Las fiscalías, el departamento de policía y los sindicatos policiales han hecho un gran esfuerzo durante años para asegurarse de poder matar y abusar de su poder con total impunidad.

La brutalidad policial

La condena de Chauvin es un resultado directo de la explosión social masiva en respuesta al asesinato de George Floyd el 25 de mayo de 2020. Durante el proceso han surgido numerosas noticias sobre asesinatos a manos de policías y más muestras de violencia que indicaban que el reinado del terror policial continuaba muy activo a lo largo de las comunidades de EEUU. Según The New York Times, desde el principio del juicio “al menos 64 personas han muerto a manos de las fuerzas del orden a lo largo de toda la nación, siendo negros o latinos más de la mitad.”

Entre las víctimas se encuentran:

-Daunte Wright, un hombre negro de 20 años, fue tiroteado el domingo 11 de abril por el oficial de policía Kim Potter en el suburbio de Brooklyn Center en Minneapolis. Potter, una veterana con 26 años en el cuerpo, oficial de formación y presidenta del sindicato local de policía, asegura haber disparado su arma por error en lugar del Taser. Wright fue asesinado durante un control de tráfico, y Potter le disparó cuando intentaba volver a entrar en su vehículo. La fiscalía acusó a Potter 3 días después por homicidio involuntario en segundo grado. El asesinato de Wright ha levantado nuevas protestas y el estado ha activado a la Guardia Nacional. Tanto la policía como la guardia han estado atacando a los y las manifestantes, así como entorpeciendo y acosando a la prensa.

-Adam Toledo, un niño latino de 13 años de Chicago, fue asesinado de un tiro a manos de un policía el 29 de marzo. Las imágenes de la cámara policial que mostraban el asesinato salieron a la luz después del asesinato de Daunte Wright en Minessota. El vídeo muestra que Adam había estado sujetando un arma, que luego la dejó caer y levantó las manos, tras lo que el agente de policía Eric Stillman le disparó. John Catanzara, presidente de la Fraternal Order of Police, ha justificado el asesinato afirmando que Adam Toledo era miembro de una banda. “Arrojó el arma”, dijo Adeena Weiss Ortiz, abogada de la familia Toledo, “Si llevaba un arma, la arrojó. El agente le dijo, “Enséñame las manos”. Él obedeció. Se dió la vuelta”. La revelación del vídeo de la cámara policial ha tenido como consecuencias más manifestaciones en la ciudad.
-Karen Garner, una mujer de 73 años con demencia y apenas 37 kilos de peso, fue arrojada al suelo por miembros de la policía de Loveland, Colorado, y atada de pies y manos hasta el punto de dislocarle un hombro, mientras no paraba de insistir en que quería volver a casa. Supuestamente, la mujer intentó salir sin pagar de un supermercado con productos por valor de 13´88 dólares que el personal del mismo le retiró antes de llamar a la policía. La cámara personal de los agentes muestra cómo tres de estos agresores de uniforme abusan de esta anciana, que evidentemente estaba confusa y desorientada. La abogada de Karen Garner ha presentado una demanda federal de un millón de dólares en respuesta.

¿Cuál es el papel de la policía en el sistema capitalista?

En el sistema capitalista, la policía existe para apuntalar el orden social mediante la violencia y la intimidación. La policía es esencial para el mantenimiento del sistema; a través de la represión de las luchas, focalizadas en la opresión de nacionalidades oprimidas, y abasteciendo de nuevas víctimas al complejo industrial carcelario. En este sentido, disfrutan de una amplia discrecionalidad y lo que es llamado “inmunidad cualificada” – un principio jurídico que garantiza la inmunidad a l@s funcionari@s públic@s frente a posibles demandas civiles, a menos que hayan infringido una ley “claramente establecida”.

Las fiscalías de distrito, que normalmente trabajan con la policía, a menudo rehúsan procesar miembros del cuerpo, excepto en contados casos en los que la presión pública es muy intensa. L@s fiscales de Philadelphia son conocid@s por colaborar con la policía a la hora de ocultar evidencias y coaccionar testigos. El abogado defensor “progresista” de Philadelphia, Krasner, ha promulgado una serie de reformas superficiales pero la realidad es que Krasner es parte del entramado legal. Hasta ahora, se niega a trabajar por la liberación del preso político Mumia Abu-Jamal. L@s trabajador@s y los pueblos oprimidos no podemos confiar en que la policía, los tribunales o los políticos capitalistas nos protejan.

Tanto la policía como el ejército son las fuerzas represivas dedicadas a la preservación del estado capitalista y a reforzar el poder y los privilegios de la clase dominante. La policía a menudo fraternaliza con la extrema derecha y las fuerzas fascistas, algunas veces incluso les forman. Justo esta semana pasada, el líder del grupo fascista Oath Keepers reveló que miembros activos del cuerpo de policías entrenan a los miembros del grupo.

La policía de EEUU tiene sus raíces en el desarrollo racista del capitalismo en ese país, desde la esclavitud a las leyes Jim Crow de segregación. En parte, los orígenes de la policía de EEUU se encuentran en las patrullas de esclavos encargadas de mantener a la gente de raza negra bajo control. A pesar de que muchos agentes tienen orígenes obreros, no son parte de la clase trabajadora. Al asumir el trabajo de oficial de policía, abandonan a la clase trabajadora y cruzan la línea hacia el lado de nuestra clase enemiga. Igualmente, sus sindicatos, que trabajan para proteger a los opresores de sus oprimid@s y explotad@s, no deberían tener lugar en el movimiento obrero. Los sindicatos de policías y guardias de prisiones son organizaciones reaccionarias opuestas a los intereses de los y las trabajadoras.
La militarización de la policía ha puesto de manifiesto el aumento de una seguridad nacional que espía a activistas e inculpa a musulmanes y activistas políticos. Cada aspecto de la vida cotidiana, desde llamadas telefónicas hasta emails son escrutados. Tras la movilización antirracista del año pasado, las legislaturas dominadas por republicanos han aprobado leyes anti movilización. Florida acaba de promulgar la que quizás sea el ejemplo más extremo de esta serie de leyes.

Desde el ataque al Congreso del día 6 de enero, la administración Biden y el grueso de demócratas del Congreso han expresado su apoyo a nuevas y más robustas leyes contra el terrorismo doméstico. Dichas leyes son una amenaza para los derechos democráticos y la libertad de expresión. Incluso las leyes que supuestamente se dirigen contra la amenaza de la extrema derecha serán más bien utilizadas contra la izquierda, la clase trabajadora y los movimientos sociales. Ahora mismo, hay unidades de la Guardia Nacional en Philadelphia y Minneapolis, en ambos casos desplegadas por gobernadores demócratas. Estas fuerzas militares no tienen cabida en nuestras ciudades, como tampoco la tienen en Irak o Afganistán.

El veredicto de culpabilidad no es suficiente ¡Avancemos en la lucha!

Las sentencias condenatorias dictadas no son suficientes. Es necesario redoblar nuestros esfuerzos en la lucha contra la policía racista. Ahora es el momento de hacer avanzar la lucha movilizando las fuerzas más amplias posibles para exigir justicia para las víctimas de la violencia y los asesinatos policiales. En todos los niveles de la sociedad, el grito de justicia debe ser escuchado. L@s trabajador@s, l@s estudiantes y las organizaciones comunitarias deben unirse para luchar contra la violencia estatal y las actuaciones racistas de la policía.

¡Sin justicia no hay paz! ¡Fin de la inmunidad calificada! ¡Cárcel para los policías asesinos!
¡Desfinanciar, disolver y desmantelar la policía! ¡No a los policías en nuestros sindicatos!
¡Fuera la Guardia Nacional de Minneapolis y Filadelfia!
¡Justicia para Daunte Wright y Adam Toledo!