lenin1. El desarrollo del capitalismo y del movimiento obrero en Rusia.

A finales del siglo XIX, Rusia era un país que conocía evoluciones contradictorias: si el campesinado, totalmente sometido a los propietarios territoriales nobles (la servidumbre solo fue abolida en 1861), seguía siendo mayoritario, una industria avanzada, que concentraba importantes batallones de obreros, se desarrollaba. Esa industria seguía siendo dependiente de los capitales extranjeros, lo cual explicaba la debilidad de la burguesía nacional. De ese modo, todos los niveles del desarrollo coexistían: la industria más concentrada al lado de una agricultura primitiva.

Políticamente hablando, el proletariado ruso no existía: no disponía de ninguna organización que defendiese sus intereses propios. El movimiento más importante de oposición al zarismo, que acabaría dejando una huella muy fuerte en la política rusa hasta 1917, era el de los « “populistas”, de los narodniki, los antepasados de los “socialistas revolucionarios”. Ese movimiento revolucionario, que buscaba poner fin a la autocracia zarista por medios terroristas, estaba compuesto de intelectuales y de estudiantes que se giraban mucho hacia el campesinado, principal fuerza social del país desde un punto de vista numérico.

Hubo que esperar hasta los años 1870, momento en el que la industria avanzada se desarrolló, para que surgieran los primeros círculos obreros. El primer círculo obrero se creó hacia 1875. En 1877 se fundó la primera organización que se reclamaba del marxismo: la Liga de los trabajadores de Rusia del norte, afincada en Petrogrado y dirigida por Georges Plekhanov. Ese grupo reunía a trabajadores y debatía sobre las ideas marxistas. En esa época, esos círculos eran muy pequeños, embrionarios, perseguidos por la policía zarista. Su principal actividad era por tanto propagandística. Sin embargo, llevaron una tarea teórica indispensable polemizando con el narodnismo.

Los narodniki negaban en efecto la posibilidad de un desarrollo capitalista en Rusia: para ellos, el socialismo podía desarrollarse en Rusia a partir del mir, es decir de la colectividad campesina. La consecuencia de esa teoría era que para ellos, la fuerza social dirigente de la revolución debía ser « el pueblo », a menudo identificado con el campesinado. Polemizando con ellos, Plekhanov, siguió rápidamente a Lenin el cual empezaba a militar con los marxistas, analizando el desarrollo de la industria avanzada en Rusia y el papel cada vez más importante del proletariado.

Esa polémica tuvo unas consecuencias prácticas importantes: mientras que los narodniki trataban de implantarse en primer lugar en el campesinado, sin marcar una verdadera frontera de clase entre explotadores y explotados, los marxistas rusas a cambio afirmaban que la clase obrera debía dirigir al campesinado. El bolchevique Grigori Zinoviev escribió en 1924: “En realidad, el conflicto que dividía a marxistas y narodniki […] se reducía a la cuestión del papel de la clase obrera en nuestro país. ¿Se iba a constituir un proletariado en Rusia y, si sí, cuál sería su papel en la revolución ? Ese era el punto fundamental de la discusión. […] lo que nos separaba esencialmente de los narodniki, era nuestra concepción del papel de la clase obrera” (Zinoviev, Historia del partido bolchevique).

2. Polémica con los “economicistas”

La evolución de las protestas en Rusia no tardó mucho en contradecir el argumentario de los narodniki. Entre los años 1880 y 1890, el número de huelgas aumentó rápidamente. Los marxistas entendían que era el momento de pasar de la acción de los círculos, esencialmente propagandísticos, a la agitación, y al trabajo entre las masas. La cuestión económica   tomó una importancia considerable, y por ejemplo, una de las primeras obras de Lenin fue dedicada a las multas que entonces padecían, por todo, los obreros de Petersburgo. Sin embargo, para algunos militantes, esa cuestión hizo que todas las demás cuestiones pasaran en un segundo plano. Los obreros, según estos militantes, sólo debían preocuparse por las cuestiones puramente económicas: todo lo demás no iba con ellos.

De ese modo, esos militantes, los “economistas” circunscribían la lucha de clases obrera a la lucha “económica”, al movimiento espontáneo de la resistencia a la explotación. Lenin se opuso a esa concepción errónea : eso sí subrayando que “el elemento espontáneo es la forma embrionaria de lo consciente”, desarrollando así la necesidad de la lucha elemental de resistencia a la explotación, consideró que el elemento subjetivo, la construcción de un partido revolucionario apoyándose sobre la teoría marxista, era un elemento indispensable. Opuso la  “política trade-unionista” (es decir la puramente sindical) a la “política social demócrata” (es decir la revolucionaria).

El aumento de las luchas obreras puso en movimiento a los estudiantes. Buscaban un apoyo en su oposición al régimen zarista y empezaban a girarse hacia los trabajadores. Para los « “economistas”, los obreros no tenían que mezclarse a esas cuestiones: sólo importaba la lucha para reformas económicas. Lenin, al contrario, insistía en apoyar a los estudiantes al considerarles aliados contra el zarismo y hacer de la clase obrera “la vanguardia del combate por la democracia”. Los social demócratas debían poner sobre la mesa un programa para el derrocamiento de la autocracia y por el socialismo, pero al mismo tiempo debían tender la mano a todas las formas de oposición al zarismo. Los “economistas” se burlaban de ese acercamiento con los estudiantes, sin dudar en hablar de Lenin como de un oportunista. En realidad, la política de los « economistas » conllevaba dejar el combate político contra la autocracia rusa bajo la tutela de la burguesía.

Según Lenin: “En realidad, un “aumento de la actividad de la masa obrera” sólo es posible si no nos acotamos a la “agitación política en el terreno económico”. Sin embargo, una de las condiciones esenciales de la extensión necesaria de la agitación política, pasa por organizar revelaciones políticas en todas las cuestiones. Sólo esas revelaciones pueden formar la consciencia política y suscitar la actividad revolucionaria de las masas. Es por ello que esa actividad es una de las funciones más importantes de la social democracia internacional entera, ya que la libertad política no suprime para nada las revelaciones sino que sólo modifica un poco su dirección. (…) La consciencia de la clase obrera no puede ser una consciencia política verdadera si los obreros no están acostumbrados en reaccionar contra todo abuso, toda manifestación arbitraria, de opresión, de violencia, sea cual sea las clases que las padecen, y en reaccionar precisamente desde un punto de vista social demócrata, y no desde otro punto de vista” (¿Qué hacer ?, 1902).

La política de Lenin, no pretendía en ningún caso disolverse en el movimiento estudiantil contra la autocracia. Al contrario, seguía afirmando el papel dirigente que tenía que desempeñar el proletariado en esa lucha. “Debemos asumir la organización de una amplia lucha política bajo la dirección de nuestro partido, con el fin de que todas las capas de oposición, sean cuales sean, puedan prestar y presten verdaderamente a esa lucha, así como a nuestro partido, toda la ayuda de la que sean capaces. Debemos formar a jefes políticos que sepan dirigir a todas las manifestaciones de esa lucha que tiene múltiples aspectos, sabiendo en el momento útil « dictar un programa de acción positivo » a los estudiantes en efervescencia , a los zemtsy descontentos, a los sectarios indignados, a los maestros dañados, etc, etc.” (¿Qué hacer?). Zinoviev describió de ese modo a los partidarios de Lenin, los futuros bolcheviques: “La política de los iskristes, adversarios del economicismo, no consistía para nada en dejar de lado las cuestiones de salarios, de la jornada laboral. (…) Pero en eso no se quedaban sus reivindicaciones. Querían que el obrero dirigiera el Estado, que se convirtieran en dueño. No hay cuestiones, decían, que no interesen a la clase obrera, la cuestión de la autocracia zarista, en particular, le toca directamente. Pero estamos, añadía, a favor de la hegemonía del proletariado, y no permitiremos que se mantenga a los obreros en la cloaca de las pequeñas reivindicaciones económicas”. (Historia del partido bolchevique). Se trataba aquí de la concepción marxista de las relaciones entre reforma y revolución: toda reforma es un punto de apoyo, pero el combate para conseguirla se inscribe en una lucha de conjunto para acabar con la explotación y la opresión.

3. La cuestión del periódico y del partido.

Esta divergencia sobre el lugar que ocupa el proletariado en la lucha política conllevó a divergencias muy prácticas de organización. En ¿Qué hacer?, Lenin se enfrentó a lo que él denominaba el “primitivismo”, “el espíritu del círculo”. Criticó y se burló de los revolucionarios de entonces que se felicitaban de la existencia de un círculo en tal ciudad, de dos círculos en tal otra. En su lugar, preconizaba un trabajo revolucionario a escala de todo el país. Partiendo de esa premisa, defendió la formación de un grupo de revolucionarios profesionales, es decir de gente cuya única ocupación iba a ser la de trabajar por la revolución.

A su vuelta del exilio en 1900, ya había estado trabajando en la publicación de un periódico panruso, el Iskra, cuyo objetivo era tratar de desarrollar la lucha política del proletariado. Lenin explicó así su razonamiento: “Debemos despertar en todas las capas del pueblo, por muy poco conscientes que sean, la pasión por las revoluciones políticas. Si las voces que se eleven para denunciar el régimen son políticamente tan débiles, tan raras y tan tímidas en la actualidad, no debemos conmovernos por ello. La causa no tiene que ver con la resignación generalizada debido al arbitrario policial. La causa tiene que ver con que la gente capaz de hacer revelaciones y dispuesta a hacerlas, no tienen tribunas para poder hacerlas, ningún auditorio que escuche con pasión y anime a los oradores. Ahora estamos en capacidad de poder crear una tribuna para denunciar al gobierno zarista frente al pueblo entero; y esa tribuna debe ser un periódico social demócrata. » (Lenin, ¿Por dónde empezar?).

En ¿Qué hacer?, desarrolló esa argumentación precisando: “Este auditorio ideal para las revelaciones políticas es precisamente la clase obrera, la cual necesita ante y por encima de todo conocimientos políticos extensos y vivos, y la cual es capaz de aprovecharse de esos conocimientos para iniciar una lucha activa, aunque tuviese para eso que dejar de prometer cualquier « resultado tangible”. Por tanto, una tribuna para esas revelaciones frente al pueblo entero, sólo puede ser un periódico que interese a toda Rusia. El Iskra no se limitó con predicar en sus columnas la creación de un verdadero partido revolucionario; un grupo especial (los iskristas) fue creado, en el cual entraron entre 100 y 150 revolucionarios, que pretendían llevar a cabo los objetivos desarrollados en el Iskra.

Entre 1901 y 1903, el Iskra extendió su influencia y consiguió éxitos políticos: consiguió conquistar comités obreros en numerosas ciudades, empezando por San Petersburgo, centro industrial más importante del país. Esa experiencia fue sintetizada en ¿Qué hacer? Lenin explicó que la tarea principal de los social demócratas era la construcción de un partido revolucionario, más allá del simple combate cotidiano contra la explotación capitalista: “Sería un grave error si, construyendo la organización del Partido, sólo contásemos sobre explosiones y luchas de calle, o sobre “la marcha progresiva de la lucha oscura, cotidiana”. Siempre debemos hacer nuestro trabajo cotidiano y siempre estar preparados para todo, ya que muy a menudo es casi imposible prever la alternancia entre los periodos explosivos y los periodos de calma ; y cuando es posible preverlos, no se puede sacar provecho para reorganizar la organización; ya que en un país autocrático, la situación cambia del día a la mañana (…) Por ello la actividad esencial de nuestro Partido, el centro de su actividad debe ser un trabajo que es posible y necesario tanto en los periodos en los que se dan las explosiones más violentas como en aquellos periodos de calma, es decir un trabajo de agitación política unificada para toda Rusia, que pondría en evidencia todos los aspectos de la vida y se dirigiría a las más grandes masas”.

4. La escisión entre bolcheviques y mencheviques.

Esas diferencias estratégicas cristalizaron durante el 2º congreso del partido obrero social demócrata de Rusia (POSDR), en 1903, con relación a una cuestión que en principio parecía un elemento menor.  Se trataba de saber quién podía ser considerado como miembro del partido. Según Lenin, sólo podían ser miembros del partido aquellos o aquellas que participaban a una de sus organizaciones, llevaban a cabo sus obligaciones, pagaban sus cuotas, mantenían la disciplina, etc.
Martov era partidario de una definición más cobarde. Para él, bastaba con decir que podían entrar en el partido todos aquellos que le aportaban su colaboración y trabajaban bajo su control, sin estar obligados para ello a entrar en las células y en las organizaciones. Esperaba de ese modo sumar a los estudiantes, a los profesores y a los pequeños funcionarios. Lenin se enfrentó enérgicamente a ese punto de vista. Según él, esa definición del miembro del partido amenazaba la noción del partido revolucionario. Declaró que los marxistas estaban dispuestos a utilizar el movimiento de los estudiantes y de los profesores, y de todos aquellos que buscaban luchar, en el terreno democrático, contra la autocracia rusa; pero volvió a afirmar que la clase dirigente era el proletariado y que su partido debía ser proletario.

Esas divergencias fundamentales aparecieron de manera más clara cuando el congreso trató la cuestión de las relaciones del partido con la burguesía liberal, que peleaba por reformas modestas en el marco del régimen zarista. Los mencheviques proponían caminar junto a los liberales, con la condición de que éstos se pronunciasen a favor del sufragio universal. Para ellos, esa condición debía permitir aliarse con los elementos “verdaderamente revolucionarios” de la burguesía.

Lénin y  Plejánov se enfrentaron fuertemente a esa propuesta, mostrando que no servía para nada. En 1903, tres fuerzas fundamentales existían: la autocracia zarista, la clase obrera y la burguesía liberal. Los bolcheviques explicaron que hacía falta enseñar a los obreros la desconfianza con respecto a la democracia burguesa y no sugerirles la idea ingenua que iba a ser posible, a cambio de algunas condiciones, entenderse con la burguesía liberal, que simplemente quería servirse de ellos en su lucha contra la autocracia. En una palabra: se trataba de afirmar el papel dirigente del proletariado en la Revolución rusa, en contra de la idea de borrarse detrás de la burguesía. Y para ello, la clase obrera debía contar con un partido revolucionario consecuente.

Finalmente, la posición de los bolcheviques triunfó y fueron mayoritarios en el congreso. Pero Martov y sus partidarios no aceptaron su derrota. El POSDR se escindió en dos grupos: los bolchevique (mayoritarios) y los mencheviques (minoritarios).

5. La revolución de 1905 : “la época revolucionaria suscitó nuevas tareas”.

Mientras que Rusia sufría una derrota militar mayor contra Japón, el final del año 1904 vivió la multiplicación de huelgas obreras. Muy rápidamente, esas manifestaciones tomaron un giro político, demostrando la inanidad de la argumentación de los « economicistas ». El 9 enero, el ejército zarista disparó contra los obreros que habían ido a llevar una petición que reclamaba al zar derechos políticos y sociales: el tiroteo causó 1000 muertos en el bando de los manifestantes. La reacción fue inmediata entre el proletariado: fue el principio de la Revolución de 1905. Es un hecho generalmente conocido que es durante esa revolución que nacieron los primeros “soviets”, consejos de deputados obreros. Trotsky jugó un papel importante en el soviet de San Petersburgo, transmitiendo una experiencia sin precedente a los militantes revolucionarios.

Menos conocido es el debate que tuvo entonces Lenin con los mencheviques “economicistas”, que controlaban entonces la nueva Iskra, pero ese debate fue de una importancia mayor para comprender la política que iban a llevar a cabo los bolcheviques en 1917. Los “economistas” seguían defendiendo la idea de que el proletariado debía limitarse a la lucha económica. Según ellos, los soviets sólo debían ser un instrumento para llevar a cabo esa lucha económica, pero en ningún caso un instrumento para disputar la dirección política de la revolución a la burguesía liberal.

En “Dos tácticas de la social democracia en la revolución democrática”, Lenin polemizó de manera virulenta contra esa orientación : explicó que no era posible que el POSDR se limitara a la simple lucha diaria ; debía al contrario fijar objetivos políticos a la lucha del proletariado :  “El hecho es que no sólo entre nosotros la gente no se deja llevar de un modo desmesurado por las tareas de la insurrección, por las consignas políticas generales, por la dirección de toda la revolución popular, sino que, al contrario, el atraso, precisamente en este sentido, salta a la vista, es el lado más vulnerable, representa un peligro real para el movimiento, el cual puede degenerar, y degenera en algunos sitios, de revolucionario de hecho en revolucionario de palabra. De los muchos centenares de organizaciones, grupos y círculos que realizan la labor del Partido, no encontraréis ni uno solo en el cual no se haya llevado a cabo desde su nacimiento esa labor cotidiana, de la que hablan los sabios de la nueva Iskra, dándose el tono de gentes que han descubierto una nueva verdad Y, por el contrario, encontraréis un tanto por ciento insignificante de grupos y círculos que tengan conciencia de las tareas de la insurrección armada, que hayan emprendido la realización de las mismas, que se den cuenta de la necesidad de dirigir toda la revolución popular contra el zarismo, de la necesidad de propugnar para ellos precisamente éstas y no otras consignas de vanguardia”.

Para él, “La época revolucionaria ha destacado nuevas tareas que sólo gentes completamente ciegas no ven. Y estas tareas unos socialdemócratas las aceptan decididamente y las ponen a la orden del día: la insurrección armada es inaplazable, preparaos para la misma inmediata y enérgicamente, acordaos de que es necesaria para la victoria decisiva, plantead las consignas de república, de gobierno provisional, de dictadura revolucionario-democrática del proletariado y de los campesinos”. Y de concluir: “El resultado político de este seguidismo es visible” (…) La resolución de toda una conferencia de los socialdemócratas “mencheviques” del Cáucaso y la aprobación de dicha resolución por la redacción de la nueva Iskra hace un resumen político inequívoco de todo esto: ¡lo esencial es que la burguesía no vuelva la espalda en caso de participación del proletariado en la dictadura revolucionario-democrática! Con esto está dicho todo. Con esto se consagra definitivamente la transformación del proletariado en apéndice de la burguesía monárquica.

¿Cuáles eran entonces los objetivos políticos que debía fijarse el proletariado? En noviembre de 1905, Lenin, entonces en el exilio fuera de Rusia, escribía: “Me parece el Soviet de los diputados obreros debe ser considerado como un embrión del gobierno revolucionario provisional. Pienso que el Soviet debe proclamarse lo antes posible gobierno revolucionario provisional del conjunto de Rusia o bien (lo que es lo mismo, pero bajo una forma diferente), debe crear un gobierno revolucionario provisional”. Vemos aquí, de manera embrionaria, todo lo que iba a ser la política de los bolcheviques durante la revolución de 1917: en base a la lucha del proletariado y de los instrumentos de los que se dota, dar a la lucha objetivos políticos con el fin de disputar el poder a la burguesía y a la aristocracia.

El hilo conductor de la política de los bolcheviques en Rusia, de la polémica contra los narodniki al calor de la experiencia de la Revolución de 1905, fue la construcción de un partido proletario independiente. Como lo escribió Zinoviev en 1924: “Hegemonía del proletariado, eso significa en la actualidad dictadura del proletariado arrastrando al campesinado tras de él, poder de los soviets. Poder para la clase obrera, es decir la deducción lógica de la idea de la hegemonía del proletariado. Esa consigna se ha ido elaborando durante años, a través de innumerables pruebas, a lo largo de una lucha encarnecida no sólo contra la autocracia y los cadetes, no sólo contra la burguesía y los narodniki, sino  también contra la derecha del marxismo legal, contra el economicismo, y por fin contra el propio menchevismo. Es por ello que la doctrina de la hegemonía del proletariado es el fondo mismo del bolchevismo, uno de los elementos esenciales de su estructura. Y todo comunista consciente debe meditar sobre ello, si quiere comprender la historia de nuestro partido” (Historia del partido bolchevique).