Diez años después de la crisis de las “subprime”, un nuevo episodio de crisis del capitalismo está ante nosotr@s. Para resolver el estallido de la burbuja financiera en 2009, un sinfín de despidos y reestructuraciones golpearon a l@s trabajador@s. Del mismo modo, con el pretexto del rigor presupuestario, los capitalistas patearon todos los servicios públicos existentes. Al mismo tiempo, los estados rescataron a los bancos con el dinero público que le habían robado a la mayoría de la población, dinero necesario para su educación, sanidad, su transporte, su correo o incluso su vivienda y energía.

En este mercado capitalista ultracompetitivo, mantener las tasas de ganancia es un desafío que sólo las nuevas reestructuraciones en el mundo del trabajo y los recortes en la protección social resolverán…desde el punto de vista de la patronal. Por otra parte, los conflictos armados continúan extendiéndose y la brutalidad se extiende ante nuestros ojos todos los días: kurd@s, palestin@s, yemeníes; niñ@s que mueren ahogad@s en el Mediterráneo, mujeres que son violadas y apedreadas y que sirven como instrumentos de chantaje …

Pero desde hace varios meses, la situación se ha vuelto explosiva: Francia con las persistentes marchas de los chalecos amarillos y múltiples huelgas dispersos, Hong Kong, Haití, Puerto Rico, Chile, Líbano, Irak, Argelia, Ecuador, Catalunya, Uruguay, Kurdistán, hasta EEUU con un regreso y aumento de las huelgas. Las manifestaciones callejeras pueden reunir hasta varios millones de personas e inmediatamente dar un carácter insurreccional a estas movilizaciones. Estos eventos tienen lugar casi al mismo tiempo y con características comunes muy marcadas, como el rechazo de las desigualdades sociales, a regímenes cada vez más autoritarios, aspiraciones o luchas democráticas frente a las violencias policiales y judiciales.

En este mundo capitalista, las áreas de gran riqueza se codean con la pobreza más extrema, y entre estos dos polos quienes pensaban que podían vivir de su trabajo se encuentran atrapad@s en la trampa del aumento del coste de la vida. Por tanto se desarrollan formas de revuelta que son bastante comparables de un lugar a otro, pero también con una determinación y un deseo de luchar a pesar de una feroz represión, a veces hasta la muerte, como es el caso de Chile.

La profundidad de las movilizaciones sin embargo no es idéntica en todas partes; estos incendios no prendieron su llama por las mismas razones: la privación de la democracia y la cuestión nacional en Catalunya tienen poco que ver con el aumento en el precio del billete de metro en Chile. Los contextos son diferentes entre, por un lado, países como Francia y Uruguay, y por otro, Líbano o Irak, que sufrieron la guerra durante gran parte del siglo XX y principios del siglo XXI. Pero en todas partes hay una negativa a seguir viviendo: es un deseo de justicia y dignidad lo que parece guiar las movilizaciones.

Organizarse para derrocar el capitalismo

Por supuesto, no existe una fórmula mágica para finalmente hacer desmoronarse el viejo edificio del capital. Pero es indispensable cuestionarse la situación actual, marcada por movilizaciones masivas y un clima explosivo, sin que haya por el momento importantes victorias políticas y sociales. ¿Cómo pueden l@s trabajador@s hacer oír e imponer su propia voz? ¿Cómo hacer que las manifestaciones, particularmente masivas en algunos países, se conviertan en un poderoso movimiento de huelga, con un bloqueo total de las economías?Porque será en ese momento realmente en el que la pregunta de quién controla y quién decide podrá plantearse. ¡Es una revolución lo que debería dar lugar a esta ira internacional! Es por eso que necesitamos organizarnos, construir un partido revolucionario, comunista e internacionalista, características ambas útiles en las luchas de hoy, y que trabaje por la perspectiva de un mundo sin explotación ni opresión.

Los y las que luchan hoy desde las 4 esquinas del mundo tienen toda nuestra solidaridad, pero también podemos hacer nuestra contribución al derribo de este sistema económico de explotación y miseria: cuanto más se debilite el capitalismo en sus cimientos, más será un estímulo para toda la clase trabajadora en todas las áreas en que hierve la rabia social. ¡Hagamos oír nuestra voz en este concierto de revueltas internacionales!