No queda más remedio que empezar a fusilar a 26 millones de hijos de puta”

El pasado mes de diciembre veía a la luz la noticia de que en un chats de militares en la reserva (pertenecientes a la XIX promoción de la Academia General del Aire) aparecían frases de alabanza al franquismo y de carácter golpista. En él mismo se podían ver cosas como “no queda más remedio que empezar a fusilar a 26 millones de hijos de puta”, “alguien tendrá que empezar a hacer algo (legal o ilegal) contra estos hijos de puta” o “Qué pena… no estar en activo para desviar un vuelo caliente de las Bárdenas a la casa sede de estos hijos de puta…”.

Esos mismos militares enviaron una carta al Parlamento Europeo (3 de noviembre) y otra al rey Felipe VI (10 de noviembre), expresando su “preocupación” por la situación actual y el papel del gobierno de coalición. Otra carta similar sería enviada el 25 de noviembre, firmada en este caso por 73 mandos pertenecientes a la XXIII promoción de la Academia General Militar.

Pensamos que estos hechos no hay ni que inflarlos ni relativizarlos, sino situarlos en lo que significan: en primer lugar, son un ejemplo más de una transición que dejó intactas las redes del franquismo, las cuales simplemente tuvieron que ponerse la vitola de la democracia; la segunda, que esas redes eran represivas, ya que estos militares formaron parte del ejército e incluso lo mandaron durante al menos la primera mitad de la democracia; la tercera, que en el ejército dominan ideas conservadoras, como muestran los datos más recientes.

Una democracia pactada con la dictadura

Ya hemos analizado qué fue y supuso la Transición española. Simplemente recordaremos que se trató de un pacto entre los dirigentes de la oposición y las élites del franquismo, y que uno de sus cimientos fue la imposición del silencio y del olvido. De esta forma, se aprovechó la ley de amnistía, exigida por aquell@s que lucharon contra la dictadura y sufrieron sus cárceles, para limpiar el pasado de los torturadores y asesinos del franquismo.

Consecuencia de este es que hace menos de un año moría Billy el niño sin que fuera apartado nunca de sus reconocimientos, salarios y honores; y también que no se ha sentado en el banquillo de los acusados a los que perpetraron el golpe del 36 o mantuvieron la dictadura en pie. Al contrario, jueces, policías y militares tuvieron una cómoda continuidad en la nueva normalidad impuesta a partir de 1978. Un dato esclarecedor: de los 16 jueces del Tribunal de Orden Público (TOP), 10 acabaron en la Audiencia Nacional y en el Tribunal Supremo.

El ejército, como uno de los símbolos y pilares del franquismo, también tuvo su continuidad en la democracia. Solamente pensar en el 23-F da idea del poder que el fascismo tenía aún en el ejército de la democracia. De hecho, los militares reprimidos fueron curiosamente aquellos que, a imagen de lo que ocurría en Portugal con los capitanes conformaron la UMD. Éstos no serían readmitidos en el ejército hasta 1987, y su aportación no sería reconocida hasta el año 2009. Mientras tanto, los servidores del dictador tuvieron un cómodo retiro, incluidos los golpistas de febrero.

Esta continuidad ha tenido consecuencias hasta la actualidad. Un estudio realizado a comienzos de los 2000 con encuestas a cadetes de las distintas academias mostraba que el porcentaje de extrema derecha en los mismos alcanzaba el 10% (hoy son capitanes o comandantes, es decir, siguen mandando en el ejército de la democracia). Ese mismo estudio, en una escala de 1 a 10 donde 5 es centro, 1 es extrema izquierda y 10 extrema derecha, situaba la ideología militar en torno a 6,3 (frente a 4,7 de la población en general). La de los mandos se situaba en 6,8, con poca presencia de izquierda y de extrema izquierda. Con una realidad política y social cambiada por la crisis del 2008, habría que saber dónde se situarían estos números ahora mismo.

Continúa la impunidad: extrema derecha y fuerzas armadas

Las frases de los citados chats o las cartas remitidas al rey no son hechos aislados. Podemos recordar otras manifestaciones del ejército como el ruido montado en torno a la aprobación del Estatut en 2007, la presencia de militares y altos mandos como parlamentarios de VOX o el más reciente video de la BRIPAC con los soldados entonando cantos de extrema derecha. Pero podemos ir más allá si observamos la influencia que, a pesar de la negación del Ministerio del Interior, tiene la extrema derecha entre las filas de los militares y de la Guardia Civil, cuerpo que aún hoy sigue militarizado.

De esta forma, tras las elecciones generales de abril de 2019 pudo comprobarse que allí donde había cuarteles, VOX sacaba mejores resultados que su media general, llegándose a un 41% de los votos en la base de El Goloso, al 37,8% en Rota o al 25% en Zaragoza (donde se encuentra la Academia General Militar). En el caso de la Guardia Civil, destaca el 37% obtenido en Madrid, nada más y nada menos que en la Dirección General de dicho cuerpo, o el alto porcentaje en algunos cuarteles de Cataluña, muy superior a la media dentro de ese contexto.

Por mucho que quieran hacer los distintos gobiernos para limpiar la imagen del ejército con la presencia de la UME en las calles, con el papel dentro de la pandemia de las Fuerzas Armadas…no debemos olvidar la influencia de la extrema derecha en la milicia española. Y mientras se dan estas manifestaciones, y al contrario que con el 1 de octubre, el rey todavía no ha salido a poner orden, a reprender a los militares bajo su mando (otra anomalía más eso del rey comandante) ni a defender al pueblo español frente a los garbanzos negros. Será porque no son garbanzos negros y porque el rey hace como Franco, no meterse en política. Lo único que quedará es un mensaje ambiguo, general y sin más el 24 de diciembre.