Una vuelta al trabajo que sólo se explica para mantener a salvo los beneficios de unos pocos

La “hibernación” económica decretada el pasado 29 de marzo no habrá durado más de 8 días laborables. Las presiones de la CEOE han conseguido que una vez más primen más los beneficios empresariales que la propia vida de l@s trabajador@s y que el riesgo a un aumento de los contagios. Una muestra más por parte de este “gobierno de izquierdas” de que ni Sánchez ni Iglesias están dispuestos a enfrentarse a los intereses de los poderosos aunque esto ponga en riesgo la salud y las vidas de miles de trabajador@s.

Las imágenes de este pasado lunes, en las paradas de metro y de autobuses, en las que podíamos ver a asalariad@s recibir mascarillas recordaba, y siguiendo con el símil bélico que tanto parece gustarle a Sánchez y a la oposición de las derechas, a soldados dirigiéndose al campo de batalla. Y mientras tanto, la patronal confinada en sus casas con sus familias y reuniéndose por videoconferencias. Una vez más y tal como ocurre en las guerras, mientras que los oficiales siguen las batallas desde la retaguardia, las clases populares son las que se enfrentan al peligro en tierra de nadie.

Frente a ese escenario, la posición de las direcciones de los sindicatos mayoritarios de CCOO y UGT ha sido una vez más de colaboración con el gobierno y de cesión a la patronal. Su posición se ha limitado en alertar que existen deficiencias en materia de seguridad y que aconsejan a los y las trabajadoras que denuncien a la inspección del trabajo si esto se diese en su centro de trabajo. Ninguna iniciativa que vaya más allá de eso y que pretenda, mediante las herramientas tradicionales de nuestra clase como puede ser la huelga tal y como ha hecho CGT en Airbus, presionar al gobierno PSOE-UP para que vuelva a decretar el parón total en los sectores no esenciales. No olvidemos que se estima que la vuelta al trabajo estaría afectando a 4,5 millones de trabajador@s. Cualquier repunte en el número de contagios y de muertes en unas semanas tendrá con toda claridad la marca de dicha decisión.

En Italia también primaron más los beneficios de una patronal insaciable y criminal que la vida de miles de trabajador@s

Desde que en el Estado Español empezara la pandemia, los medios de comunicación y las propias autoridades sanitarias no han dejado de decirnos que debíamos de fijarnos en Italia para tratar de anticipar lo que pudiera ir sucediendo aquí ya que el país vecino nos llevaba 15 día de adelanto. Sin embargo, esa ventaja de conocer de antemano las consecuencias de no cerrar el conjunto de la actividad de los sectores no esenciales no ha sido aprovechada por el gobierno del PSOE-UP. Al igual que el gobierno italiano, el de Sánchez también ha cedido a las presiones de la patronal a pesar de tener ya datos como el de la zona de Bérgamo donde el mantenimiento de la actividad y la apertura de las fábricas ha conllevado centenares de muertes que se podrían haber evitado, tal y como reconocen los médicos de cabecera de dicha localidad.

Y no es que nuestro gobierno no conozca dicho caso. El propio Pablo Iglesias se hacía eco de la noticia en su twitter personal. El problema no es el desconocimiento, es el mismo que hizo que el polo industrial de Bérgamo permaneciese abierto semanas y semanas provocando un aumento vertiginoso de contagios y de muertes mientras en el conjunto de Italia, el gobierno, decretaba el cierre de los sectores no esenciales. Y ese problema es la presión de la patronal que consistió en añadir a la lista de actividades que podían seguir funcionando muchas que no eran de primera necesidad como las de la industria de armas y municiones. Además, incluyeron una especie de cláusula que permitía, en la práctica, que cualquier empresa que declarase que era “funcional” para una actividad económica esencial pudiese permanecer abierta. Esto hizo que solo en un día, en Brescia, la otra provincia lombarda golpeada por el coronavirus, más de 600 empresas que no estaban en la lista de las esenciales iniciasen los trámites para poder continuar en funcionamiento.

Algo parecido pasó aquí con el decreto del 29 de marzo que instauraba, por un lado el cierre del conjunto de los sectores no esenciales pero, por otro, autorizaba en una cláusula a que aquellas empresas que se dedicaran a la exportación y la importación y que tuviesen contratos internacionales vigentes pudieran seguir con la producción como fue el caso de la multinacional almeriense Cosentino, encargada de hacer encimeras con miles de trabajador@s afectad@s. Aquí como en Italia, y por eso ayer se volvió al trabajo, prevalecen los beneficios de la patronal a las vidas del conjunto de los y las trabajadoras y de sus familias.

Definitivamente este virus no golpea a tod@s por igual

Este tipo de cesión a la patronal tiene unas consecuencias directas en la vidas de las clases populares. Los primeros informes dejan claro que la letalidad mantiene una relación directa como todos sabemos con con la vejez pero también con la pobreza. En efecto, las peores condiciones de vida y laborales juegan un papel central en el aumento de las posibilidades de contagio y de defunción debido a la mayor exposición al patógeno. Los estudios realizados en Madrid y Catalunya dejan claro que los barrios y las ciudades más golpeadas son las más humildes y que esto mantiene una relación directa con las viviendas o el tipo de empleo.

De hecho, las diferencias del nº de contagiad@s llega a ser hasta de 7 veces entre algunos barrios en Barcelona. Si miramos a nivel internacional, los datos de Estados Unidos también demuestran que el virus si que entiende clases: entre un 70-80% de las muertes por coronavirus son poblción negra (y por lo tanto humilde) en algunos estados y ciudades.Esto no debe sorprendernos: a nadie se le escapa que no tiene nada que ver pasar la cuarentena en 30 metros cuadrados o en una casa en las afueras. De la misma forma que no tiene nada que ver poder permanecer en casa trabajando o tener que seguir acudiendo mediante los transportes públicos al puesto de trabajo, en el que además las medidas de seguridad brillan por su ausencia. Y esto si no hablamos de los problemas derivados de las incertidumbres sobre ETES, ERES, que nuestros ingresos peligren o que no podamos pagar el alquiler. El cierre de todos los centros de trabajo no esenciales debe llevarse de nuevo, de manera inmediata y hasta que no desaparezcan los nuevos casos de contagios, asegurando ingresos a tod@s l@s trabajadores.

Sin embargo, sabemos que ni este gobierno va a llevar a cabo esta política ni las direcciones sindicales van a presionar para que esto se haga. Por tanto, de nosotr@s mism@s depende hacer valer el derecho a que cada trabajador/a pueda paralizar su actividad y abandonar el puesto de trabajo en el caso en el que su seguridad y su salud no esté garantizada basándose en la ley de prevención laboral y si fuese necesario haciendo uso de su derecho a huelga. Por ello, es importante establecer mecanismos de solidaridad tales como la creación de cajas de resistencias para apoyar a aquellas familias que dejen de percibir su salario por ejercer su derecho a la huelga. Esta orientación política y sindical debe ser construida por tod@s aquell@s que tienen claro que esta crisis no puede de nuevo soportarla la clase trabajadora y la juventud.

En ese sentido es imprescindible además de todo esto, preparar desde ahora las movilizaciones de mañana. Los ERTEs y despidos, los recortes de estos últimos años en los servicios públicos y su privatización, la precariedad en el empleo, el pago de la deuda, el límite del gasto social… todos esos elementos deben ser revertidos urgentemente. Tiene que pagar esta crisis los que más tienen. Desde Iizquierda Anticapitalista Revolucionaria ZAR hacemos un llamamiento a todas las organizaciones políticas, a todos los sectores sociales y sindicales que están en esas claves a sentarnos para conjuntamente establecer desde ya un programa de urgencia social para nuestra clase y una hoja de ruta movilizadora acorde con la situación de emergencia sanitaria en cuanto acabe el confinamiento.