El Gobierno de Pedro Sánchez sigue la senda del PP en venta de armamento

El pasado día 4 de septiembre, el ministerio de Defensa, con Margarita Robles a la cabeza, anunciaba que se habían iniciado los trámites para paralizar la venta a Arabia Saudí de 400 bombas de precisión láser del ejército español ya que éstas podrían ser utilizadas para bombardear Yemen. Para ello, se procedería a la devolución de los 9,2 millones de euros abonados por este material dejando así sin efecto el contrato firmado en el Estado Español y Arabia Saudí en enero de 2015 con el entonces Ministro del PP, Pedro Morenés.

La petición formal de compra por parte de Arabia Saudí se hizo al amparo de la resolución 2216 de Naciones Unidas que en ningún párrafo ampara la venta de armamento militar para usar en Yemen. El pasado 16 de agosto, el ministerio de Defensa afirmaba que iba a revisar la venta de armas todavía en trámite y “que pudieran implicar la utilización directa de este tipo de armamento contra población civil”, como ocurrió en el ataque contra un autobús con niños en Yemen a primeros del pasado mes de agosto. Para dato, según Amnistía Internacional, el Estado Español vendió a Arabia Saudí en 2017 unos 270 millones de euros en materia militar, cantidad que se eleva hasta algo más de 900 millones si se cuenta desde 2015, cuando estalló el conflicto en Yemen.

Sin embargo en apenas una semana, el gobierno de Pedro Sánchez culminó un giro de 180 grados respecto a Arabia Saudí y donde dije digo, digo diego. Así pues, el gobierno central acabaría retomando el compromiso de la venta de las 400 bombas poniendo fin a las amenazas del Gobierno de Riad de romper relaciones comerciales con el Estado Español lo cual ponía en peligro el contrato firmado con los Astilleros de Navantia en San Fernando (Cádiz) para la construcción de 5 corbetas por más de 1800 millones de euros.

A partir de ahí, el gobierno de Sánchez con Borrell y Celaá a la cabeza trataría por todos los medios de quitarle hierro al asunto afirmando incluso en el caso de la portavoz del gobierno que “las bombas son de alta precisión y no se van a equivocar matando yemenís” y en el caso del Ministro de AsuntosExteriores que las bombas láser son “un armamento de precisión” que “no produce efectos colaterales”.

La presión de Susana Díaz y de José María González “Kichi” para llevar a cabo la venta de las 400 bombas

Durante la semana posterior al anuncio de la Ministra de Defensa, tanto la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, y el alcalde de Cádiz, José María González “Kichi”, militante de PODEMOS y de Anticapitalistas, afirmaron que defendían la venta de las 400 bombas ya que esto “significa trabajo” para la Bahía de Cádiz. Tanto el PSOE Andaluz como PODEMOS Andalucía y en este caso Anticapitalistas Andalucía esgrimían los mismos argumentos: hay que conservar los acuerdos comerciales y la venta de bombas y de corbetas de guerra por mucho que éstas vayan a ser utilizadas para matar a yemenís mientras que esto suponga una carga de trabajo para los Astilleros públicos de Navantia.

En el caso del PSOE no parece sorprender mucho esa visión política. Sin embargo, la orientación de PODEMOS Andalucía con el alcalde “anticapitalista” a la cabeza sí extraña más. Aunque ya afirmara, con total crudeza, al ser entrevistado por Jordi Évole en el programa Salvados que no creía “que nadie que se oponga a contratos como el de Navantia y Arabia Saudí gane las elecciones en Cádiz” y que no se oponía al viaje de Felipe VI a Arabia Saudí “si es para traer las corbetas a Cádiz”, las nuevas declaraciones de “Kichi” siguen yendo en la misma dirección afirmando que entre la “paz” y el “pan”, elige el “pan”.

Todo un pragmatismo para un supuesto anticapitalista e internacionalista que decía cuando los atentados del Bataclán en París que había que romper relaciones comerciales con países que financian al Daesh como es el caso de Arabia Saudí, para acabar diciendo unos meses después, al defender el acuerdo de las 5 corbetas, que “actúo diferente porque hoy en día soy alcalde de esta ciudad. Y el objetivo y la responsabilidad de un alcalde es mirar por el interés de sus vecinos… de todos los ciudadanos de este planeta si me apuras… pero prioritariamente de sus vecinos. La construcción de barcos en la Bahía de Cádiz no va a solucionar el problema de la guerra. Nosotros si no hacemos los barcos, ¿se va a acabar la guerra de Yemen? Si no lo hacemos nosotros, esos barcos se van a hacer sí o sí. Esto no es pragmatismo, es agarrar el toro por los cuernos, es hablar de verdad, porque gobernar es esto”.

Según “Kichi”, gobernar es esto: elegir entre los 6 000 empleos para la Bahía de Cádiz o las 15000 víctimas civiles yemeníes provocadas por la guerra, más de 2400 niñ@s. Defender que no se puede escapar de ese dilema es vergonzoso para cualquier militante que se dice anticapitalista e internacionalista. Va en contra del abc de cualquier postura internacionalista que trata de construir marcos de solidaridad entre los pueblos y no de privilegiar unos a costa de otros. Así, es imposible pretender construir cualquier tipo de solidaridad de clase en Yemen, en Arabia Saudí, en el estado Español o en Cádiz.

Algunas movilizaciones obreras pueden ser reaccionarias

A los pocos días del anuncio de Margarita Robles, más de un millar de trabajadores del Astillero de Navantia de San Fernando cortaron el tráfico de la autovía A-4 para expresar su repulsa a que se suspendiera el encargo de las 5 corbetas e iniciaron, a propuesta del Comité de empresa y de su presidente Jesús Peralta (CCOO), un calendario de movilizaciones para exigir que se mantuviesen los acuerdos comerciales por parte del gobierno con Arabia Saudí.

Esa posición liderada por el Comité de empresa dirigido por CCOO y UGT es una muestra más de la descomposición política y sindical a la que están sometidas estas direcciones. Jesús Peralta llegó incluso a decir refiriéndose a las declaraciones de la Ministra de Defensa que: “no es de recibo que un contrato consolidado de buenas a primeras corra peligro ante unas declaraciones totalmente desafortunadas de una señora”. CCOO y UGT nos habían acostumbrado al corporativismo en sus movilizaciones. Pero en este caso es ya el no va más.

Han ofrecido como salida a la plantilla elegir entre la muerte de trabajador@s a miles y miles de kilómetros o el trabajo para la Bahía de Cádiz. Tiempo al tiempo para que esas mismas direcciones acaben respaldando posicionasen contra de los inmigrantes para preservar el trabajo de los vecinos autóctonos. Los mismos que ahora dicen defender los puestos de trabajo son los mismos que se opusieron el 13 de junio pasado a la gran huelga general del metal en la Bahía de Cádiz. Huelga que fue convocada por la Coordinadora de Profesionales del Metal y apoyada por la Confluencia sindical, y que además de denunciar la muerte en un accidente laboral de dos trabajadores de una empresa auxiliar y la falta de cumplimiento del convenio provincial (especialmente referente a la seguridad), reivindicaba más carga de trabajo.

Afortunadamente ni todos los sindicatos de la Bahía de Cádiz ni toda la plantilla de Navantia ha aceptado ese chantaje. Las secciones sindicales de Autonomía obrera y de CGT del Hospital “Puerta del Mar” manifestaron lo siguiente: “Rechazamos tajantemente tales movilizaciones por su gravísimo contenido insolidario y belicista” (…) “La lucha de l@s trabajador@s por sus derechos y por el empleo no puede emprenderse nunca a cualquier precio, (…) debe tener siempre como límites muy claros la obligación de que el objetivo de una lucha (…) no conlleve nunca el deterioro de los derechos laborales de otros trabajadores y, menos aún, menoscaben los derechos humanos de otros colectivos o pueblos. Todo lo que se salga de esa simple exigencia (…) no sólo no es una lucha obrera real, sino que constituye en el fondo una movilización reaccionaria y una expresión gravísima de insolidaridad e incoherencia que nada tienen que ver con las luchas históricas del movimiento obrero”.

En cuanto a l@s trabajador@s de Navantia de Ferrol y de Cádiz pertenecientes a la corriente Ganemos CCOO, declaran en un comunicado: “L@s trabajador@s del sector naval debemos luchar para defender todos los empleos, pero desde una posición de clase independiente, negándonos a convertirnos en los palmeros de las atrocidades que los gobiernos imperialistas y sus aliados cometen contra los pueblos del mundo.

A l@s trabajador@s se nos ha puesto una pistola en la cabeza para que apoyemos la política exterior del PP, que en esencia el PSOE continúa. En este caso, el armar a un régimen totalitario como el saudí para que perpetre un auténtico genocidio contra el pueblo yemení. Es más, está demostrado que parte de las armas que los saudíes adquieren van directamente a las organizaciones terroristas fundamentalistas.

La hipocresía del PP y de los dirigentes del PSOE no tiene límites. Por un lado, se “lamentan” de las masacres contra la población civil, condenan con lágrimas de cocodrilo los atentados terroristas y organizan actos de solidaridad con las víctimas. Por otro, contribuyen activamente a armar a regímenes dictatoriales genocidas que, a su vez, amparan y financian a los grupos terroristas internacionales más sangrientos. L@s trabajador@s de Navantia debemos rechazar con contundencia esta hipocresía y chantaje al que nos someten, y denunciarlo enérgicamente”.

¿Qué alternativa desde el sindicalismo combativo de clase y desde las organizaciones anticapitalistas e internacionalistas consecuentes?

Tal y como afirman l@s trabajador@s de Navantia de Ferrol y Cádiz agrupados en Ganemos CCOO: “El gobierno de Pedro Sánchez es el que tiene la responsabilidad de garantizar la carga de trabajo si los saudíes rescinden los contratos de las corbetas, con la aprobación inmediata de la segunda serie de los Buques de Acción Marítima para la factoría de San Fernando y del quinto petrolero para la de Puerto Real. Es el gobierno del PSOE, y sus aliados parlamentarios de Podemos, los que pueden movilizar los recursos para garantizar carga de trabajo digna y duradera a los astilleros.

Y que no nos vengan con el discurso de siempre de que no hay dinero. Aquí se han gastado, y se siguen gastando, cientos de miles de millones de euros en salvar bancos privados, en rescatar autopistas privadas, en exenciones fiscales, rebajas de la cuota patronal a la Seguridad Social y subvenciones a las empresas privadas; en una amnistía fiscal (que este gobierno mantiene) para los defraudadores millonarios, etc. Mientras, las empresas públicas, como Navantia, son sometidas a procesos de privatización, ya sea directa (venta) o indirecta (subcontratación).

L@s trabajador@s de Navantia tenemos que reivindicar una empresa pública con empleos dignos y un futuro a largo plazo, que pasa por la diversificación y por recuperar en serio la construcción naval civil mediante medidas como la modernización de las flotas mercantes (como se hace con los coches) o la construcción de una flota pública de buques que resuelvan la gravísima contaminación marina por plásticos o de buques de salvamento marítimo, para evitar la tragedia que miles de personas refugiadas están sufriendo en el Mediterráneo, tragedia que las bombas que se le venden a países como Arabia Saudí contribuyen a generar y agravar.

Luchemos por la carga de trabajo, pero acabando con el chantaje al que estamos sometidos. Queremos pan y también queremos paz. Esta es la posición que deberían defender las llamadas organizaciones del cambio y sus representantes, como “Kichi”, el alcalde de Cádiz. La resignación nunca nos ha solucionado ningún problema a los trabajadores. Optar por el “mal menor”, por el “realismo”, aunque eso suponga ponernos una soga al cuello y sembrar el camino de nuestra derrota y de los que vienen detrás, es la opción de quienes abandonaron la lucha.”

Hay ejemplos históricos en los que apoyarse a día de hoy

Son varios los ejemplos que han salido a la luz a raíz de lo sucedido en la Bahía de Cádiz. La movilización de parte de la plantilla de Navantia es fruto de su nivel de conciencia y por tanto de la orientación de las direcciones sindicales que dirigen el Comité de empresa y de las organizaciones políticas con influencia en la clase trabajadora. Lejos de ofrecer una alternativa que permita mediante la movilización reconstruir una conciencia de clase, dichas organizaciones se limitan a adaptarse al nivel de conciencia con la vista puesta en las elecciones. En definitiva se trata ya únicamente de gestionar la lógica de este sistema.

Sin embargo en julio de 1977, fueron otras las decisiones tomadas por l@s trabajador@s de la extinta Bazán, predecesora de Navantia, cuando un barco de la armada chilena solicitó ser reparado en el puerto de Cádiz. En ese momento, los trabajadores se opusieron. Tanto CCOO, UGT como USO llamaron a que no se arreglara el buque “Esmeralda”. Entre sus argumentos: “había sido una cámara de tortura empleada por el dictador Pinochet” y “en él muchos hombres y mujeres que lucharon por las libertades democráticas para su país (habían) sufrido torturas y muerte”. Esa posición fue apoyada por todos los partidos de la izquierda y se organizó incluso un acto de solidaridad con presencia de dirigentes exiliados del Partidos Socialista Chileno y de la Izquierda Revolucionaria de Chile. La situación económica también era dura en plena crisis del petróleo con una tasa de inflación superior al 40% anual en 1977.

Algo parecido sucedió unos años antes (1974) en Escocia. Tal y como cuenta el documental que está por estrenarse “Nae Pasaran”, varios trabajadores pusieron en riesgo su trabajo al negarse a reparar los motores de aviones de la Fuerza área chilena, los mismos que habían bombardeado a miles de kilómetros el palacio presidencial de La Moneda. Los trabajadores etiquetaron como “negro” las partes de los motores, lo que significaba que no serían tocadas en la línea de ensamblaje de la fábrica durante meses. Luego fueron sacados hasta que desaparecieron en 1978.