Entrevista a Rubén Quirante, compañero militante de Izquierda Anticapitalista Revolucionaria IZAR y sindicalista de USTEA Educación en Granada, sobre la situación política tras el acuerdo de gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos y la investidura de Pedro Sánchez, así como al propuesta de nuestra organización de un frente social ante las políticas antisociales vengan de donde vengan y la extrema derecha.

¿Cómo ves la situación política de cara a la investidura y qué crees que podemos esperar de un gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos?

Todo apunta a que pronto tendrá lugar la investidura de Pedro Sánchez con la abstención de ERC. Después de eso, vendrá la cuestión de los ministerios del próximo gobierno entre el PSOE-UP. Pero más allá de todo esto, a día de hoy, lo realmente importante es el preacuerdo de gobierno que han hecho público en noviembre dejando claro que toda la inversión social se enmarcaría dentro del equilibrio presupuestario exigido por Bruselas y que la cuestión catalana sólo tiene como posible encaje el marco de la actual Constitución española.

Pero más grave aún son las declaraciones de la formación morada que han dejado claro, primero en la carta de Pablo Iglesias a su militancia, que para entrar en el futuro gobierno tendrán que “ceder en muchas cosas” y que “se encontrarán con muchos límites y contradicciones”,y en segundo lugar, concretando esas concesiones, anunciando que renunciaban a la subida del IRPF para los ricos, al impuesto a la banca, a la derogación de las reformas laborales, al control de los alquileres o a la creación de una empresa pública de energía, por citar algunos ejemplos.

Si todo eso lo enmarcamos en el anuncio hecho por Bruselas de que el próximo ejecutivo va a tener que llevar a cabo un ajuste de 9600 millones de euros y de una próxima recesión económica, no parece descabellado pensar que este nuevo gobierno pueda llevar a cabo políticas antisociales. Veremos qué sale definitivamente del acuerdo de gobierno, pero lo que está claro es que éste tendrá que hacer anuncios de medidas que respondan a muchas de las demandas expresadas durante estos años de movilizaciones, pero que a su vez no asumirá enfrentarse de lleno con los intereses de los más ricos. De ahí que se pueda hablar por ejemplo de mejorar los servicios públicos pero no se hable nunca de eliminar el artículo 135 de la Constitución, de no pagar la deuda o de eliminar los conciertos educativos. De ahí que se vaya a hablar de derecho a la vivienda pero sin expropiársela a las entidades financieras o que se hable seguramente de aumentar las pensiones con respecto al IPC pero no de disminuir la edad de jubilación. Habrá que estar atentos.

Además, hay que insistir en que este gobierno va a estar dirigido por el PSOE. Y no hay que olvidar qué políticas económicas lleva a cabo cuando gobierna. No sólo lo que dice en un programa sino lo que al final hace: reformas laborales, pensionazos, rescate bancario, recortes, reformas constitucionales para obligar por ley el pago de la deuda en detrimento del gasto social y un largo etcétera. De la misma forma que sabemos qué hacen partidos como IU o Podemos cuando gobiernan en minoría con el PSOE: justificar las políticas antisociales. Lo hemos visto en Andalucía en 2012 o más recientemente en Castilla-La Mancha.

El problema de todo esto, no es sólo que discursivamente justifiquen políticas antisociales sino que en la práctica eso significa desmovilizar y apagar cualquier respuesta que se de desde la movilización a esas políticas. Las direcciones de las centrales sindicales también juegan, por desgracia, un papel importante en ese sentido. Entiendo que much@s trabajador@s se hayan sentido aliviad@s al ver los resultados el 10N, pero hay que ser claros desde ya. Ese alivio comprensible por no ver a las 3 derechas tener mayoría no debe dejar de hacernos ver que un gobierno PSOE-UP, aunque tenga gestos, acabará subordinándose a los intereses de los más ricos y a la estabilidad presupuestaria impuesta por Bruselas. El papel de quienes tenemos claro esto debe ser explicitarlo y proponer una alternativa. En ningún caso llevar el discurso de la política del mal menor o del posibilismo.

Si eso es así, y de no darse un periodo de movilización a nivel estatal en respuesta a esas políticas, ¿no es probable que la extrema derecha siga reforzándose a todos los niveles?

Está claro que de cumplirse este escenario y de no darse una respuesta en términos de movilización de masas a la izquierda de dicho gobierno, se abrirá un espacio para la extrema derecha aún más grande. Ese es uno de lo mayores riesgos a los que nos enfrentamos. De ahí que desde ya vayamos dejando claro que la mejor forma a medio plazo de enfrentarse a la extrema derecha pasa por organizar desde la izquierda una respuesta en la calle y más allá a las políticas antisociales gobierne quien gobierne.

O damos una alternativa por la izquierda a PSOE-UP y eso pasa inevitablemente por defender un programa de urgencia social que ponga sobre la mesa la cuestión de que sólo se puede cambiar nuestras vidas si asumimos que para ello hay que enfrentarse a los intereses de los ricos, o si no la alternativa la dará la extrema derecha poniendo sobre la mesa un discurso que enfrenta a l@s trabajador@s entre sí: mujeres y hombres, nativ@s y extranjer@s, etc. Hay que popularizar que es imposible aumentar los salarios, defender las pensiones, los servicios públicos o incluso el planeta si no nos enfrentamos al pago de la deuda, a los intereses de la patronal y de las empresas del Ibex 35 y que es urgente proponer otro tipo de sociedad en la que no todo gire en beneficio de una minoría.

Para ello, lo más urgente en estos momentos es reagrupar a tod@s aquell@s que resisten a diario en su centro de trabajo, en su barrio o en su centro de estudio ya que son los que pueden acabar visibilizando esa alternativa. Hace falta que todas las organizaciones sociales, políticas y sectores sindicales que defienden esa perspectiva tomemos nuestras responsabilidades y nos olvidemos por un momento de nuestras divergencias y aunamos fuerzas para intervenir conjuntamente en la lucha de clases y organicemos una respuesta gobierne quien gobierne mediante la creación de un frente social.

Hablas de reagrupar a l@s que luchan, de la necesidad de un frente social en la calle para enfrentarse a las políticas antisociales gobierne quien gobierne y como mejor forma para luchar contra la extrema derecha. Pero, ¿cómo se materializaría ese frente social?

Eso es una cosa sobre la que deberían de debatir todos esos sectores. Pero para eso sería necesario vernos alrededor de una mesa cuanto antes. Sólo eso, de ser un éxito, daría confianza a sectores que aun confiando a día de hoy en el futuro gobierno, están dispuestos a movilizarse si éste no lleva a cabo políticas que deroguen las reformas laborales, la LOMCE, la ley mordaza o el pensionazo. Desde nuestro punto de vista un frente social como el que pensamos debería empezar por proponer una hoja de ruta de movilizaciones con independencia de lo que hagan o digan las direcciones sindicales o la izquierda gubernamental. Esa hoja de ruta de movilizaciones debería tener como objetivo, partiendo de la convergencia de las luchas actuales, construir una movilización más amplia por un programa de urgencia social para nuestra clase.

Ese frente social no tiene nada que ver con una coalición de partidos. Somos conscientes de que la izquierda a la izquierda del futuro gobierno es plural, con sensibilidades y tradiciones políticas muy diferentes. Por tanto no sería realista ni sensato pensar que eso pudiese aparecer del día a la mañana. Sin embargo, sí pensamos que a pesar de esas divergencias podemos y debemos ponernos de acuerdo para resistir y construir junt@s as movilizaciones y las huelgas como mejor forma para enfrentarnos a cualquier política antisocial pero también como mejor forma para visibilizar un discurso alternativo que asuma el enfrentamiento con los intereses de los capitalistas y la necesidad de una sociedad que gire entorno a los intereses de l@s trabajador@s con o sin trabajo y de la juventud.

En ese sentido pensamos que es muy importante apostar por la convergencia de los sectores sindicales que defienden dicha perspectiva, sean del sindicato que sean, con el fin de hacer confluir nuestras asambleas de trabajador@s, nuestras huelgas y nuestras agendas de movilizaciones. Lo mismo a nivel estudiantil. A la vez que sería muy importante aunar fuerzas para defender conjuntamente, por ejemplo, en los centros de trabajo, de estudio y en los barrios un feminismo de clase o una lucha contra el cambio climático que sea incompatible con el capitalismo y que denuncie a las 100 empresas responsables del 71% de los gases contaminantes.

Vamos a encontrarnos en breve en plataformas unitarias, en movimientos sociales o en nuestros propios sindicatos con debates contradictorios en torno a qué hacer con respecto al nuevo gobierno PSOE-UP. Tod@s l@s que pensamos que hay que movilizarse gobierne quien gobierne tenemos que reagruparnos.

Por último, ¿qué iniciativas estáis llevando a cabo para abrir ese debate?

Varias cosas. Aquí en Andalucía hemos tenido ya reuniones con diferentes organizaciones de la izquierda anticapitalista, revolucionaria y soberanista así como con sectores sindicales. Por otro lado, en breve vamos a proponer tener debates públicos organizados por nuestras organización para reflexionar conjuntamente sobre estas cuestiones. Pero lo más importante es tener esos debates al calor de una práctica común en la lucha de clases. En ese sentido pensamos que hay que lanzar cuantas iniciativas sean posible en la calle. Esto facilitará sin duda el debate a la vez que lo concretará mucho.

Quizás acciones en solidaridad con la huelga general del 30 de enero en Euskal Herria pueda ser un primer paso, al igual que lo puede ser una intervención común durante la huelga del 8 de marzo. Hay que seguir dándole vueltas. Pero hay que dejar atrás esa idea, que durante muchos años ha vertebrado a las organizaciones de la extrema izquierda, que se basa en pensar que cada organización por sí sola acabará siendo la alternativa a la izquierda reformista limitándose a su autoconstrucción. No hay nada más falso.