Cuando pensamos en la precariedad laboral, solemos pensar en el empleo de la empresa privada y en muy pocas ocasiones caemos en que en el sector público la precariedad en el mundo del trabajo es un “valor” en auge. Y precisamente la otra cara de la moneda del “gran acuerdo” entre gobierno, CCOO, UGT y CSIF (sacar a oposición una gran cantidad de las mal llamadas “plazas de nueva creación”), es la precariedad del empleo de los y las interinas del sector público.  Las oposiciones de los próximos 5 años tienen por finalidad reducir la actual tasa de interinidad de la Administración Pública, cuya media estatal se sitúa en torno al 30%. Esto responde a una llamada de atención de la UE, para la cual dicha tasa de interinidad no podría exceder de un 8%. El problema radica en que esas supuestas plazas de “nueva creación” en realidad ya existen desde hace años y están siendo ocupadas por personal interino que año tras año desempeña puestos estructurales de la Administración Pública.

Este problema no es nuevo. En otros momentos el sector público o parte de él tuvo grandes tasas de interinidad, lo que generó procesos en los que se sacaron a oposición un gran número de esas plazas de nueva creación. ¿Qué ha cambiado entonces? Lo que ha cambiado es que en esos momentos los sindicatos de trabajador@s lograron una de estas dos cosas o ambas: planes de estabilidad para garantizar el trabajo del personal interino que quedaba en bolsa y/o procesos de concurso/oposición donde se favorecía al aspirante que tenía tiempo de servicio en el puesto, es decir, las llamadas oposiciones transitorias, por medio de las cuales muchos interinos e interinas lograron la categoría de “funcionari@s”, que no es ni más ni menos que el nombre que se le da al trabajador fijo en esta empresa llamada administración pública. En este momento lo que ha cambiado es que gran cantidad de plazas de interin@s saldrán a oposición y ni habrá plan de estabilidad ni transitoria. ¿Entonces? ¿Qué pasará con l@s actuales?

En el caso de la educación pública andaluza el resultado de lo que podrá pasar con los docentes interinos está muy claro. O existe una gran oferta de plazas de reposición (las plazas de los funcionarios que se jubilan) o estamos ante un ERE que podrá llegar a afectar a cerca de un 10% de la actual plantilla, esto es a unos 2.000 de l@s actuales interin@s. Sin embargo, este dato no tiene en cuenta la actual pérdida de unidades de la escuela pública como consecuencia de la bajada de natalidad y del mantenimiento de las unidades de la escuela privada-concertada (es decir, la bajada de natalidad cabalga exclusivamente a lomos de la escuela pública).

Quiere decir que el interino que no supere la oposición, podrá estar en estas tres situaciones: seguir siendo llamado aunque empeore destino, no ser llamado de nuevo y formar parte del ERE o ser llamado de nuevo hasta que la supresión de las unidades de la escuela pública como consecuencia de la reducción de la natalidad recorra por completo las etapas de primaria y secundaria, momento en que podrá dejar de ser llamado. Es decir que las cifras iniciales del ERE podrían estar infravaloradas.

La inestabilidad laboral del personal interino no tiene precedentes en la empresa privada. Es una excepción de la Administración Pública. Cualquier trabajador que desempeña un mismo trabajo durante varios años puede estabilizar su puesto de trabajo demostrando que es estructural. La figura del interino se podría entender para realizar sustituciones, pero es inaudito que un 20% de la actual plantilla de funcionamiento de los centros docentes en Andalucía esté ocupada por trabajadores en precario que no tienen ninguna certeza respecto a su futuro laboral. Es preciso garantizar el trabajo de los y las interinas que ya han demostrado de sobra que pueden realizar la función que llevan ejerciendo durante años. Las actuales oposiciones se presentan como un proceso de cambio de unos trabajadores por otros. Pero los y las trabajadoras no somos de usar y tirar. No hay ningún secreto respecto a la fórmula para estabilizar a esta parte de las plantillas porque ya se ha hecho en otras ocasiones: transitoria y plan de estabilidad.

El pasado 9 de febrero CGT convocó en Andalucía en el sector de la educación una huelga en contra del ERE que supondrá el actual proceso de oposiciones. Muy pocos sectores han enfrentado un ERE de un porcentaje significativo de su plantilla sin plantarle cara a la patronal con la herramienta de la huelga  y el sector de la educación no puede ser una excepción. Hay que aprovechar esta primera huelga para construir un proceso más amplio de movilización que obligue al gobierno y a las comunidades a desistir de sus intentos de despedir a parte de la plantilla.

Pero la huelga no es sólo para interinos, de lo contrario fracasará. Estos deben ir a la huelga para defender sus empleos. Pero los y las funcionarias deben solidarizarse y defender los puestos de trabajo de sus compañeros interinos. Porque sólo de esta manera lograremos la unidad suficiente que nos haga más fuertes en la siguiente pelea. El hecho de que en este momento no se haya logrado nada respecto a la estabilización de la plantilla más vulnerable, habla del momento histórico que vivimos. Sin embargo es la huelga y la construcción de la misma por abajo la que puede abrir procesos que arrastren los consensos sociales hacia la izquierda y que nos puedan situar a los y las trabajadoras en situaciones más favorables.