Una estrategia errónea para imponer el derecho de autodeterminación

La represión llevada a cabo por el gobierno de Rajoy mediante la aprobación del artículo 155 con el apoyo de C’s y del PSOE y mediante el encarcelamiento de parte del govern ha puesto de manifiesto que la estrategia llevada a cabo por el bloque soberanista ha sido errónea para hacer efectivo el derecho de autodeterminación. En efecto, uno de los principales balances que podemos hacer a día de hoy es que la vía de la “desobediencia institucional” que consiste en ir votando y aplicando leyes en el Parlament para hacer efectivo la desconexión de Catalunya con el estado español votada en el referéndum del pasado 1 de octubre es totalmente insuficiente ya que no permite organizar al pueblo catalán ni prepararlo a los ataques del estado y del nacionalismo español.

Es sorprendente en ese sentido cómo pesos pesados de ERC y del PDeCAT han afirmado en recientes declaraciones no haberse imaginado ni un instante que el estado iba a responder con tanta vehemencia. Como si a día de hoy fuese posible concebir la independencia de Catalunya o simplemente el derecho de autodeterminación del pueblo catalán sin que el estado español reaccionase usando toda la fuerza disponible. Eso es del todo imposible. Por ello la propuesta de referéndum pactado es del todo irreal. En ningún caso el PP, C’s ni el PSOE van a pactar con las fuerzas independentistas catalanas ningún referéndum que ponga en entredicho la Unidad de España ni van a permitir sin rechistar que el Parlament de Catalunya vaya votando leyes que haga efectiva su independencia.

La única forma de que el pueblo catalán pueda decidir su futuro y pueda independizarse si así lo decidiera la mayoría pasa por construir una correlación de fuerzas que obligue a los partidos del régimen a tener que aceptar que la independencia se haga efectiva o que el derecho de autodeterminación pueda ejercerse mediante un referéndum vinculante aunque a día de hoy no esté recogido en la Constitución del 78. Ejemplos como los de Canadá, Escocia o Irlanda muestran que existen vías para reconocer el derecho de autodeterminación de un pueblo aunque no venga recogido legalmente.

El problema es que durante todos estos años no se ha preparado ni una estrategia para el enfrentamiento con el estado ni al pueblo catalán a este escenario. Eso explica que a día de hoy esa correlación de fuerzas no sea aún suficiente en Catalunya y muchísimo menos en el conjunto del estado español. Esto último es en parte debido al papel nefasto de las organizaciones de izquierdas tanto políticas como sindicales que lejos de apoyar hasta las últimas consecuencias el derecho de autodeterminación del pueblo catalán organizando la solidaridad en el conjunto del estado español movilizando a la clase trabajadora y a la juventud han sido cómplices de un discurso reaccionario amparado en los márgenes de la supuesta legalidad impuesta por el régimen del 78 para negar el derecho a decidir del pueblo catalán. De la equidistancia de PODEMOS entre el artículo 155 y la DUI hasta la desmovilización llevada a cabo por CCOO y UGT en las huelgas convocadas por sindicatos independentistas pasando por las declaraciones de Alberto Garzón negando la condición de presos políticos para los miembros del govern encarcelados y afirmando que es normal que “Puigdemont no pudiera salir de rositas porque es el gran responsable de lo que está sucediendo”.

Las elecciones del 21 de diciembre no son la vía para imponer el derecho de autodeterminación

La convocatoria de elecciones en Catalunya por parte del gobierno de Rajoy ha logrado desplazar, una vez más, la calle hacia el debate institucional y por tanto hacia la desmovilización. Los programas electorales de ERC y del PDeCAT hacen autocrítica a la DUI y apuestan por no marcarse plazos y por explorar otras vías que no supongan un enfrentamiento directo con el estado. El propio Puigdemont, desde Bruselas, afirmaba hace unos días que “otra solución que no sea la independencia es posible”.

Esa orientación conduce de nuevo al pueblo catalán que defiende al derecho de autodeterminación a un callejón sin salida ya que por mucho que ganen las elecciones los mismos que estuvieron al frente del anterior govern, no hay ninguna voluntad de ir construyendo mediante la movilización sostenida una correlación de fuerzas capaz de imponer el derecho a decidir desde la calle. Al contrario. Parece más bien que estén buscando nuevos encajes que permitan negociar no se sabe muy bien qué con el estado español.

Las organizaciones independentistas y anticapitalistas que están convencidas, como la CUP, de la necesidad de la movilización para imponer el derecho de autodeterminación deberían denunciar los límites de la vía institucional y reforzar los marcos de autoorganización de los y las catalanas como única forma de poder construir una República catalana de y para los y las trabajadoras. De esta manera, la orientación que hubiese ido en el sentido de seguir construyendo la movilización poniendo en movimiento al bando soberanista habría sido el boicot activo a las elecciones del 21 de diciembre.

Un reciente sondeo de Metroscopia apuntaba que el 43% de l@s catalan@s estaban en contra de que se celebrase unas elecciones el próximo 21 de diciembre. Partiendo de ese dato, en lugar de estar participando en unas elecciones impuestas por el gobierno central de Rajoy, se debería de estar preparando al pueblo catalán al boicot activo mediante la convocatoria por ejemplo de una huelga general ese día y mediante el compromiso de hacer piquetes y de no constituir mesas electorales con el fin de impedir que se celebren esas elecciones ilegítimas.

Esa orientación habría seguido poniendo en movimiento a todos y todas las que llevan semanas movilizándose a la vez que evitaría crear falsas ilusiones sobre una salida institucional a la crisis catalana. Sin embargo que nadie se llame a engaño, la única forma de imponer ese derecho democrático es mediante una movilización de masas sostenida en el tiempo dentro de Catalunya y por un apoyo consecuente en el resto del estado español de la clase trabajadora y de la juventud. A eso es a lo que hay que preparar al pueblo catalán desde ya y esa debe ser la tarea de aquellas organizaciones que verdaderamente defienden la consecución de dichos derechos dentro y fuera de Catalunya.

Organizar desde ya el post 21 de noviembre dentro y fuera de Catalunya para imponer el derecho de autodeterminación del pueblo catalán y una República de l@s  trabajador@s

La única vía posible para hacer efectivo el derecho de autodeterminación del pueblo catalán así como una República catalana de los y las trabajadoras es mediante la movilización y la huelga. En Catalunya hay que seguir movilizando por el derecho a decidir pero también sobre el tipo de República catalana que queremos. Para eso hay que ligar la movilización por este derecho democrático a medidas de urgencia como el no pago de la deuda, la defensa de los servicios públicos, la escala móvil de los salarios de acuerdo al coste de la vida, la prohibición de los despidos, la nacionalización de los bancos bajo control de los y las trabajadoras…Esa es la única vía para que el conjunto de la clase trabajadora de Catalunya tenga un verdadero interés en defender una República catalana frente a la represión del estado español.

Del mismo modo, sólo se puede de forma consecuente construir un movimiento de solidaridad con el derecho a decidir de Catalunya si se liga dicho movimiento de solidaridad a la defensa y a la lucha por medidas de urgencia para el conjunto de la clase trabajadora. Es justo políticamente que los y las trabajadoras del estado español nos opongamos a cualquier opresión hacia cualquier pueblo. Sin ese principio básico no es posible pretender la emancipación de nuestro bando social en el estado español. Pero aún es más justo movilizarnos para arrancar medidas de urgencia que hagan pagar el coste de la crisis a los capitalistas.

Ambas luchas en Catalunya podrían desembocar en el conjunto del Estado Español un movimiento de solidaridad con el pueblo catalán pero también para que se impongan en el conjunto del estado esas mismas medidas de urgencia. Se trata en definitiva partiendo de la fuerte movilización por los derechos democráticos en Catalunya, extender dicha movilización a cuestiones sociales con el fin de unificar a la clase trabajadora dentro y fuera de Catalunya y así debilitar al régimen del 78 y al gobierno de Rajoy.

Para ello, es importante que las organizaciones políticas y sindicales que ha estado convocando las huelgas en Catalunya no se limiten a exigir la liberación de los presos políticos sino que también integren esas medidas de urgencia e interpelen de ese modo al conjunto de las fuerzas políticas y sindicales del Estado Español a también movilizarse por la consecución de éstas aprovechando la brecha abierta por el movimiento pro derecho a decidir en Catalunya. Las Marchas de la dignidad deberían de jugar ese papel de intermediario después del 21 de noviembre.