Pedro Sánchez se convirtió por primera vez en presidente por una moción de censura a la corrupción de Rajoy el pasado mayo y es el primero también que en sus 100 días en Moncloa con un gobierno del PSOE tiene en su haber más rectificaciones, renuncias y dimisiones de ministros que cualquier otro antes. El saldo es escandaloso, y aunque no es novedad que cuando los socialistas entran en el gobierno por la puerta su “socialdemocracia de campaña” sale por la ventana, estamos ante un gobierno débil que ha dejado intactas las políticas económicas del PP.

La peor semana del gabinete no ha conseguido que el debate sobre la exhumación de Franco tapara el caos: ha estado marcada no solo por la dimisión de Carmen Montón, la única ministra que ha legislado en lo concreto al recuperar la sanidad universal para l@s inmigrantes (pero no aboliendo el copago sanitario), sino también por las características que acabamos de mencionar. Las acusaciones de plagio al propio presidente han puesto en entredicho la imagen de adalid de la regeneración con la que se presentó el PSOE.

El Aquarius y la exhumación de Franco no tapan el “cambio” continuista

Si Zapatero hizo popular su talante vacío de contenido de “cambio”, Sánchez es un perfecto encantador de serpientes con la palabra diálogo, como si una mayor comunicación parlamentaria repercutiera en los bolsillos y la lista de la compra de las y los trabajadores, que en estos 3 meses sólo ha ofrecido políticas con mucho ornato a golpe de bombo y platillo y fuegos artificiales discursivos que han quedado en humo. Desde la política migratoria, la de memoria histórica y hasta la no-política económica, todo es un globo pinchado nada más inflarse.

La ministra Montero vio pronto en su primera votación derrotada la senda de déficit para el periodo 2019-21, adelanto de unos presupuestos que se prevén mínimamente expansivos codo a codo con Podemos, que era calcada a las precedentes a la vez que la portavoz de economía Calviño tranquilizaba a Bruselas. Nada queda del famoso impuesto a la banca (cuyos 6 grandes grupos bancarios suman ya 24.778,3 millones de euros en 2017, lo que supone un 17,8% más que al inicio de la crisis) tras la visita del Ibex 35 a Moncloa, 8 meses después de decir que ésta “tenía que rescatar parte de las pensiones” y ahora intercambiado por uno a las transacciones financieras de dudoso alcance. No es casual el aprobado que ha dado la patronal a estos 100 días.

De la derogación de la reforma laboral mejor ni hablamos. Era la primera medida junto a la abolición de la Ley mordaza que iba a adoptar el PSOE en el poder y la primera arrojada por la borda en boca de la ministra. De las pocas migajas que iba a vender como cambios a las direcciones sindicales de CCOO y UGT de esta máquina picadora de trabajador@s estaba acabar con la caducidad al año de los convenios, posibilidad que el Tribunal Supremo acaba de tumbar. El ministerio de Trabajo también recula un día y titubea otro ante la vinculación de éstas al IPC, exigencia de la movilización lunes tras lunes de la marea pensionista. Sin las y los jubilados en las calle otro gallo cantaría y  a día de hoy ese debate ni existiría en el seno de dicho gobierno.

La acogida del Aquarius y el largo verano decidiendo qué tipo de exhumación del dictador y salida al Valle de los Caídos, con el consecuente envalentonamiento de la ultraderecha en los directos de televisión, no tapan 3 meses bailando al son del mantra de la regeneración y el diálogo, por mucho que las derechas se hayan echado al monte, si se deportan 116 inmigrantes en 24 horas a Marruecos porque “no es aceptable el riesgo que corren nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad”, como dijo Carmen Calvo, y se mantienen las concertinas mientras se estudia una alternativa.

Si el gobierno ha logrado dinamitar el falso bagaje humanitario que se atribuyó con la acogida de inmigrantes abandonados por Salvini ha sido con las 400 bombas láser protagonistas la última semana de una venta nunca suspendida a la teocracia saudita. Finalmente, con las mediaciones de Susana Díaz y el alcalde gaditano Kichi a favor del empleo en Cádiz, se han priorizado las relaciones económicas con Arabia Saudí porque éstas “no producen efectos colaterales en el sentido de que da en el blanco que se quiere con una precisión extraordinaria”, en palabras de Borrell.

Ninguna confianza en el gobierno: unifiquemos las luchas de quienes no se resignan

No han hecho falta ni 100 días para que quienes tenían algún halo de esperanza en el “¡Sí se puede!” que coreaban los diputados de Unidos Podemos en la investidura se hayan convencido. Ni cuestiones democráticas como la derogación de la intacta Ley mordaza o la concesión del indulto a l@s pres@s polític@s encarcelad@s durante las movilizaciones durante Rajoy o de los sindicalistas de CNT Jorge y Pablo están sobre la mesa. Tampoco la negación del derecho a decidir del pueblo de Catalunya se borra a un año del 1-O con la propuesta de una consulta sobre el autogobierno.

Frente a la complacencia de una mesa de ministr@s que ha cambiado de caras pero no de políticas está la realidad de una clase que en 10 años de crisis oficial tiene sueldos en caída constante y paro de larga duración, una juventud que sólo encuentra contratos por horas y días y mayores que no tienen nada que perder cuando salen a la calle malviviendo con pensiones paupérrimas similares a las pagas de sus niet@s. El 31 de agosto fue el de más despidos en una década, se avecina un otoño con la la factura de la luz más cara de la historia, los desahucios si se paran no es por los mal llamados gobiernos del cambio y hay un lento goteo de EREs y ERTEs, como los de la plantilla de Vestas en León o IVECO en Madrid.

A un gobierno que pide tiempo y más de 84 diputados para acometer esos cambios, un Unidos Podemos apéndice y absoluto contemporizador con el PSOE y unas derechas echadas al monte en la escalada ultra que sacude Europa, necesitamos que las resistencias que existen, las huelgas y conflictos como el del metro de Granada ahora, las kellys de Lanzarote este agosto o los docentes interinos, l@s pensionistas y el movimiento feminista en primavera se pongan a la cabeza de un ciclo de movilización para imponer un programa de urgencia para los y las trabajadoras y eso a pesar de las direcciones de los sindicatos mayoritarios que juegan al despiste y a la desmovilización. Los próximos días 24 (a nivel local) y día 27 de octubre tenemos una oportunidad a nivel estatal de responder al gobierno Sánchez y de decir alto y claro que a más políticas continuistas, mayor movilización. No lo desaprovechemos.