Las imágenes del asesinato de George Floyd han sido el detonador de las movilizaciones masivas a escala internacional. Como durante el movimiento por los derechos civiles y del Black Power, es el carácter particularmente repugnante del racismo en los EEUU, al igual que la situación de l@s negr@s american@s como componente clave de la clase obrera de la primera potencia mundial, lo que ha dado de nuevo un carácter universal a la lucha de l@s negr@s american@s.

Esclavitud, capitalismo y racismo

L@s negr@s deportad@s hacia el Nuevo mundo como esclav@s han jugado un papel esencial en el desarrollo económico de las nuevas colonias de las Américas y en los Caribes, pero también de las potencias del Viejo Mundo. La esclavitud ha jugado un papel central en la formación del mercado mundial y de la industria moderna, en particular en la industria del textil en Gran Bretaña.

Durante la mayor parte del siglo XVII, la mano de obra que trabajaba en América del Norte era principalmente europea: eran l@s “trabajador@s no abonad@s”, ligad@s mediante contratos de entre 5 y 7 años. A partir de 1680 más o menos, la importación de mano de obra africana se hizo menos costosa que la de l@s “trabajador@s no abonad@s”. El racismo apareció precisamente durante ese periodo, para justificar una esclavitud masiva, la cual jugaría un rol central en la formación de lo que luego se convertiría en potencia capitalista de primer orden: de 1640 a 1800, 4 millones de esclav@s fueron deportad@s hasta el suelo de América del Norte, y durante el siglo XIX, entre 10 a 15 millones.

No es el racismo el que dio nacimiento a la esclavitud, sino lo contrario. Evidentemente, las sociedades más antiguas habían desarrollado formas de prejuicios en contra de l@s extranjer@s (xenofobia), pero en ningún caso una justificación sistemática de la inferioridad de las poblaciones debido a algunas características que les fuesen propias. Por ejemplo, si “l@s Indi@s” nativos de América del Norte trazaban una frontera clara entre los miembros de la tribu y “l@s extranjer@s”, adoptaron a miles de europeos que se había reunido con ell@s. Ningún caso, a la inversa, fue nunca censado. El prejuicio en contra de las poblaciones exteriores estaba muy presente por parte de los autóctonos de América, pero no tenía ninguna connotación racial.

Las sociedades precapitalistas no necesitaban justificar las desigualdades, presentadas como naturales. Las revoluciones burguesas, como la Guerra de Independencia americana de 1776, fueron llevadas a cabo en nombre de la afirmación del principio de igualdad entre todos. El racismo vino a proporcionar una justificación a la deshumanización de l@s esclav@s deportad@s de África en una sociedad que debía estar compuesta por ciudadanos iguales.

La guerra de Secesión y la “Reconstrucción radical”

El algodón estaba producido por el Sur dónde vivían más de 90% de l@s negr@s, pero la parte más importante de los beneficios recaían en los capitalistas del Norte, debido a su control de las actividades del transporte, de almacenamiento y a la transformación industrial de las materias primas de los productos del Sur. La burguesía del Norte estaba en competencia con la burguesía británica, a la cual los plantadores del Sur estaban ligados. Ese conflicto y no la voluntad por emancipar a l@s esclav@s es el que está en el origen de la guerra civil o Guerra de Secesión.

De 1861 a 1865, esta guerra provocó 600 000 muert@s, de 30 millones de habitantes. Abraham Lincoln no fue elegido en 1860 en base a un programa abolicionista. Estaba opuesto a una expansión de la esclavitud hacia el Oeste, y su elección amenazaba la correlación de fuerzas existente. 11 estados del sur llevaron a cabo una secesión en respuesta a su elección. La guerra tenía como objetivo preservar la Unión, no la abolición de la esclavitud. En 1863, aún con el desenlace indeciso, Lincoln hizo bascular la relación de fuerzas aboliendo la esclavitud en los estados secesionsitas, minando así la economía del Sur. 200 000 esclav@s se unieron al ejército de la Unión, otros 300 000 se dirigieron al Norte en lo que W. E. B. Du Bois denominó la “huelga general de l@s esclav@s”. La abolición se convirtió en un arma en manos del Norte, y así es como la guerra, iniciada en contra de la Secesión, cogió un giro revolucionario y se transformó en una lucha por la emancipación.

Pero una nueva guerra (de casi 30 años) empezaba, para saber cuál iba a ser a partir de ahora la condición de 4 millones de negr@s que eran ya oficialmente libres. Se abrió entonces un periodo intenso de lucha de clases: la “Reconstrucción”. El ala radical del Partido republicano tomó momentáneamente el ascendente y, apoyándose en la ocupación militar del Sur por medio de las tropas nordistas, impuso medidas como la privación del derecho a voto de 100 000 personas que habían rechazado firmar un pacto de lealtad hacía la Unión. L@s negr@s conquistaron el derecho a voto y fueron elegidos por decenas en los parlamentos locales; varios estados del Sur desarrollaron programas de educación pública gratuita abierta a l@s negr@s. L@s negr@s se organizaron al lado de l@s blanc@s pobres del Sur, por ejemplo en uniones de aparceros y trabajador@s agrícolas.

Los políticos burgueses del Norte no veían con buenos ojos esa alianza entre pobres. Retiraron el ejército del Sur en 1876 y dejaron a l@s negr@s abandonad@s a su suerte frente al terror blanco del Ku Klux Klan. Al cabo de una lucha encarnecida, la segregación volvió a estar de actualidad: unos “códigos negros” formalizaban la inferioridad legal de l@s negr@s al paso del siglo XIX al siglo XX.

Antiracismo obrero minoritario y emergencia de un nacionalismo negro de masas.

Entre los años 1880 y 1920, fue el sindicalismo a la vez pro capitalista y racista del American Federation of Labor el que dominó el movimiento obrero americano. La dirección del AFL se marcó como objetivo exclusivo organizar a l@s trabajador@s cualificad@s, excluyendo de facto a la gran mayoría de las mujeres, de los inmigrantes y de l@s negr@s. Una mayoría de los sindicatos del AFL rechazaron sindicar a negr@s, y cuando los sindicaron, fue en organizaciones separadas de l@s trabajador@s blanc@s y dándoles un estatus inferior.

Varias fuerzas en el interior y al exterior del AFL combatieron esa orientación. Los Caballeros del Trabajo fueron fundados en los años 1880 como una organización que buscaba reagrupar a tod@s l@s trabajador@s de una misma industria en el seno de un misma sindicato. Esos «Knights of Labor» no dudaron por ejemplo durante su congreso de 1886 celebrado en Richmond, antigua capital del Sur secesionista, en exigir y al final conseguir que todos los delegados negros fuesen acogidos junto a sus camaradas en los hoteles y los teatros.

Los Industrial Workers of the World retomaron a partir de 1905 la bandera del sindicalismo industrial dándole una componente anticapitalista y libertaria: con la idea de que sería mediante el reagrupamiento de los y las trabajadoras en un mismo sindicato y mediante la huelga general que el capitalismo podría ser abatido. Mediante su política voluntarista, los IWW reagruparon a 100 000 miembros negros de un total de 1 millón de miembros en su mejor momento, al principio de los años 1910. Rechazando firmar el más mínimo contrato con los patrones, los IWW no consiguieron estabilizarse y fueron destrozados por la represión que acompañó la Primera Guerra mundial.

Una organización acabaría jugando un papel de pasarela entre las épocas en materia de antiracsimo obrero: La United Mine Workers of America, el sindicato de l@s minero@s. Fundado en 1890, contaba con 20000 miembros negros entre sus filas. Llevó a cabo luchas por unos salarios iguales entre negr@s y blanc@s. Realizó campañas de inscripción de obrer@s negr@s en las listas electorales, organizó numerosas reuniones y actividades culturales mixtas, inclusive en el Sur dónde éstas eran ilegales, y se opuso de manera militante al KKK. Numerosos fueron los responsables o vicepresidentes de secciones negras. Los liberados negros tenían salarios idénticos a los de sus camaradas blancos.

Durante varias décadas, l@s miner@s negr@s estuvieron claramente a la vanguardia de todos los combates en su sector, como por ejemplo durante la marcha armada de miles de mineros sobre Blair Mountain en 1921, el mayor enfrentamiento armado en suelo americano desde la guerra de Secesión.

La UMWA no estaba exenta de toda forma de racismo: l@s negr@s estaban por ejemplo infrarrepresentad@s en la dirección nacional del sindicato. Pero durante varias décadas, fue un ejemplo de batalla tenaz en contra del racismo.

Esa tradición antirracista y de lucha de clases fue minoritaria fruto del aplastamiento del auge obrero posterior a la Primera Guerra mundial, destrozado por una represión particularmente brutal y acompañada de pogroms racistas ultraviolentos en Chicago, Tulsa y muchas otras ciudades. Al estar el movimiento obrero mayoritariamente gangrenado por el supremacismo blanco, la voluntad de resistencia de l@s negr@s frente a esa oleada racista alimentó el crecimiento de la primera organización nacionalista negra de masas: la Asociación Universal de Desarrollo Negro (UNIA), fundada por el jamaicano Marcus Garvey. Éste explicaba a l@s negr@s que debían estar orgullosos de su color, que Dios era negro y que l@s blanc@s eran demonios. Militaba por la unión de los 400 millones de negr@s de África, de los Caribes y de América, para que “regresen” a África. La organización de Garvey reagrupaba a decenas de miembros y tenía a millones de simpatizantes. Garvey era un defensor del capitalismo, y no ponía en tela de juicio la segregación. Pero su organización expresó la aspiración a la lucha de millones de negr@s. En 1925, fue detenido, encarcelado durante 2 años y expulsado a Jamaica. Su organización fue entonces muy debilitada.

Años 1930 y 1940: el movimiento obrero muestra que puede utilizar su fuerza para sacudir al racismo.

El Partido comunista americano de los años 30 llevó una política antirracista ejemplar en muchos aspectos. La Internacional Comunista presionó a l@s comunistas american@s, en un principio poco sensibles con ese tema: luchar en contra del racismo era la condición sine qua non para la revolución socialista en EEUU, y por tanto en el mundo. Fue en el momento en el que se inició la crisis de 1929 que el PC acabó por dotarse de una orientación muy ofensiva en relación con la cuestión negra: se le dió como directriz a los militantes de “saltarle al cuello a los racistas”.

El partido se implicó con fuerza en las luchas de l@s parad@s y se hizo una reputación inclusive en los barrios obreros negros de Chicago, en Harlem, pero también en Birmingham en Alabama. Fue la campaña de los Scottsboro Boys la que le permitió abrirse un verdadero camino: en 1931, 8 jóvenes negros de Alabama fueron perseguidos por la violación de dos blancas, crimen que no habían cometido, y fueron condenados a muerte después de un juicio que solo duró un día; el PC llevó a cabo una campaña internacional y obtuvo la absolución de una parte de ellos, demostrando a las masas negras que un partido obrero podía arriesgarse y echar el resto para defender su causa.

El PC americano defendió a principios de los años 1930 una política de lucha de masas en contra del racismo, y la unidad Negros-Blancos. Se enfrentó sin descanso a los lideres burgueses y pequeño burgueses negros. Dio por primera vez voz a los proletarios negros, inclusive a las mujeres proletarias negras, juntos a sus hermanas y hermanas de clase. Con la política de los “Frentes populares”, y aún más con la Segunda Guerra mundial, el PC totalmente estalinizado buscó la alianza con la “burguesía progresista”, que se conformaba totalmente con el racismo. Dándole definitivamente la espalada a una política revolucionaria, el PC fue incapaz de llevar a cabo la lucha antiracista de manera consecuente y perdió el apoyo con el que contaba por parte de lo¡@s negr@s.

El CIO (Congress of Industrial Organizations), que nació a partir de mediados de los años 30, construyó en ruptura con el AFL organizaciones sindicales inicialmente muy combativas: una parte de las direcciones sindicales entendieron que si no organizaban a l@s trabajador@s, en particular a los no cualificad@s, que empezaban a movilizarse frente al impacto devastador de la crisis, éstos acabarían por organizarse de manera independiente a ell@s, inclusive mediante medios revolucionarios si eso fuese necesario.

John Lewis, dirigente del sindicato de los mineros, decidió ofrecer todas las fuerzas de su organización, con su tradición antirracista, al servicio de la construcción de un movimiento obrero que reagrupaba a todos y todas, trabajador@s cualificad@s y no cualificad@s, negr@s y blanc@s, mujeres, inmigrantes. Se unió incluso con los militantes comunistas, socialistas y troskistas para llevar a cabo una lucha decidida en contra de los patrones, que no admitían la existencia de sindicatos en sus bastiones del automóvil, de la siderurgia o del neumático. En 1936-37, hubo una oleado de huelgas con ocupaciones, que se transformaron en algunas ocasiones en batallas contra la policía e incluso en contra del ejército.

La lógica de un sindicalismo industrial frente a una patronal intransigente abrió la vía para una batalla de clases que, en numerosas regiones y sectores, tomó el tinte de una “cruzada antirracista”, ausente hoy de los libros de historia. En las regiones de la siderurgia, la campaña de afiliación de 1936-1937 conllevó, 20 años antes del movimiento por los derechos civiles, la desegregación de los restaurantes, cines y piscinas. En el sector del automóvil, que desempeñó un papel clave, la huelga en Ford sólo pudo ganarse en 1941, frente a un jefe que disponía a un ejército privado de 3000 miembros, gracias a una intensa campaña entre la comunidad negra, campaña que evitó el intento deliberado de transformar la huelga en enfrentamiento racial.

Frente al inicio de la guerra, la dirección del CIO eligió rápidamente volver a la política de colaboración de clases. Pero en varias federaciones sindicales del CIO, las tradiciones combativas antirracistas se mantuvieron durante la guerra e incluso después: por ejemplo, la FTA (Food, Tobacco and Agricultural Workers) fue una organización compuesta muy mayoritariamente por negr@s, exclusivamente en el Sur, dirigida desde principios de 1937 por militantes comunistas. En esos bastiones de Menphis y Winston-Salem, llevó a cabo como la UMWA campañas de inscripción en listas electorales, de oposición a los linchamientos, actividades culturales y deportivas implicando a miles de trabajador@s, pero también una política voluntarista de formación de cuadros mujeres: numerosas mujeres negras como Moranda Smith ocupaban puestos de dirección, inclusive más allá de la simple escala local. El United Packinghouse Workers of America, sindicato de los mataderos, desarrolló una política muy ofensiva, en particular en la región de Chicago, defendiendo por ejemplo la contratación de un porcentaje de obrer@s negr@s equivalente a la proporción de negr@s en Chicago.

Esa página de la historia del movimiento obrero americano ha sido casi por completo borrada después de la expulsión de casi toda la militancia socialista, comunista y revolucionaria del movimiento obrero organizado, en el contexto del macartismo.

La “caza de brujas” no se cebó exclusivamente, ni incluso principalmente, con el mundo del cine y de la cultura, sino sobretodo con el movimiento obrero: se exigía la firma de un juramento de anticomunismo a los militantes, y en caso de rechazo, siempre era la expulsión y a menudo la pérdida del puesto de trabajo… Las purgas fueron masivas en 1949-1950, sindicatos enteros fueron destruidos, y el movimiento obrero americano no se repuso jamás de esa operación de extirpación de los militantes radicales de su seno.

La parte oculta del movimiento por los derechos civiles: la ofensiva de la clase obrera negra

Durante la Segunda Guerra mundial, 3 milllones de negr@s fueron movilizad@s, de los cuales 500000 fueron mandad@s a ultramar. Después de haber combatido por la supuesta “libertad”, inclusive en países en los cuales l@s negr@s podían mezclarse con l@s blanc@s, al regresar a su casa se arriesgaban a seguir siendo linchad@s. Frente a las protestas, las instituciones federales tomaron algunas medidas, que fueron papel mojado. Las resistencias contra la opresión racial que se habían expresado durante los años 1930 y 1940 se transformaron en 1955 en una lucha de largo alcance que acabaría durando cerca de 20 años.

Fue el horrible linchamiento de un joven adolescente negro, Emett Till, seguido de la absolución de sus asesinos después de 67 minutos de deliberación, que estuvo en el origen del movimiento por los derechos civiles: 50000 personas asistieron a su funeral. El boicot de los autobuses municipales de Montgomery implicó la participación durante 381 días de 50000 negr@s de la ciudad. Y a pesar de la explosión de 4 bombas y de centenares de detenciones, la lucha llevada a cabo por el joven pastor Martin Luther King conllevó la prohibición de la segregación en los transportes municipales por parte del Tribunal supremo. El boicot de Montgomery no significaba el principio de una lucha, ya que ésta ya había empezado mucho antes. Fue la prueba de que era posible ganar, lo cual dio impulso a lo que después se llamaría el “movimiento de los derechos civiles”.

Hasta mediados de los años 60, esas movilizaciones tomaron formas pacíficas: boicot de autobuses o de tiendas, manifestaciones de masas. El 28 de agosto de 1963, 250000 personas estuvieron en Washington para protestar en contra de la segregación. Fueron necesarios años de lucha, entre 1963 y 1965, para que la segregación institucional acabara por ceder.

La revolución anticolonial en los países dominados, en particular en Cuba, ejerció una influencia sobre la movilización. La idea que venía a decir que era legítimo defenderse, inclusive con las armas en la mano, fue reforzándose, con un militante como Robert Williams o con los Deacons for Defense and Justice, una verdadera milicia obrera negra en pleno Sur de los EEUU, fundada en 1964 para proteger a los militantes de los derechos civiles.

La principal fuerza militante negra, en aquella época, era la Nation of Islam: su periódico semanal sacaba 500000 ejemplares a principios de los años 1960. Reclutaba entre l@s negr@s más pobres, en particular en el norte del país. Formó su propia milicia, los Frutos del Islam. Una de sus principales figuras de los musulmanes negros era Malcolm X. Hijo de un predicador discípulo de Garvey asesinado por el KKK, antiguo delincuente, acabó politizándose en la cárcel. Se convirtió en uno de los dirigente de la Nation of Islam y denunció la no violencia como algo cobarde e ineficaz.

Su voluntad de enfrentamiento con el gobierno le llevó a romper con la Nation of Islam. A diferencia de Martin Luther King, Malcolm X no buscaba ni un compromiso con el Estado, ni una integración de l@s negr@s. Malcolm X fue asesinado en 1965, en un momento en el que estaba en plena evolución política. Después de un peregrinaje a La Meca, explicó que todos l@s blanc@s no eran “diablos”, y empezó incluso a reclamarse del socialismo. Veía que el nacionalismo negro estaba en una especie de camino sin salida y buscaba otras salidas. Estaba dispuesto a ir hasta el final, lo cual explica que haya marcado a toda una generación.

El Black Power frente al poder capitalista

Cuando Malcolm X fue asesinado, la revuelta en los guetos de las grandes ciudades estalló. La mitad de l@s negr@s vivían entonces en el Norte. Formaban una sexta parte de la población de Nueva York, un cuarto de la de Chicago, un tercio de la de Detroit. Entre 1964 y 1967, las ciudades de Los Angeles, New York, Cleveland y Detroit fueron sacudidas por revueltas cada vez más violentas, en el mismo momento en el que se conseguía la igualdad frente a la ley, y a pesar de ello. El eslogan Black Power provenía directamente de esa revuelta en los guetos. El Comité de coordinación no violento de los estudiantes (el SNCC), el cual organizó desde 1960 actividades pacifistas, se apropió de él.

El Black Power constituía de alguna manera una radicalización del movimiento. Habiendo conseguido la igualdad legal, l@s negr@s decidían unirse para acrecentar su poder económico y político. En la diversidad de sus componentes, este movimiento se situó en el terreno del nacionalismo negro, no en el de la lucha de clases.

Representaba a varias aspiraciones, de las cuales los intereses de la pequeña burguesía negra, que deseaba alcanzar su parte del pastel. Pero el Black Power expresaba también la radicalización de millones de hombres y mujeres, que se habían ido politizando y comprometiendo en una lucha en la que estaban dispuestos a jugarse su empleo, o incluso su vida. Poner encima de la mesa la cuestión del poder llevaba consigo un aspecto revolucionario. En los barrios negros, los militantes no aceptaban el poder de las autoridades, y de la policía. Y esos militantes se contaban por miles.

El Black Power luchaba en contra de la guerra de Vietnam. En 1968, medio millón de american@s estaban movilizad@s en Vietnam, de los cuales numeros@s negr@s. Incluso un moderado como Martin Luther King acabó por condenar la guerra. Su asesinato en 1968, en el momento en el que llamaba a la huelga general en Memphis en apoyo a la huelga de l@s basurer@s, conllevó revueltas no en una ciudad primero y luego en otra sino en decenas de ciudades de manera simultáneas.

La organización que encarnó el Black Power en su apogeo fue evidentemente el Black Panther Party for Self-Defense. Fundado en Oakland en 1966, éste reivindicaba su filiación con Malcolm X. Sus miembros vendían el Pequeño libro rojo de Mao Zedong e intentaban combinar elementos del marxismo y del nacionalismo negro. Reclutaban en las capas más pobres, entre l@s jóvenes negr@s de los guetos, a los que les proporcionaban un orgullo, una dignidad. Armados, pretendían “controlar” a la policía de Oakland. Cuando la policía detenía a un negro, se desplegaban de manera visible, leían extractos del Código Penal, obligando de facto a policías a tener que renunciar a sus detenciones. Su éxito fue fulminante.

En mayo de 1967, se manifestaron armados en plena asamblea del Estado de California. En respuesta, varios centenares de militantes fueron detenidos en 1969. El FBI asesinó a varios militantes. A falta de apoyarse en la clase obrera con toda su diversidad, única fuerza que habría podido derribar al Estado, buscaron un sustituto: una parte de los Black Panthers optaron por el enfrentamiento armado directo con el Estado, una política ilusoria al apoyarse en una minoría, mientras que otras lanzaban programas humanitarios combinados con alianzas electorales con el Partido Demócrata, igual de desastrosas.

El heroísmo de los Black Panthers eclipsó a otras fuerzas como la Liga de los trabajador@s negr@s revolucionari@s de Detroit, que se construyó a partir de hojas de empresas centrados en el eslogan Black Workers’ Power. Si l@s negr@s hubieran conseguido arrastrar a la clase obrera blanca, es todo el capitalismo americano, guardián del orden imperialista, el que habría podido vacilar. Y ya todo habría sido posible. Por eso su lucha era seguida por el mundo entero y constituía una “esperanza para toda la humanidad”.

Si bien l@s negr@s sólo formaban una minoría de la población americana, representaban más o menos una quinta parte de la clase obrera. Una quinta parte en rebeldía y movilizada, durante unos 15 años: fue una fuerza significativa, una verdadera fuerza de arrastre. Trabajador@s blanc@s estuvieron al lado de l@s negr@s en una serie de luchas, como por ejemplo durante la revuelta de Detroit en 1967, en la cual l@s blanc@s pobres originarios del Sur o de Polonia representaron una cuarta parte de las detenciones. Esa misma alianza existió también en otras huelgas locales, así como en contra de la guerra de Vietnam, en particular entre los soldados. Pero a falta de una política llevada a cabo deliberadamente en el sentido de la generalización de la lucha a partir del movimiento iniciado por l@s negr@s, su revuelta se vio aislada frente a la inmensa potencia de la burguesía y del Estado americano.

Mutación del segregacionismo

Debido a las luchas de los años 1950 a los años 1979, avances innegables tuvieron lugar. En 1960, 20% de l@s negr@s estaban inscrit@s en las listas electorales; en 1972, ya era el 62%. El nivel de vida de l@s negr@s sólo equivalía al 41% del de l@s blanc@s en 1940: representaba el 60% en 1970. Una pequeña burguesía negra se creó. Dirigentes negros accedieron a las más altas responsabilidades, siendo evidentemente el ejemplo más conocido el de Obama.

La integración sin embargo tiene límites: el proletariado no puede estar integrado. Y la inmensa mayoría de los 40 millones de negr@s pertenecen a las clases populares. Oficialmente, el paro de l@s negr@s representa el doble del del conjunto de la población. Una familia blanca gana de media dos veces más que una familia negra. La tasa de pobreza es tres veces más elevada en el caso de l@s negr@s que en el caso de l@s blanc@s, como en los años 1960.

El encarcelamiento de masas abanderado por la “guerra contra la droga” fue una elección política, desde Nixon. L@s jóvenes negr@s debían estar aislad@s y reprimid@s, de tal forma que se evitara que arrastraran a los demás en su lucha. Un joven negro pasa más tiempo hoy en la cárcel que en la facultad. Los EEUU encarcelan a una parte de su población más grande que en cualquier otro país del mundo. Con 2,3 millones de prisioneros, es decir el 4,5% de la humanidad, los EEUU cuenta con el 23% de la población mundial encarcelada. Entre esos prisioneros, el 45% son negros. De media, un hombre negro de cada tres (contra un hombre blanco de cada 17) pasa, al menos una vez en su vida, por la cárcel.

Muchos de ellos se ven encarcelados por delitos menores. En 1980, había 41000 detenidos por infracciones ligadas a los estupefacientes; hoy son medio millón. Y son negros en los dos tercios.

Los prisioneros no pueden votar, y los que han sido condenados por crimen ven sus derechos cívicos arrebatados de por vida en numerosos estados. En total, cerca de 6 millones de american@s se ven así privados del derecho a voto, y l@s negr@s 7 veces más que el resto de la población. En 1998, bajo la administración Clinton, el Congreso votó la prohibición, para aquellos que han sido condenados por una infracción ligada a la droga, de beneficiarse de una beca para ir a la universidad. También bajo la administración Clinton, el Congreso votó su desalojo de las viviendas públicas financiadas por el Estado federal. Varios estados prohibieron también a los condenados beneficiarse de las ayudas sociales, de los bonos alimenticios.

En resumidas cuentas, tal y como lo explica Michelle Alexander, desde el movimiento por los derechos civiles, es ilegal discriminar a un negro, pero es legal discriminar a un felón, a un delincuente.

Si la burguesía americana ha conseguido aislar la revuelta de l@s negr@s después de los años 1970, la crisis económica actual se combina con una crisis ecológica, sanitaria, en una palabra en una crisis global del capitalismo que ha abonado el terreno para la posibilidad de una generalización de la revuelta: el movimiento actual en los EEUU abre una nueva brecha hacia una nueva oleada de la lucha de clases.