Una reforma de las pensiones “made in Macron”

Son ya muchos los años en los que reforma tras reforma, diferentes gobiernos, tanto de derechas como de izquierdas del país vecino, han ido alargando la edad de jubilación y disminuyendo la cuantía de las pensiones. Balladur en 1993 y su aumento de los años de cotización a 40 años para el sector privado (antes 37); Fillon en 2003 con el equiparamiento de los años de cotización también a 40 años para el funcionariado; Woerth en 2010 con el aumento de la edad de jubilación a 62 años (antes 60 años) y Ayrault en 2013 con el aumento de los años de cotización de 40 a 43 años.

Siempre una misma lógica, trabajar más tiempo y cobrar una pensión más baja aumentando el periodo de cómputo para la misma. En esta ocasión, el gobierno del primer ministro Edouard Philippe y del presidente Macron, han elaborado una reforma que le da una vuelta de tuerca más. Aumentar el periodo de cómputo para la pensión, que hasta ahora se contabilizaba en base a los mejores 25 años de tu carrera profesional, al total de toda tu carrera profesional. Lo cual significa inevitablemente unas pensiones a la baja que golpean con más fuerza a los sectores más precarizados y en concreto a la mujer trabajadora.

Aumentar la edad de jubilación a los 64 años para cobrar el 100% de la pensión pasando a una jubilación por puntos que cada futuro gobierno podrá, a su antojo, contabilizar como le venga en gana y que no estarán sujetos a la evolución de los precios ni de los salarios. Eso significa acabar de facto con el sistema actual por repartición e introducir un sistema por capitalización individual para completar una pensión de miseria y de paso beneficiar a los seguros privados. Por si todo esto fuese poco, la reforma pretende también acabar con los regímenes especiales…salvo los de la policía y del ejercito. Desde la Segunda Guerra Mundial toda una serie de sectores contaban con unas condiciones particulares para jubilarse debido a la dureza de su trabajo, pues con un discurso cínico de igualdad entre trabajador@s, este gobierno pretende igualar a todo el mundo…pero a la baja.

La pretensión de Macron: dar un golpe definitivo a las pensiones para no tener que volver a enfrentarse a la aprobación de una reforma muy impopular en el futuro. Con este proyecto aprobado, sólo se tratará a partir de entonces de jugar con el precio del punto para bajar las pensiones. Sin embargo, tal y como ya ocurriera en 1995 con el plan del entonces primer ministro Juppé sobre las pensiones y la seguridad social, la resistencia en la calle está siendo muy fuerte. La huelga actual ya es en número y en días superior a la de 1995 que consiguió tumbar a aquel gobierno y a dicho proyecto.

El contexto social en Francia estos último años, ha sido a pesar de las derrotas parciales una acumulación de experiencia para toda una generación que se ha movilizado contra la reforma laboral en 2016, en contra de la carestía de la vida con los chalecos amarillos o contra la privatización de la enseñanza. Todas esas resistencias acumuladas estos últimos años con sus formas de lucha propia: la autoorganización de los y las trabajadores en huelga para bloquear la economía o la determinación y el enfrentamiento con el Estado de las movilizaciones de los chalecos amarillos son el mejor garante de esta lucha que en estos momentos está librando la clase trabajadora más allá de los Pirineos. Todo este contexto social es el que ya obligó al gobierno de Macron a tener que posponer en el tiempo una reforma clave para su mandato.

Grandes jornadas de huelga en todos los sectores los días 5, 10 y 17 de diciembre y una huelga indefinida mayoritaria en metro y autobuses (RATP) o trenes (SNCF)

Las manifestaciones de las jornadas de huelga general de los días 5, 10 y 17 de diciembre han sido muy exitosas. Un millón y medio en las calles francesas el primer día y 1,8 millones el último día. En cuanto al seguimiento, los datos son también inequívocos el día 5 de diciembre: 70% en la enseñanza primaria y el 75% en secundaria, más del 85% de los/as conductores/as de trenes, y lo mismo para los/as trabajadores/as de las eléctricas en el sector nuclear y el 100% en el sector térmico según datos de la CGT. Se habla de un seguimiento similar el 17 de diciembre.

Esos números demuestran lo que ya venían diciendo todos los sondeos de opinión. La opinión pública apoya mayoritariamente la huelga y se muestra claramente opuesta a la reforma de las pensiones. Incluso ha ido en aumento. El 1 de diciembre, un 46% de los encuestados decían apoyar y simpatizar con la huelga, mientras que justo después del primer día de movilización el 5 de diciembre ese apoyo ascendía al 53% y al 54% después del 17 de diciembre.

Pero lo realmente relevante es que este movimiento va más allá de las jornadas de huelga de un día. Efectivamente, hay varios sectores que siguen en huelga indefinida y mayoritaria desde el 5 de diciembre como puede ser el caso de los transportes: RATP y SNCF. Otros sectores como el de la enseñanza, con un seguimiento récord durante las jornadas de huelga general de un día, han seguido aunque de manera minoritaria también en huelga indefinida hasta las vacaciones escolares. Habrá que ver con qué fuerza se reincorpora al movimiento a la vuelta de Navidades. Mientras tanto la consigna que se ha popularizado en dicho sector es bastante clara: “Pas de retrait, pas de rentrée” (si no hay retirada de la reforma, no hay vuelta al cole).

Las primeras consecuencias de este fuerte movimiento no se han hecho esperar más cobrándose ya el puesto del alto comisario para las jubilaciones, Jean Paul Delevoye, que desde hace unos meses había integrado el gabinete que dirige el primer ministro con categoría de ministro delegado. Éste no tuvo más remedio que dimitir al verse envuelto en un escándalo mayúsculo en pleno periodo de huelgas al “olvidar” detallar sus otras 10 actividades, entre ellas 2 remuneradas, en su declaración de intereses y al descubrirse que formaba parte del consejo de administración del Instituto de Formación de la profesión de Asegurador, estrechamente relacionada con la Federación Francesa de Seguros. Éste ha sido el primer fusible del gobierno Macron, pocos más le quedan.

El movimiento ante la encrucijada del parón navideño

El pasado 21 de diciembre, el presidente Macron hacía un discurso, desde un viaje institucional en Costa de Marfil, lleno de cinismo y de sinvergonzonería dirigiéndose a l@s huelguistas. Apelando “al espíritu de responsabilidad” y deseando que “triunfe la inteligencia colectiva” el presidente de la República francesa afirmaba que “Es bueno saber hacer una tregua” con el objetivo de “respetar a las familias y la vida de las familias” en un periodo como la Navidad. Sin embargo, los sectores en huelga indefinida no han cedido ni un milímetro a la presión, a pesar de que los medios de comunicación bombardeen a diario, en la misma línea que Macron, con los efectos negativos de la huelga de los transportes para la vida de las familias que no pueden desplazarse con normalidad.

Lo que estaba en juego detrás de esta tregua en Navidad era acabar con el propio movimiento. Volver a retomar la movilización después de un parón de 2 semanas habría sido casi misión imposible. Sin embargo, l@s huelguistas lo saben y por eso a día de hoy se mantienen, a pesar de las enormes dificultades, en huelga indefinida haciendo acciones y piquetes regulares. Esos sectores son los que han obligado a que las direcciones sindicales no llamen formalmente a una tregua durante las vacaciones y hablen de seguir con las movilizaciones con la boca chica a pesar de haber convocado como siguiente jornada de huelga general el 9 de enero, casi 2 semanas después de la última. Y lo que es aún más grave, todo eso sin dar ninguna perspectiva de movilizaciones para llevar a cabo durante la Navidad.

Sin embargo y aunque cuando escribimos este artículo aún queda toda la semana de año nuevo, parece que el movimiento no va a decaer y que los sectores fuertemente movilizados y con alto seguimiento de huelga indefinida van a seguir estándolo. De ser así, el movimiento en enero estará en grandes disposiciones para poder tomar un nuevo impulso hacia la extensión y la generalización de la huelga indefinida en muchos más sectores que el de los transportes. Ese debe ser al menos el reto.

Para ganar y aguantar en el tiempo l@s huelguistas deben apropiarse de su huelga. Que nadie les usurpe su herramienta de lucha

Son muchos los ejemplos de creación de marcos de autoorganización de l@s huelguistas en diferentes zonas de Francia. En ese sentido la convocatoria de asambleas para que l@s trabajador@s en huelga sean los que decidan si siguen o no, más allá de las convocatorias de 24 horas de las direcciones sindicales, es un elemento central si se quiere ganar. El paso de una jornada de huelga de un día dónde l@s trabajador@s sólo se limitan a no acudir a su centro de trabajo y a manifestarse, al de una huelga indefinida activa en la que l@s propi@s trabajador@s son quienes determinan sus acciones, se organizan para responder a los problemas de la huelga y para promoverla, extenderla y alimentarla.

La convergencia entre los sectores en huelga también es un elemento central que permite generar confianza en nuestra fuerza viendo a las claras que nadie está aislado. Que coincidan en las mismas manifestaciones chalecos amarillos y sindicalistas o que trabajador@s de diferentes sectores hagan huelga, compartan acciones y asambleas son elementos muy importantes que deben de llevarse a cabo y deben de ser coordinados para hacerse con las riendas de la movilización.

La huelga de las bailarinas y de los músicos de la Ópera de París y las acciones que éstos están llevando a cabo demuestra el potencial de dicho movimiento para agregar en una misma lucha a muchísimos sectores muy dispares en apariencia los unos de los otros.

En ese sentido la creación de asambleas interprofesionales en las que diferentes sectores y frentes de lucha deciden junt@s en una misma asamblea sobre la orientación a llevar a cabo para extender y difundir la movilización pero también donde tratan de responder a los problemas con los que el movimiento se va encontrando es una tarea que no se puede obviar. Eso en la práctica significa que coincidan en un mismo piquete frente a una cochera de autobuses urbanos estudiantes, ferroviari@s, conductores de autobuses, carter@s, docentes o chalecos amarillos, pero también que conjuntamente se traten cuestiones tan esenciales como la coordinación del movimiento a nivel provincial, regional o incluso estatal. La cuestión de la estructuración de esos marcos de autoorganización para democratizar la huela o la cuestión de la creación de cajas de resistencia para aguantar la huelga son debates actuales a los que hay que aportar respuestas si se quiere ganar a este gobierno.

Para ganar esa es la orientación que deberían llevar a cabo las direcciones sindicales, sin embargo eso conllevaría también favorecer la autoorganización de l@s trabajador@s en huelga y eso supone en la práctica que el movimiento esté dirigido por l@s huelguistas y que ést@s se apropien de la huelga. Y eso es lo que las direcciones sindicales no ven nunca con buenos ojos.

Pero tal y como lo decíamos anteriormente, se están dando experiencias por abajo que están obligando a las direcciones sindicales a tener que mover ficha. El ejemplo de la caja de resistencia creada por 3 sindicatos sectoriales y provinciales como CGT Goodyear, CGT Infocom y SUD 92 en la que se han recaudado en los primeros 7 días más de 1 millón de euros demuestra en la práctica qué se podría hacer a nivel estatal si se tuviera voluntad.

Para hacer doblegar a este gobierno y para conseguir dar un golpe fuerte a sus políticas antisociales es necesario prepararse para una huelga duradera y para eso hay que responder a la cuestión material. Eso es lo que estos 3 sindicatos están haciendo donando a l@s trabajador@s en huelga cheques de hasta 250 000 euros como ha sido el caso para los de la RATP. Esto ya ha obligado a la dirección de la CGT a tener que abrir una caja de resistencia a nivel estatal.

Se puede ganar este combate al gobierno Macron

Existe una verdadera posibilidad de ganar. Hay que anticipar que el gobierno de Macron intente negociar con las direcciones sindicales algunos retoques para tratar de acabar con la movilización y la huelga. A día de hoy la consigna de “huelga hasta la retirada completa” del proyecto sigue estando muy presente entre l@s huelguistas. De seguir las fuertes movilizaciones, de extenderse la huelga indefinida a otros sectores y de estructurarse y desarrollarse los marcos de autoorganización, le será más muy difícil a las direcciones sindicales pasar por encima de l@s huelguistas mediante acuerdos vergonzosos con el gobierno. Pero a su vez, lo que está en juego es que se vaya desarrollando una verdadera huelga general en la que ya no sólo se hable de la retirada de la reforma de las pensiones sino que se hable de acabar con este gobierno y con todas sus políticas antisociales.

Lo que está claro es que si la clase trabajadora y la juventud en Francia ganan este pulso, esa victoria tendrá un efecto dominó más allá de sus fronteras tal y como ya ocurriera con la victoria en 1995. Por aquel entonces, ésta supuso un nuevo impulso en la lucha de clases más allá de Francia sólo 6 años después de la caída del muro de Berlín y de que algunos decretasen que no existía ya alternativa posible al sistema capitalista y a sus políticas. También por ello hay que apoyar esa huelga. La creación de una caja de resistencia internacional sería una manera muy concreta de llevar a cabo dicha solidaridad.

Si l@s trabajador@s en Francia ganan este pulso, la confianza en nuestra fuerza, en la de nuestra clase sobrepasará sin duda sus fronteras. En ese caso, estaremos en mejor disposición para hacer frente, aquí también, a las políticas antisociales gobierne quien gobierne y para ofrecer una alternativa a todos aquellos que sólo nos venden la alternativa del mal menor, del posibilismo, en definitiva la de la resignación.

En un momento en el que está a punto de constituirse el nuevo gobierno, la tarea debería estar en organizar desde ya una respuesta para que éste no pueda obviar cuestiones como la derogación de las reformas laborales y no sólo los aspectos más lesivos de la de Rajoy, del pensionazo de Zapatero, la subida de los salarios o la defensa de los servicios públicos con la anulación del artículo 135 de la Constitución.

El próximo 30 de enero hay una huelga general convocada en Euskal Herria por los sindicatos ELA, LAB y STEILAS y apoyada por numerosos colectivos que va en esa línea. Es un punto de apoyo para aquell@s que defendemos precisamente que gobierne quien gobierne las pensiones y nuestras conquistas sociales se defienden. Sin embargo, esto entra en contradicción con todas aquellas direcciones sindicales que lejos de promover iniciativas y movilizaciones para que se lleven a cabo estas medidas, prefieren desmovilizar y llamar a no secundar la huelga general en Euskal Herria al considerar que “no se entiende”, en palabras de Unai Sordo, una huelga por las pensiones sin ver qué hace el nuevo gobierno.

Estas declaraciones fueron hechas por el secretario general de CCOO unos días después de que Pedro Sánchez hiciera el anuncio de que no subiría las pensiones con respecto al IPC en diciembre y después de que Pablo Iglesias y Alberto Garzón dejaran claro que con el futuro gobierno no se derogarán ni las reformas laborales (a lo sumo los aspectos más lesivos de la de Rajoy), ni el pensionazo de Zapatero que aumentó entre otras cosas la edad de jubilación a los 67 años, ni la anulación del artículo 135 de la Constitución que limita el gasto social.

Que nadie nos engañe. La mejor garantía para defender aquí nuestros intereses como trabajadores y trabajadoras no es esperar a verlas venir, es seguir el ejemplo de Francia y en ese sentido la convocatoria del 30 de enero en Euskal Herria debe ser un punto de inflexión del camino a seguir para el resto del Estado Español. Sólo de esta forma lograremos arrancar conquistas sociales y recuperar derechos perdidos para l@s trabajador@s, la juventud y nuestros mayores.