El gobierno de Salvini cayó quemado en su propio chantaje de verano y el voto de confianza al nuevo gobierno Conte es el aplauso entusiasta de la Bolsa y el capital financiero, nacional e internacional, que se siente garantizado con la presencia del Partido Democrático y busca la normalización del M5S. No necesita “leer” el programa económico, solo necesita la presencia del PD. El programa real del gobierno Conte bis preserva el legado de los anteriores: la Jobs Act (reforma laboral de Renzi), ley educativa Buena Escuela, Ley Fornero. En todo caso, limarán a la baja algunas limosnas para cuadrar las cuentas con la UE.

La algarada caprichosa de Salvini dejando caer el primer gobierno Conte le ha venido de perlas a la burguesía italiana. Tras las elecciones del 4 de marzo de 2018, la crisis política le obligó, con un considerable riesgo, a gobernar a través de partidos populistas sobre los que no tenía suficientes tentáculos (Lega y Movimiento 5 Estrellas) pero contaba con el consenso de un bloque social, que incluía por desgracia a una mayoría de trabajador@s. Ahora, el retorno al gobierno del Partido Democrático es la vuelta del gran capital a la cima del poder ejecutivo. El PD es la parte del sistema orgánico, más probado y probado que cualquier otra parte.

Los inversores financieros no leen el largo programa de palabras aladas con el que Zingaretti (PD) y Di Maio (M5S) celebran su matrimonio. Están interesados en que los liberales de los que se fían, aunque no creían que pudiera regresar al gobierno tan rápido después del colpaso sufrido bajo Matteo Renzi. El Partido Democrático es al que confían la tarea de normalizar el M5S, de limpiarlo de la basura pequeñoburguesa y rebelde, de aceptarlo como pieza de un nuevo bipartidismo imperfecto y asimilarlo a la gestión de la estabilidad capitalista normal.

La composición ministerial del nuevo gobierno Conte refleja su naturaleza social. El PD conquista todas las posiciones de relaciones con el gran capital italiano y europeo y con el aparato del estado, incluso enviando a un comisario a la UE (Gentiloni). El M5S preside las posiciones de poder ya ocupadas junto a Salvini y gana Educación y Exteriores, elegida para darle proyección europeísta. El equilibrio tiene su racionalidad de clase: el partido del sistema orgánico controla el corazón de la política económica y financiera.

Los programas ministeriales son en su mayoría ejercicios retóricos de buenos sentimientos pues su función no es aclarar sino ocultar el programa real: preservar el trabajo sucio de los gobiernos anteriores. Tan solo un adelanto: los infames y tan criticados decretos de seguridad De Salvini de mantendrán y no habrá cambio en el respeto al equilibrio presupuestario de la etapa Letta-Renzi-Gentiloni, lo que significa prolongar la austeridad.

La satisfacción de la patronal y las finanzas con el nuevo viejo gobierno transformista de Conte es comprensible. ¿Pero qué hay de la satisfacción de la llamada “izquierda” italiana? Ya es catastróficamente grave este apoyo más o menos explícito sólo porque significa regalar a Salvini el monopolio de la oposición, que es alimentar su furiosa revancha. Libres y iguales (LeU), escisión por la izquierda del PD, vuelve a su matriz con un ministerio de regalo. Sinistra Italiana anuncia un voto de confianza. Rifondazione Comunista declara que “no es nuestro gobierno” pero tampoco es el del capital ni adversario.

Mientras cada cual se reposiciona, la derecha reaccionaria y ultraderecha, descabalgadas, califican al gabinete de “comunista” y cargan contra el primer ministro Conte, a quien llaman “traidor”. Ciertamente el punto más grotesco de este nuevo gobierno es quien lo encabeza: si el año pasado se presentó como el presidente del “cambio”, hoy es el de la “novedad”; si hace unos meses era abogado de Salvini apoyando sus decretos xenófobos, ahora es el “defensor de la gente” y su nuevo cliente es el PD. Sólo necesita los aplausos de los mercados