Este mes de marzo, el Comité Editorial de Izquierda Anticapitalista Revolucionaria IZAR y la Editorial Cangrejo Rojo editan un cuadernillo de la colección “La Actualidad de la Revolución” sobre “ETA, la izquierda abertzale, la dictadura franquista y el terrorismo de Estado en democracia: 50 años de lucha y de negación del derecho de autodeterminación del pueblo vasco” escrito por Juan Vidal. 

En este dossier, publicamos un pequeño fragmento de dicho cuadernillo dedicado a la evolución política de la izquierda abertzale hoy en el que se analiza las consecuencias de su integración en las instituciones y las consiguientes rupturas en su seno y posibles alternativas a su izquierda. El éxito de la última manifestación organizada el pasado 28 de enero en Bilbao y Pamplona por la GKS (Coordinadora Socialista Juvenil) con más de 3000 y 1500 manifestantes en respectivas ciudades demuestra que se está conformando, al menos en la juventud, un espacio político a la izquierda de la izquierda abertzale tradicional representada por EH Bildu y por Sortu.

El final de ETA y la integración de la izquierda abertzale en las instituciones

En 2011, ETA abandonaría la lucha armada para acabar desarmándose en 2018. Desde 2004 y la Propuesta de Anoeta, la izquierda abertzale abogó por una vía exclusivamente política. En dicha propuesta se hablaba de dos mesas: una multilateral para tratar las cuestiones políticas del conflicto y otra, bilateral, entre gobierno y ETA para tratar el conflicto armado. Para la izquierda abertzale, la lucha armada fue incapaz de enfrentarse a la eficacia del Estado, y ésta acabó convirtiéndose en un obstáculo para consolidar un movimiento soberanista plural y para ampliar los apoyos a nivel social.

Desde entonces la integración de la izquierda abertzale en las instituciones se ha acelerado a pasos agigantados. En 2012, al frente de la diputación de Gupuzkoa llevando a cabo política de recortes, aludiendo la necesidad de cumplir con las leyes de estabilidad presupuestarias. El curso pasado, Bildu1 apoyó los presupuestos neoliberales de Madrid y de Navarra mientras alcanzaba un acuerdo presupuestario con el gobierno vasco del PNV y del PSE con, entre otras cosas, una ley educativa que mantiene por ejemplo el 49% de los centros educativos privados en Euskadi. 

El propio sindicato abertzale, LAB, tuvo que desmarcarse de esos acuerdos al afirmar que no respondían en ningún caso “a las reivindicaciones que hace en la calle la mayoría sindical y social vasca (…) en materia de presión fiscal, inversión pública, reversión de los recortes, etc…”.

Por otro lado, en el 3º Congreso de Sortu en enero de 2022, la ponencia oficial recogía: “El proceso de liberación puede representarse como un proceso de 2 carriles. Uno de los carriles tiene que ver con la batalla política inmediata; con la batalla mediática, electoral e institucional; con una batalla que en gran medida tiene que ceñirse/limitarse a lo que es posible aquí y ahora y, en ese sentido, es posibilista, programática e incluso conservadora”.

Y añadiendo que se trata de una batalla que requiere penetrar: “en todos los ámbitos sociales, especialmente en los núcleos de poder, incluyendo “asociaciones vecinales, asociaciones de padres y madres, cámaras de comercios, directivas de equipos deportivos, sindicatos, asociaciones empresariales, administración pública, cuerpos policiales, consejos rectores de universidades…”. Mientras que al hablar de Cataluña y de su lucha relacionada con la cuestión nacional, afirmaba que: “Para que la vía unilateral sea reconocida y legitimada internacionalmente deben cumplirse unos requisitos mínimos: que el proceso sea pacífico y democrático, que esté basado en mayorías, que esté ubicado en las instituciones actuales y que muestre una y otra vez voluntad de acuerdo”.

Desaparece aquí de la ecuación cualquier mención a la lucha de clases como medio principal para imponer el derecho de autodeterminación. La experiencia de Cataluña y del Procés demuestra que ningún referéndum pactado es posible y que ninguna vía unilateral será aceptada por las instituciones actuales. La única forma de hacer efectivo dicho derecho democrático pasa una y otra vez por una movilización mayoritaria y sostenida dentro de Cataluña con una combinación de iniciativas solidarias amplias en el resto del Estado Español.

Estos elementos muestran un grado de integración importante de Bildu y por tanto de Sortu en las instituciones. Afortunadamente, esta realidad no está acarreando una disminución de la lucha de clases en Euskadi. Es más, en los últimos 15 años, el 30% de todas las huelgas del Estado Español se han realizado en Euskadi mientras que en 2021, éstas han llegado a representar el 42%. Estas fuertes movilizaciones obreras, con ejemplos como los de Tubacex o la huelga general convocada el 30 de enero de 2020 contra las políticas antisociales del gobierno del PSOE-UP, justo antes de la pandemia, muestran que la clase obrera vasca y la juventud siguen estando a la vanguardia forzando así a que las organizaciones sindicales independentistas tengan que mantener unas posiciones críticas y autónomas con respecto a Bildu. Al igual que ocurre ahora con el movimiento de los pensionistas o con nuevas organizaciones con peso en la juventud.

¿Se está construyendo un espacio político a la izquierda de EH Bildu y de Sortu?

Las posiciones de Bildu en materia de acuerdos presupuestarios con el gobierno vasco, navarro o español están reforzando un espacio político a su izquierda.

En primer lugar, en el seno de la propia Sortu. Así pues, durante su tercer Congreso, se presentó una enmienda a la totalidad en la que se denunciaba el institucionalismo, los acuerdos con el PNV así como la imposibilidad de alcanzar ningún tipo de proceso democrático bajo las instituciones del régimen del 78. De los 7936 militantes con derecho a voto, la ponencia oficial recabó 2148 votos y la enmienda a la totalidad, 919, es decir un 22% de los votos.

En segundo lugar, en el seno de la juventud. En efecto, la creación de la Coordinadora Socialista Juvenil (GKS) visibiliza una ruptura clara de una parte de la juventud con la izquierda abertzale oficialista. El propio sindicato estudiantil, Ikasle Abertzaleak, históricamente vinculado a las juventudes de Batasuna antes y Sortu ahora, ha roto con dicha organización sumándose a la GKS.

Esta Coordinadora juvenil defiende en sus documentos la necesidad de visibilizar un programa comunista a la vez que denuncia las posiciones etapistas, interclasistas e institucionalistas de Bildu y Sortu. La GKS ha hecho una demostración de fuerza en la calle mediante la convocatoria de movilizaciones contra las consecuencias de la crisis sanitaria el pasado mes de marzo de 2022 con miles de jóvenes manifestando en Bilbao y Pamplona así como con la organización del Topagune Sozialista que reunió a más de 2000 jóvenes este verano.

Más de 4500 jóvenes se movilizan en Bilbao y Pamplona en unas manifestaciones convocadas por la GKS

No obstante, esta demostración de fuerzas ha vuelto a realizarse recientemente, el 28 de enero, cuando la juventud de Bilbao y Pamplona salió a la calle en una manifestación convocada por la organización juvenil GKS bajo el lema: “Frente a la ofensiva de los empresarios y gobernantes, la juventud trabajadora a la lucha”. El trabajo de concienciación y difusión de la fecha ha estado basado en el análisis de cinco problemáticas señaladas por dicha organización y que tienen mucho que ver con cuestiones relacionadas con la juventud: 

  1. La situación del mercado laboral juvenil. 
  2. La imposibilidad de acceso a los medios básicos de vida (agua, luz, vivienda). 
  3. La perpetuación y desarrollo de una industria cultural machista y despolitizadora. 
  4. El modelo educativo al servicio de la burguesía. 
  5. El autoritarismo del Estado y la falta de derechos políticos (control social, represión policial, endurecimiento del código penal, etc.). 

La movilización tenía como objetivo visibilizar una alternativa a estas problemáticas que son intrínsecas al propio sistema capitalista. Así pues, GKS defiende la necesidad de acabar con esta situación mediante la construcción de un estado socialista fortaleciendo “la independencia política de la clase trabajadora” y desarrollando “la lucha por el socialismo a nivel internacional”, como respondía una de los miembros de dicha corriente política, Edurne Abaigar, en una entrevista. Y añade que se ha intentado “hacer una lectura política de la crisis capitalista, analizando la ofensiva de la burguesía. Hemos criticado también la función de los partidos parlamentarios en esa ofensiva, junto con las medidas adoptadas por el gobierno español”.  


Estas movilizaciones evidencian el espacio político existente a la izquierda de las organizaciones abertzales tradicionales como pueden ser EH Bildu y Sortu puesto que, su integración en el juego institucional aplicando incluso políticas de recortes o apoyando a Gobiernos que desarrollan políticas antisociales ha provocado el descontento de parte de la juventud que ha sentido la necesidad de expresar orgánicamente un discurso político propio e independiente de las organizaciones abertzales históricas. Sin embargo, no solo eso sino que más allá del análisis cuantitativo de la movilización del 28 de enero, también nos refleja la potencialidad de la juventud vasca: la construcción y acogida de las acciones realizadas de marzo del 2022 hasta enero de 2023 ha ido creciendo progresivamente.  

 
Por otro lado, debemos tener en cuenta otro elemento fundamental para nuestro análisis: el planteamiento comunista del que parte la GKS y la propia movilización. Es decir, los miles de jóvenes que salieron a la calle en enero lo hicieron asumiendo la perspectiva del comunismo como alternativa a la situación de crisis permanente a la que nos tiene sometidos/as la lógica de la búsqueda del máximo beneficio en unas pocas manos en detrimento de los intereses sociales y vitales de la inmensa mayoría de la sociedad en la que se encuentra la juventud con serias dificultades para poder independizarse, encontrar trabajo y poder vivir dignamente.  


La aparición de un movimiento político similar con verdadera capacidad de movilización es un caso propio que no tiene a día de hoy realidad en el conjunto del Estado Español. La cuestión nacional y las realidades organizativas y políticas propias de las naciones sin estado han hecho posible que una organización como la GKS aparezca. Queda por ver si dicho movimiento político juvenil tiene capacidad, en el futuro, de ligarse a sectores del movimiento obrero tradicional. Lo que está claro es que a día de hoy la juventud organizada a través de la GKS representa una realidad en Euskal Herria. Una realidad que además de denunciar la integración en las instituciones de la izquierda abertzale tradicional reivindica sin tapujos una salida comunista que ha sabido conectar con una parte de la juventud vasca que no ve salida a las crisis del capitalismo en el seno del capitalismo. 

El pasado octubre de 2022, la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Ayuso, decía que los y las jóvenes de ahora “lo tienen todo”, refiriéndose a que, de manera general, los jóvenes tienen acceso a la educación (incluyéndose la formación profesional o los estudios universitarios) y a que podían viajar. Evidentemente, aunque algunos intenten seguir vendiendo esta idea, la realidad para la inmensa mayoría es bien distinta: esta generación de jóvenes sólo ha conocido periodos de crisis desde 2008. Temporalidad, precariedad o paro; imposibilidad del acceso a la vivienda; aumento de los problemas de salud mental ligados a las consecuencias de la crisis sanitaria y de la pandemia, y un largo etcétera. En Euskal Herria, al menos, parece que la juventud se está organizando para tratar de denunciarlo. 

Desde el resto del Estado se hace imprescindible tender puentes para coordinarse con este tipo de organizaciones para tratar de ver qué posibilidades tenemos, los y las que nos enfrentamos a las políticas antisociales vengan del gobierno que vengan, para proponer una hoja de ruta diferente que ponga en el centro del debate la necesidad de imponer un programa de urgencia social mediante la movilización sostenida y las huelgas. En el caso contrario, sólo se podrá visibilizar la alternativa propuesta por los que no tienen problemas en gobernar con el PSOE y que sólo se activan cuando se acercan las elecciones. 

La propuesta formulada por Izquierda Anticapitalista Revolucionaria IZAR a toda una serie de organizaciones en la carta pública titulada “¿A qué estamos esperando?” pretende ser un primer paso para que todas las organizaciones que hacemos este mismo diagnóstico nos sentemos lo antes posible para concretar esa hoja de ruta conjunta.