En junio, la dirección del hospital Evangelismos se negó a renovar el contrato del ortopedista Nikolas Skoufoglou. El proceso de renovación en condiciones normales es esencialmente automático para quienes lo deseen. Sin embargo, en el caso de Nikolas Skoufoglou, se le notificó por teléfono la rescisión inmediata de su contrato, sin justificación alguna. Más allá de la parte formal, en el fondo se trata de una decisión extrema, de un despido como represalia.

La razón es que Nikolas Skoufoglou, sindicalista de ARSY y miembro de OKDE-Spartakos y Antarsya, se había convertido en blanco de la dirección por exponer y denunciar al entonces vicedirector los muchos problemas de falta de personal y de falta de medidas de seguridad del hospital. El resultado fue una multa por “comportamiento agresivo e indecente”. El acoso y señalamiento fueron claramente políticos. La dirección intentó castigar las voces que se alzaron ara demostrar la criminal falta de espacios y equipamientos elementales, que critican el autoritarismo de la administración. 

Del lado de la administración siempre estuvo el gobierno de Nueva Democracia, que pretendió una completa degradación del hospital más grande del país en el contexto de liquidación de la Salud Pública y la imposición del “nuevo Sistema Nacional de Salud” más privatizado y menos accesible. Es una persecución política que apunta al espacio político-sindical que toma una posición irreconciliable dentro de los hospitales, contra el sindicalismo gubernamental DAKE-PASKE, pero también lejos del sindicalismo indoloro y apaciguador de ESAK-PAME.

La organización de la lucha contra la represión sindical

A través de la facción sindical de izquierda anticapitalista y del Comité de Solidaridad que se constituyó, la lucha por la readmisión de Nikolas estuvo dirigida desde el inicio a todo el movimiento obrero. Todos los sindicatos, federaciones y asociaciones relevantes de Sanidad (SENE, EINAP, OENGE, POEDHN, ISA) se posicionaron claramente a favor del médico despedido y exigieron su readmisión. 

También se recogieron decenas de resoluciones de sindicatos y federaciones, de otros centros de trabajo, colectivos estudiantiles y de luchas y miles de firmas de compañer@s médicos, sindicalistas, estudiantes y trabajador@s. Gran parte de las organizaciones de la clase obrera, desde la fábrica autogestionada de BIOME hasta el sindicato ADEDY, participaron en la lucha, porque vieron en ella no sólo la defensa de los derechos de l@s trabajador@s, sino también la defensa de la sanidad pública. Al mismo tiempo, se le dio al tema la mayor publicidad posible.

A nivel de movilizaciones, se organizaron acciones como un paro del Sindicato del hospital Evangelismós (SENE) y posteriormente del sindicato EINAP. Se denunciaron las duras jornadas de trabajo, especialmente desde la pandemia y después por la escasez de medios y equipos básicos de protección, que han aumentado el sufrimiento y el riesgo para trabajador@s y pacientes, y el autoritarismo de la dirección, que puso en marcha una serie de apercibimientos y sanciones a l@s emplead@s, comportándose como si le perteneciera el hospital.

El resultado victorioso y la readmisión: conclusiones

La persistente movilización originó un problema político en Nueva Democracia: provocó un conflicto entre los funcionarios del partido y del gobierno.  La junta directiva del hospital, debido al peso de las movilizaciones y a la publicidad del conflicto, se vio obligada a anular la decisión de destitución. La dirección aceptó cancelar el despido pero declaró que no quedaban plazas vacantes en el hospital. Esto último fue una confesión de derrota, ya que abrió el camino a Nikolas para ser recontratado y colocado en otro hospital de Atenas, permaneciendo en el Sistema Nacional de Salud.

La readmisión de Nikolas Skoufoglou demuestra que el camino para alcanzar victorias es la lucha perseverante y el conflicto desde todos los frentes, lejos de la lógica de la negociación y el apaciguamiento con la vana esperanza de ablandarse. La patronal y el gobierno no aflojan con súplicas, sino que solo entienden el lenguaje del contrapoder. El elemento decisivo en su readmisión es que su caso reunió no solo la solidaridad de l@s trabajador@s del sector, sino también la simpatía y el apoyo de otros sectores obrero, que ven lo que hacen l@s sanitari@s y entienden el riesgo de la liquidación total de la sanidad pública.

Los únicos capaces de lograr victorias son l@s propi@s trabajador@s con su organización, lucha y solidaridad. Nada se nos da, solo se gana. Los atajos y acuerdos del sindicalismo reformista, que siempre busca el pacto y el conflicto de baja intensidad, son trampas. No tenemos nada que ganar con esto.

En un momento en que se desborda la ira contra los proyectos del gobierno de Nueva Democracia, es importante que haya victorias en el ámbito laboral, por pequeñas que sean. Cada despido que se revoca es un legado importantísimo para futuras luchas mayores, porque fortalece la confianza de clase y disipa la imagen de omnipotencia que quiere tener la patronal. Muestra que cuando l@s trabajador@s se defienden y confían en su propia fuerza, pueden causar una crisis política en un gobierno aparentemente invulnerable e imponer sus derechos a los patrones, sin temor a su poder y chantaje.