Si uno está al tanto de las noticias en Sudán, se sabe que hubo un golpe de estado el 25 de octubre y que el país no ha parado de protestar, incluso tras el reciente acuerdo entre los jefes militares y el primer ministro. Las protestas han sido cubiertas por medios regionales e internacionales, y el Washington Post las ha descrito como “parte de un esfuerzo sostenido de organizaciones profesionales sudanesas, partidos políticos y ciudadanos comunes”.

Otros medios las han presentado como protestas en respuesta a las llamadas de l@s civiles en el gobierno que se encuentran detenid@s por los militares, las llamadas de las Fuerzas de la Libertad y el Cambio, o el término vago de “activistas pro-democracia”. Esto podría llevar a pensar que el liderazgo de las actuales protestas es un misterio. La realidad es muy diferente. Los espectros que organizan las protestas de Sudán se han hecho conocidos.

Estos desconocidos comités de resistencia convocantes se empezaron a movilizar contra el anticipado golpe de estado muy pronto, en septiembre, llamando a la protesta el 21 de octubre. La manifestación fue una impresionante marcha contra el golpe que precedió al golpe mismo, motivada por las acciones tempranas de preparación y los discursos de los líderes militares. Esta preparación permitió a las masas marchar a las calles desde las primeras horas del día 25 de octubre mientras construían barricadas y cantaban contra los militares.

Los comités de resistencia vecinal (CRV) son organizaciones de base con una larga tradición en la política moderna sudanesa, con raíces en los 90. Han sido reactivados desde un llamamiento público de la Asociación de Profesionales de Sudán (APS), que dirigió las protestas de 2018-2019. En un esfuerzo por contrarrestar las tácticas violentas contra las manifestaciones centralizadas, la APS ha llamado a la formación de los CRV a organizarse en el terreno de una manera descentralizada. Durante las protestas que derrocaron al antiguo dictador Omar al-Bashir, CRVs se formaron en cada barrio de Sudán, y se volvieron famosos por sus manifestaciones nocturnas que siempre pillaban a la policía de sorpresa.

Estas movilizaciones no pararon en los 2 años siguientes, durante los cuales Sudán estuvo gobernado por un acuerdo de reparto de poder entre la oposición civil y los líderes militares. Mientras la frágil alianza forzó a la parte civil a no exigir responsabilidades a su contraparte  militar y cumplir con las exigencias de la comunidad internacional (cuestiones como la liberalización de la economía o la normalización de relaciones con la ocupación israelí de Palestina), con la esperanza de proteger la transición de un golpe militar – cuando había intereses contrapuestos, las demandas populares dejaban de ser prioritarias –.

Esta vez, los comités han evolucionado para ser la voz de las masas ignoradas y han organizado repetidas protestas exigiendo justicia para las víctimas de la masacre del 3 de junio, junto con otras violaciones perpetradas por los militares. También ha sido el esfuerzo de los comités el que ha atrasado los planes de liberalización económica propuestos por el FMI, forzando al gobierno a posponer la eliminación de subsidios para bienes de primera necesidad, así como  convocar una conferencia para debatir las prioridades fiscales del país. El rol político de los CRV, su capacidad de movilización y sus éxitos no han sido un secreto para el pueblo de Sudán.

Durante las semanas siguientes al golpe, los CRV han dirigido la resistencia en las calles. Estos comités están formados predominantemente por jóvenes revolucionari@s que han obtenido experiencia en los últimos dos años a la hora de amplificar las demandas de sus barrios. Sus estructuras descentralizadas y sus fuertes lazos con los barrios han permitido una movilización efectiva a pesar de las amenazas a la seguridad, el corte de internet en todo el país y la represión. En respuesta a la necesidad de acción rápida, los CRV empezaron a formar redes de coordinación para que unos y otros pudieran tener agendas de movilización conjuntas, así como mismos lemas y reivindicaciones.

La primera “Marcha de Millones” tras el golpe fue convocada y organizada por los CRV el 30 de octubre. Las reivindicaciones por las que marcharon fueron propuestas por el CRV de Karari, un barrio de la ciudad de Omdurmán, una de las 3 que forman la capital tripartita. Estas exigencias fueron gradualmente asumidas a lo largo de un día por todos los CRV de la capital y más tarde se reflejaron en las protestas alrededor del país. Las exigencias incluían la retirada de las fuerzas armadas del proceso político, no al diálogo ni negociación con ningún miembro del Consejo Militar y el rechazo a la interferencia de potencias extranjeras.

Los CRV han continuado las protestas y el desarrollo de sus demandas y sus herramientas , incluyendo, pero no solo, diferentes formas de protestas y huelgas durante las siguientes semanas, mientras se enfrentaban a la violencia extrema, incluyendo 40 víctimas mortales de la represión confirmadas a manos de las fuerzas golpistas y más de 500 herid@s.

Desconociendo la nueva realidad política, los diplomáticos internacionales siguen llamando al diálogo con los popularmente rechazados líderes militares y el regreso a la alianza que ha legitimado el gobierno militar en Sudán. Este modelo de priorizar la estabilidad frente a una mayor democratización y justicia es muchas veces promovido por mediadores internacionales, y también la base del acuerdo fallido de reparto de poder al que el golpe de estado del 25 de octubre puso fin de manera violenta.

Las declaraciones públicas recientes de los CRV sobre las invitaciones a una reunión del entonces detenido primer ministro y el representante especial de la Secretaría General de la ONU en Sudán son una llamada de atención. Los Comités de Resistencia vecinal repitieron sus exigencias de final del gobierno militar, rechazando acuerdos y compromisos a puerta cerrada. Estas condiciones ha sido claros indicadores de cómo las masas trabajadoras sudanesas bajo el liderazgo de los CRV reaccionará a los intentos de la clase dominante nacional, los líderes del golpe y la comunidad internacional fuerza otro resultado en el país.

La estabilidad no se podrá alcanzar en Sudán sin cumplir con las demandas de los CRV y no solo con acuerdos de reparto del poder. Este hecho ha sido ignorado por los agentes políticos que han apoyado un nuevo acuerdo firmado por el primer ministro civil y los líderes del golpe militar el 21 de noviembre. Cientos de miles de manifestantes rechazaron el acuerdo con consignas en contra del primer ministro en una manifestación organizada por los Comités de Resistencia y que casualmente fueron convocados a la misma hora que el anuncio. A las pocas horas del acuerdo, los CRV emitieron comunicados rechazándolo y no reconociendo la legalidad de sus participantes. Así el primer ministro se ha unido al golpe y ha perdido el apoyo popular al no leer el nivel de organización y compromiso con la protesta en la calle.

La escasa cobertura mediática internacional y los responsables políticos han sido incapaces y no han tenido voluntad para reflejar el rol verdadero y el peso de las organizaciones de base en la política de Sudán. Ignorando este rol vital que los CRV juegan en las protestas actuales de Sudán, los medios y diplomáticos internacionales han pavimentado el camino a una acuerdo político sin apoyo popular, haciéndolo aún más frágil que antes.

Los verdaderos esfuerzos importantes hacia la estabilidad en Sudán deben incluir una hoja de ruta que cumpla las demandas populares recogidas por los Comités de Resistencia vecinal, incluyendo, pero no únicamente, el final del gobierno militar del país. Las voces del pueblo de Sudán están sumamente recogidas y reflejadas por sus Comités de Resistencia, y ya es hora de que el mundo las escuche.

Artículo traducido de Muzan Alneel, periodista política sudanesa, en The Tahrir Institute for Middle East Policy