Sobre los Estados nacionales. ¿De dónde vienen?

Los Estados nacionales no siempre existieron. Son el producto del capitalismo. Los creó la burguesía porque necesitaba un mercado nacional que rompiera con las restricciones locales, el sistema de monedas diferente, de pesos diferentes, etc. Eso en Europa occidental empieza con la Revolución Francesa (1789) y se desarrolla durante todo el siglo XIX.

Esos estados nacionales fruto de las revoluciones democráticas burguesas (ola revolucionaria de los años 40 del siglo XIX) tenían como objetivo acabar con el feudalismo y sus instituciones en busca de la unificación económica, política y cultural (y por tanto lingüística). Eso era visto como algo progresista por el propio Marx ya que más allá de las conquistas democráticas, la creación de estados nacionales favorecía el desarrollo de las fuerzas productivas y por tanto favorecía el nacimiento de la clase obrera lo cual era condición sine qua non para la revolución socialista.

Por eso mismo, Marx y Engels era generalmente reticentes con la cuestión de las luchas nacionales de lo que ellos llamaban “naciones sin historia”, es decir aquellas nacionalidades que se encontraban dentro de los estados. Eso explicaría su actitud ambigua ante conceptos como “patria” o “nación” como quedaría reflejado en el Manifiesto Comunista (1848) al decir: “Por su forma, aunque no por su contenido, la lucha del proletariado contra la burguesía es primeramente una lucha nacional. Es natural que el proletariado de cada país deba acabar en primer lugar con su propia burguesía”. Más adelante en ese mismo texto, afirman: “Los obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no tienen”; si bien a continuación añaden: “Puesto que el proletariado debe en primer lugar conquistar el poder político, elevarse a la condición de clase nacional, construirse en nación, todavía es nacional, aunque de ninguna manera en sentido burgués”.

Sin embargo, ese planteamiento cambia con el caso de Polonia (por estar ocupada por potencias vecinas) e Irlanda (por su condición colonial).

Marx y Engels. Polonia e Irlanda: dos ejemplos de lucha por la emancipación nacional.

Polonia estaba ocupada y dividida por Prusia, Rusia y Austria durante el siglo XVIII. Luchó por su independencia hasta el siglo XIX. Para hacer un símil con el siglo XX, era el Vietnam de esa época. En enero de 1863 tiene lugar una rebelión heroica de los polacos que conllevaría incluso la creación de la Iª Internacional al desarrollarse una iniciativa internacional en apoyo al movimiento revolucionario polaco.

Marx y Engels apoyaron el derecho de autodeterminación y su lucha por la independencia relacionándola, eso sí, con la necesidad de contrarrestar y debilitar la influencia de la Rusia zarista en Europa. El propio título de la Resolución aprobada en el Consejo General de la Iª Internacional en 1864 (“Sobre la necesidad de disminuir la influencia Rusa en Europa por la aplicación del derecho de los pueblos a disponer de sí mismos y sobre la reconstrucción de una Polonia con bases democráticas y sociales”) muestra a las claras la importancia que tiene el debilitamiento de la Rusia zarista en la decisión de apoyar lucha por la emancipación nacional del pueblo polaco así como la necesidad de ligar dicha lucha a la lucha por la emancipación social.

En cuanto a Irlanda, era una colonia inglesa. En aquel momento Inglaterra era considerado el país capitalista más desarrollado con la clase obrera más desarrollada y por tanto con más posibilidades objetivas de llevar a cabo una revolución social. En ese sentido debilitar a la burguesía inglesa era una tarea central para Marx y Engels que decidieron apoyar al movimiento por la emancipación nacional de Irlanda durante la segunda mitad del siglo XIX.

Las razones que llevaron a Marx y Engels a tomar esa decisión son sobre todo:

  • Para debilitar al poder en Inglaterra: los terratenientes ingleses basaban gran parte de su riqueza en su dominio a Irlanda. Una forma de debilitarlos era mediante la independencia de Irlanda y evitando el saqueo de dicho país.
  • Para frenar el odio y el racismo que estaba contaminando a la clase obrera inglesa en contra de la clase obrera irlandesa a causa del papel de los medios, los poderes, etc, debido a la fuerte emigración del pueblo irlandés a Inglaterra en busca de mejores condiciones de vida. Marx escribía en 1860: “Cada centro industrial y comercial en Inglaterra posee ahora una clase trabajadora dividida en dos campos hostiles, los proletarios ingleses y los proletarios irlandeses. El vulgar obrero inglés odia al obrero irlandés como un competidor que reduce su nivel de vida. En relación con los trabajadores irlandeses se siente miembro de la nación dominante y así se convierte él mismo en una herramienta de los aristócratas y los capitalistas de su país contra Irlanda, fortaleciendo de este modo su dominación sobre sí mismo. Abriga prejuicios religiosos, sociales y nacionales contra el trabajador irlandés. Su actitud hacia él es similar a la de los “pobres blancos” respecto a los negros en los antiguos estados esclavistas de EEUU. El irlandés le paga con intereses en la misma moneda. Ve en el trabajador inglés el cómplice y la estúpida marioneta del Gobierno inglés en Irlanda. Este antagonismo es sustentado artificialmente e intensificado por la prensa, el púlpito, los comics, en pocas palabras, por todos los medios a disposición de las clases dirigentes. Este antagonismo es el secreto de la impotencia de la clase trabajadora inglesa, a pesar de su organización. Es el secreto que mantiene a la clase capitalista en el poder. Y esa clase es muy consciente de ello”.

Para Marx y Engels, era necesario luchar y responder a esa situación. Cuando la opresión nacional existe, cuando existe una nación opresora y por tanto un nacionalismo opresor en la conciencia de la clase obrera de dicho país opresor es necesario tratar de responder a esa problemática. Aunque sea difícil. Hay que defender el derecho democrático del pueblo oprimido y tratar de unificar al conjunto de la clase ya sea del país oprimido o del país opresor. Marx insistía en que sin eso era imposible lograr la emancipación social de la clase obrera inglesa. Una clase obrera que oprime a la clase obrera irlandesa no puede pretender a su propia emancipación: “La transformación de la unión forzosa (es decir, la esclavitud de Irlanda) en una confederación libre e igualitaria, si ello es posible, o la obtención por la fuerza de la separación total, si es necesario, constituyen una condición previa para la emancipación de la clase obrera inglesa.

Esa preocupación por unificar a la clase obrera por la defensa de sus intereses respondiendo a la lucha por el derecho de autodeterminación existirá también el análisis de Lenin.

Lenin y Rosa Luxemburg: un debate contradictorio.

Rosa Luxemburg no defiende el derecho de autodeterminación. El partido de Rosa, el SDKPIL polaco, es el único partido socialdemócrata que no lo defiende antes de la primera guerra mundial. Esa posición se explica en parte como respuesta a la orientación del Partido Socialista Polaco (PPS), partido nacionalista, que se opuso a que trabajadores polacos participaran en huelgas de masas durante la revolución rusa de 1905 ya que para el PPS la lucha por la emancipación social era una desviación casi de la lucha por la emancipación nacional. Hay que recordar que en ese momento Polonia está ocupada por entre otros Rusia.

Oponerse a esa orientación que dividía a la clase obrera polaca y rusa era justo. El problema es que Rosa Luxemburg acabó teniendo una posición política con respecto a la cuestión nacional que giró al otro extremo: negar el derecho de autodeterminación y la lucha por la independencia ya que para ella eso conducía a la división: “El retorno a un objetivo que consiste en dividir todos los estados existentes en unidades nacionales y limitar sus relaciones a las de pequeños estados nacionales es una empresa reaccionaria y sin esperanza alguna”.

Ese análisis era muy mecanicista. No entendía el aspecto dialéctico y por tanto las potencialidades de las luchas por la emancipación nacional como movimientos que pueden agudizar la propia lucha de clases. Para Rosa Luxemburg, cualquier lucha por la emancipación nacional es mala porque divide a la clase obrera y porque acaba beneficiando a la burguesía nacional. No entiende ahí que por un lado oponerse a esas luchas significa en parte apoyar otro nacionalismo, en este caso el de la nación opresora y por tanto también a su propia burguesía. No responde por tanto a la problemática de cómo intervenir en esas luchas tratando de agudizar la lucha de clases desde una perspectiva de independencia de clase. Esos elementos y muchos más serán los que irá desarrollando Lenin.

Lenin defendió el derecho de autodeterminación de manera decidida como un derecho democrático básico pero siempre incluyéndolo en una estrategia para la revolución social. ¿Por qué defiende Lenin el derecho de autodeterminación de los pueblos hasta sus últimas consecuencias, es decir, inclusive la secesión? Por tres motivos fundamentalmente:

a) Como lucha contra el imperialismo, para que las masas coloniales se levanten contra el imperialismo. Lenin considera en todo momento a dichas masas actores políticos. Y para Lenin, esos actores políticos son esenciales para el debilitamiento de la burguesía internacional. Esta idea que nos parece a día de hoy el abc no era tan evidente en aquella época. En la IIª Internacional, el tema de la cuestión nacional y numerosos debates que se daban sobre las colonias estaban a las antípodas de lo que planteaba Lenin. Es interesante en ese sentido rescatar algunas intervenciones que se daban en el Congreso de la IIª Internacional:

“Las nuevas necesidades que se nos plantearían después de la victoria de la clase obrera y su emancipación económica, será la posesión de las colonias necesarias, incluso bajo el futuro sistema socialista de gobierno”. (Van Kol)

“Debemos huir de la noción utópica de abandonar sin más las colonias. Las consecuencias últimas de esta opinión sería devolver a EEUU las Indias. Las colonias están allí, debemos adaptarnos a eso. Los socialistas deberían también reconocer la necesidad de que los pueblos civilizados actúen como los guardianes de los incivilizados”. (Bernstein)

Se trataba por tanto aquí de “civilizar a las colonias” y para nada de considerar a las colonias como actores también de la lucha de clases. No es de extrañar que todos esos partidos de la IIª Internacional acabaran votando los créditos de guerra en la Primera Guerra Mundial salvo los rusos pasando así de la consigna de “trabajadores uníos” a la consigna de “trabajadores mataos”.

b) Como precondición para la unificación de la clase obrera y para romper con la influencia de los nacionalismos tanto en la nación opresora como en la nación oprimida. En la nación opresora, la defensa por parte de esa clase obrera del derecho de autodeterminación es la precondición para su propia emancipación. Es el concepto que ya vimos en Marx y Engels: es imposible pretender tu propia emancipación como clase si contribuyes a oprimir a parte de tu clase (de la nación oprimida). Además que en ese caso a quien refuerzas es a tu propia burguesía (es decir a la de la nación oprimida). Esa orientación no facilita en ningún caso la unificación de la clase obrera. En cuanto a la nación oprimida, sólo si tienes la libertad de separarte puedes acabar decidiendo lo contrario. En Rusia, la mayoría de las nacionalidades que defendían el derecho de autodeterminación decidieron después de la Revolución rusa y con ese derecho conquistado no ejercerlo y unificarse en una república socialista.

c) Porque Lenin entendía la relación dialéctica entre la lucha por la emancipación nacional y la lucha por la emancipación social. Para él, la lucha nacional no era necesariamente una desviación de la lucha por la revolución social. Existían potencialidades que los revolucionarios tenían que saber utilizar para agudizar la lucha de clases. Por eso en 1916 afirmaba que: “Imaginar que la revolución social es concebible sin revueltas de pequeñas naciones en las colonias y en Europa, sin explosiones de secciones de la pequeña burguesía con todos sus prejuicios, sin un movimiento de las masas proletarias y semiproletarias políticamente no conscientes contra la opresión de los terratenientes, la iglesia y la monarquía, contra la opresión nacional, etc. Imaginar todo esto es rechazar la revolución social. Es pensar que un ejército se planta en un lado y dice “estamos por el socialismo”, en el lado contrario otro dice “estamos por el imperialismo” y eso es una revolución social. Quien espere una revolución social “pura” no vivirá para verla”.

Las aportaciones de Trotsky: La revolución permanente.

Esa idea última de Lenin era también defendida por Trotsky en su teoría de la Revolución Permanente. Para él, la lucha por cuestiones democráticas podía conllevar a la lucha por la revolución social siempre y cuando ésta fuese dirigida por la clase obrera. Para Trotsky y basándose en la teoría de la ley de desarrollo desigual y combinado no había que pasar primero por una revolución burguesa para después empezar una revolución social. Esa teoría chocaba de lleno con la teoría del “etapismo” defendida por Stalin que conllevó a una colaboración de clases de consecuencias desastrosas para el movimiento revolucionario internacional.

Pero antes de eso, ¿qué es la ley de desarrollo desigual y combinado? En una situación de desarrollo del imperialismo y del capitalismo internacional, y debido a que otros países ya habían pasado por revoluciones burguesas aumentando así las fuerzas productivas, en Rusia existía una convivencia entre el atraso campesino y la industria moderna. Las conquistas materiales e ideológicas se incorporaban por tanto a los países atrasados producto de la universalidad del capitalismo.

Algunos datos para visibilizar todo esto: las pequeñas industrias con menos de 100 obreros representaban en EEUU el 35% de los obreros mientras que en Rusia el 17,8%. Sin embargo, las grandes industrias representaban el 17,8% en EEUU y el 41,4% en Rusia. Eso significaba que en Rusia, país atrasado que no había llevado a cabo ninguna revolución burguesa y que no había resuelto la cuestión de las demandas democráticas, sí existía una clase obrera desarrollada capaz de poner la cuestión de la revolución social de actualidad. Existía una convivencia entre un feudalismo agrario y una fuerte industrialización. Eso es lo que permitía, según Trotsky, mezclar demandas democráticas y la lucha por la revolución social.

Sin embargo, eso sólo era posible si la clase obrera dirigía dicha lucha mediante sus métodos de lucha y con el apoyo del campesinado que solía estar entre el proletariado y la burguesía. Esa teoría conllevaba también una orientación de independencia de clase con respecto a la burguesía que puede defender la lucha por las demandas democráticas, ya que, sin embargo, no están a favor de ninguna revolución social al no defender los mismos intereses de clase.

Lenin ya hablado de eso: “Por cuanto la burguesía de una nación oprimida lucha contra la opresora, nosotros estamos siempre, en todos los casos y con más decisión que nadie, a favor, ya que somos los enemigos más intrépidos y consecuentes de la opresión. Por cuanto, la burguesía de la nación oprimida está a favor de su nacionalismo burgués, nosotros estamos en contra. Lucha contra los privilegios y violencias de la nación opresora y ninguna tolerancia con el afán de privilegios de la nación oprimida”. Esta idea es totalmente de actualidad con respecto a la lucha democrática en Catalunya. Apoyo del derecho a decidir y a todas las fuerzas políticas (inclusive las que representan a parte de la burguesía catalana) que defienden dicho derecho enfrentándose a la opresión del Estado español pero al mismo tiempo desde una posición de independencia de clase

Conclusiones:

De todos esos debates históricos, podemos sacar algunas lecciones que nos sirven para el análisis de la cuestión catalana y por tanto para analizar la actualidad:

  • Los y las revolucionarias debemos defender el derecho de autodeterminación de los pueblos como derecho democrático básico e incluso la propia independencia si ésta permite la agudización de la lucha de clases. Se puede ser independentista sin ser nacionalista.
  • No es lo mismo el nacionalismo opresor que el nacionalismo oprimido. Aunque no seamos nacionalistas, no se puede poner al mismo nivel. Como decía Chris Harman: “El nacionalismo de los trabajadores y trabajadoras pertenecientes a una nación opresora, les une a sus gobernantes y sólo les hace daño a sí mismos, mientras que el nacionalismo de una nación oprimida puede llevar a luchar contra esos gobernantes”.
  • La lucha por la emancipación nacional puede conllevar la agudización de la lucha de clases y ayudar a desestabilizar en nuestro caso el régimen del 78. Todo depende del desenlace y de la orientación llevada a cabo por dicha lucha. Sin embargo, las potencialidades existen y de ahí la respuesta por parte del Estado: represión, presión de las grandes empresas, intervención en el debate político de la Monarquía, etc.
  • La actualidad de la teoría de la Revolución Permanente. Partiendo de demandas democráticas se puede conectar con demandas anticapitalistas. El ejemplo de los cambios de sedes sociales de los bancos de Catalunya al resto del Estado y algunas consignas que iban en el sentido de la nacionalización de los bancos. Para eso, la clase obrera y sus organizaciones deben desarrollar una política independiente a la de la burguesía de la nación oprimida. La clase obrera es además la única que puede enfrentarse con garantías al Estado español y a su Gobierno represivo. La estrategia de la desobediencia institucional del PDeCAT y de ERC conduce a un callejón sin salida. Por sí sola no puede impedir el 155, sin embargo la autoorganización de los y las trabajadoras y la huelga sí, como se pudo ver de manera más clara con el caso de los y las trabajadoras de TV3. La huelga de esos trabajadores tiene la capacidad de impedir la intervención de dicho canal por parte del gobierno central. Por tanto, también la importancia de la herramienta de la huelga general como forma de imponer esas demandas.
  • La independencia de clase con respecto a parte de la burguesía y de la pequeña burguesía ya que no se defienden los mismos intereses de clase. Lecciones que deberá sacar la CUP en Catalunya para el periodo que se abre ahora. Es necesario una hoja de ruta independiente a la de Junts per Catalunya y ERC.
  • Papel nefasto de los reformistas en la lucha por el derecho a decidir. El papel de todas las organizaciones con influencia e implantación en la clase obrera ya sean políticas o sindicales ha sido desmovilizador. Desde CCOO oponiéndose a las huelgas en Catalunya en contra del 155 (8 noviembre) y contribuyendo a que la del 3 de octubre fuese un lock-out empresarial, pasando por PODEMOS e IU denunciando la declaración unilateral de independencia y el no reconocimiento de la posterior declaración de la República catalana.
  • Unificar a la clase obrera del conjunto del Estado español. Los y las revolucionarias debemos pensar en cómo conseguir la unidad de la clase obrera en torno a esa cuestión. ¿Cómo se combate el chovinismo y el nacionalismo español que sólo refuerza a los intereses de la burguesía española por un lado? Y, ¿cómo conseguimos que la clase obrera catalana no se divida también en torno a esa cuestión? Eso pasa por ligar la cuestión de la lucha democrática a la lucha por medidas de urgencia como el no pago de la deuda, la prohibición de los despidos, la expropiación de los bancos, la defensa de los servicios públicos, el reparto de la riqueza y del trabajo, el aumento de los salarios…

Para eso es necesario que el conjunto de organizaciones políticas, sociales y sindicales que defienden en el conjunto del Estado esa orientación se coordinen con aquellas que pueden llegar a hacerlo en Catalunya para defender una estrategia común para que en la próxima ola de movilización por el derecho a decidir se pueda romper con el aislamiento y no acabar reforzando al régimen del 78.