frontsocialFinalmente, como estaba previsto, Macron ganó frente a Le Pen, con una confortable ventaja. Much@s votantes están aliviad@s de que Marine Le Pen haya sido derrotada en las urnas, y esto es comprensible. Aunque el porcentaje del resultado no tiene nada de reconfortante. El hecho de que más de 10 millones de votos se hayan dirigido a esta rica heredera y xenófoba muestra bien el estado de descomposición del país.

Le Pen ha prosperado sobre las ruinas sociales dejadas por los gobiernos que se han sucedido en las últimas décadas: despidos en los servicios públicos, ataques contra los derechos elementales de l@s trabajador@s, propuestas racistas y discriminatorias, todos los elementos estaban reunidos para que una candidata de este tipo pudiera parecer representar una manera de meter el dedo en la llaga para mucha gente, sobre todo en las clases populares desorientadas.

Una elección muy particular

Esta elección ha estado marcada por un fuerte rechazo a la clase política tradicional, que se ha expresado de formas muy diversas: la eliminación de todos los representantes de partidos de derecha y de izquierda de gobierno, una abstención masiva y un número record de votos blancos o nulos (4 millones). En total, con l@s abstencionistas, 16 millones de votantes han rechazado elegir entre los dos candidatos, e incluso por primera vez en Francia, la abstención ha sido más importante en la segunda vuelta que en la primera.

Esto quiere decir que le nuevo presidente no ha sido elegido por una marea, pues son muchas las personas que han votado por él contra Le Pen y no por adhesión a su programa. En definitiva, Macron habrá sido elegido por el 43,63% de las y los inscritos. Este presidente, que pretende encarnar la renovación, no tiene más que su joven edad y por lo tanto corta carrera política como activos. Por lo demás, su programa sabe a rancio, pues es la continuación incluso más violenta de la política llevada a cabo hasta ahora por sus predecesores, Sarkozy y Hollande, para favorecer a los patrones y romper todo lo que pueda parecerse a derechos adquiridos de l@s trabajador@s.

El trabajo los domingos ya está en su programa, e incluso tiene la intención de recuperar una cesión de Hollande a los sindicatos en lo que respecta a la Ley El-Khomri, el límite a las indemnizaciones de los tribunales laborales. Esto sólo significa que su ofensiva contra l@s trabajador@s y l@s jóvenes va a ser brutal. Sobre todo porque, y es la guinda del pastel, ¡tiene la intención de aprobar estas medidas por decreto!

Más que nunca la contraofensiva…en marcha

Basta decir que no habrá estado de gracia para este presidente que ya ha puesto los puntos sobre las íes y que no ha hecho ninguna promesa hacia las clases populares. Realmente no hay nada que esperar y al menos las cosas están claras: habrá que defenderse frontalmente. Esto significa unificar nuestro combate y luchas, reforzar todas las convergencias posibles. Es la única solución.

Es por cierto lo que han comprendido y afirmado un buen número de sindicalistas, que desde la víspera de la primera vuelta se manifestaron, igual que el día después de la segunda, el 8 de mayo. Una señal de que no piensan quedarse con los brazos cruzados esperando los golpes. Eso es lo que nos hace falta fortalecer: un frente social contra el gobierno y los patrones. Y nos hace falta una herramienta, un partido que nos represente y con el que se pueda luchar eficazmente.

No hay alternativa. No sirve de mucho lamentarse sobre los fuertes resultados de Le Pen si no somos conscientes de que la única forma de hacer retroceder sus ideas y mostrar nuestra fuerza, de organizarnos, para afirmar tod@s junto@s de que otro mundo es posible.