El gobierno Syriza-ANEL se olvidó hace mucho de cualquier promesa electoral de aliviar la austeridad. Desde el primer momento que se hizo con las riendas del poder, se puso al servicio del sistema de los capitalistas, continuando la obra de los gobiernos del derechista Samaras, del tecnócrata Papadimos y del socialdemócrata Papandreu. El gobierno de Tsipras ignoró ostentosamente el ÓXI del referéndum de julio de 2015, el que había convocado él mismo para usarlo como carta de negociación con los acreedores. Firmó el 3º memorándum el verano de 2015 y uno nuevo de medio plazo en la primavera de este año. Como exactamente hicieron los anteriores gobiernos, el actual vive de evaluación en evaluación, aprobando continuamente nuevas medidas contra las y los trabajadores, l@s desemplead@s y la juventud.

Tsipras aspiraba a conciliar con su política a la clase trabajadora y los patrones. Sin embargo los intereses de las y los trabajador@s y de los empresarios son incompatibles, incluso mucho más en una crisis profunda como ésta: una clase gana lo que pierde la otra. No hay ninguna duda de que Tsipras, Syriza y su gobierno se pasaron de inmediato al bando de los poderosos. Deben tener y tendrán la misma suerte que los gobiernos anteriores: quedarse en el olvido.

Por supuesto la solución no es la vuelta a la muy odiada por el pueblo derecha del neoliberal Kyriakos Mitsotakis. Como ministro de la reforma administrativa, Mitsotakis fue un factor clave de la miserable política del gobierno de Samaras. Su “promesa” a las y los trabajador@s son despidos en el sector público y más flexibilidad en las relaciones laborales, más represión policial para l@s que luchan y más derechos y manga ancha para los empresarios. No es casualidad que Nueva Democracia saludara el primero de todos el proyecto del gobierno de Tsipras para limitar drásticamente los derechos de huelga.

El resucitado “centro” del exPASOK y de El Río no es nada diferente. Los cuadros de dirección del llamado Movimiento del Cambio, enraizados en el estado desde hace ya décadas, esperan jugar el papel de compañero fiel en cualquier gobierno, ya sea con Nueva Democracia o con Syriza. Si se necesita otro equipo de reserva, también están los “tontos útiles” de la Unión de centristas.

Los nazis de Amanecer Dorado son la expresión más repulsiva del sistema. Sus diputados y dirección alimentaban su bravuconería y tomaban una enorme financiación del estado con el apoyo de los armadores y la publicidad diaria en los canales y periódicos, pero ahora que se le dificultan las cosas, con el movimiento antifascista y los procesos penales en los que están implicados, no dejan de acusarse unos a otros y abandonan a cuentagotas el partido para salvar su pellejo: así han sido siempre los fascistas, los más bravucones y repugnantes.

En el marco de la crisis la patronal se ha desmadrado: sueldos más bajos y por debajo del irrisorio salario mínimo de 586 euros, extenuantes horarios de trabajo y relaciones laborales cada vez más flexibles y precarias, exigencias más ilógicas a l@s trabajador@s, despidos sin indemnización a mujeres embarazadas, trabajo en negro y sin seguro, contratos individuales propios de terroristas. No hacen falta más detalles porque son cosas que conocen cada vez más trabajador@s de primera mano.

Hace falta decir bien alto que esta situación no es un destino inevitable, sino que puede y debe cambiar. Se han dado luchas obreras muy grandes y otras hoy continúan, incluso en las condiciones más difíciles. La evaluación de la troika en el sector público, que abriría la vía a una nueva ronda de despidos masivos, se ha cancelado por segunda vez. L@s trabajador@s pakistaníes de la fábrica de plásticos Georgíou respondieron con 9 días de huelga, asambleas y movilizaciones al despido y paliza de su compañero Asif y han conseguido importantes mejoras en sus condiciones de trabajo. Los sindicatos combativos como el MST han revertido despidos. L@s trabajador@s de Intralot se organizaron en asambleas y consiguieron un importante aumento de salario en una época en que la tendencia es la disminución de salarios en todas partes. Las movilizaciones de l@s emplead@s derribaron la apertura de los establecimientos los domingos en muchos casos. La fábrica de BIOME sigue funcionando en un régimen de autogestión de sus propi@s trabajador@s, dando el ejemplo práctico de que podemos sin jefes. Son algunos ejemplos que demuestran que las luchas no solo no son inútiles, sino que en épocas difíciles pueden llevar a ganar.

Por eso necesitamos de la solidaridad de tod@s l@s trabajador@s, en el sector público y en el privado, estables y fij@s, hombres y mujeres, nativ@s y extranjer@s. La gran manifestación en Aspropyrgo junto a las y los trabajadores pakistaníes que sufren a diario ataques racistas en Korytsá, fue un importante ejemplo de esta solidaridad llevada a la práctica. Las manifestaciones este año en Keratsini contra la sede central de Amanecer Dorado en el 4º aniversario del asesinato del cantante Pablos Fyssas, demostraron que los nazis ya no tienen espacio. Las iniciativas sindicales de PENEN y otras corporaciones en El Pireo y en Pérama son un ejemplo importante de la lucha contra el veneno racista y fascista, que enfrenta a un trabajador contra otra y deja intacto al verdadero enemigo de tod@s: armadores, industriales y empresarios.

El problema no se resolverá con luchas parciales, por muy heroicas que sean. El primer enfriamiento que siguió a la victoria electoral de Syriza y a la firma del 3º memorándum, con el trágico fracaso de la falsa ilusión de que podíamos deshacernos de la austeridad votando a un gobierno, ya se ha ido. Las y los trabajadores salen de nuevo a la calle, aunque no tan masivamente como en el período de las masivas huelgas de 2010-12. Para retornar a las movilizaciones realmente grandes y para que éstas nos lleven a victorias necesitamos una respuesta de conjunto, organización y determinación. Los capitalistas no renuncian a nada con negociaciones: retroceden solo cuando temen perderlo todo. Y tienen que perder todo.

Necesitamos de la coordinación de tod@s l@s trabajador@s, desemplead@s y de la juventud, pero también de la parte más consciente y organizada. Las burocracias de GSEE y ADEDY no llevarán a cabo nunca luchas serias y hasta el final. Tampoco incluso las direcciones de la “izquierda oficial” están decididas a un conflicto real con los capitalistas y su sistema. LaE (Unidad Popular) no ha decidido aún si quiere o no separase de Syriza en el sindicalismo. En el Centro de Trabajador@s de Atenas tiene su oficina común con los sindicalistas de Syriza, Nueva Democracia y PASOK.

El KKE y el PAME dicen grandes palabras izquierdistas y hacen movilizaciones impresionantes pero en realidad no llevan a cabo una línea de lucha combativa. Unieron al movimiento de los agricultores en el invierno de 2016 al tiempo que bebían tsípuro con Tsipras. No hicieron absolutamente nada contra la ley Kastrúnkalou de la Seguridad Social, que disminuye las pensiones y aumenta las contribuciones para miles de trabajador@s.

La izquierda anticapitalista es la única que deja claro que el problema es el propio capitalismo y que debemos combinar nuestra lucha para las pequeñas victorias de hoy con la organización y la batalla para que tomen el poder l@s propi@s trabajador@s. Antarsya es el punto más importante de referencia de esta izquierda anticapitalista, todavía pequeña y no lo suficientemente experimentada y segura, pero constituye la esperanza más seria.

Necesitamos una izquierda anticapitalista de masas, con un programa entendible y al mismo tempo revolucionario. No nos basta volver simplemente a unos pocos años atrás, a elevar el salario mínimo a 751 euros para que alguien viva como debe, o a estimular la “economía nacional” que haga pagar más crisis a otro pueblo. Hay que reivindicar el aumento de salarios, la disminución de horarios de trabajo sin reducción de ingresos para combatir el desempleo, convenios colectivos porque uno a uno frente al empresario es impotente, y prohibición de los despidos. Necesitamos organizarnos en sindicatos y asambleas para que el poder y la riqueza pasen a manos de quienes las producen: la clase trabajadora.

Todos y todas a la huelga general del 14 de diciembre