Para aprobar su reforma que sigue siendo tan ampliamente rechazada, el gobierno se plantea recurrir al artículo 49.3 de la Constitución (cuando publicamos este artículo ya ha tenido lugar), o lo que es lo mismo, hacer que se apruebe más rápidamente la reforma sin que se vote en el parlamento para tratar de debilitar la movilización. Esto es la prueba de que Macron y su panda no están tranquilos.

Una solución : la huelga general

No se puede decir que no tengan razón : las decenas de miles de trabajador@s que han estado en huelga indefinida durante 2 meses después del 5 de diciembre, l@s millones de manifestantes que han bajado a las calles, no han aún abandonado. Y si a eso le añadimos el caos que ha provocado en los institutos la organización del “Bac Blanquer” (nueva selectividad), llegamos fácilmente a la conclusión que incluso una vez aprobada una reforma, ésta puede ser difícilmente aplicable.

Pero frente al rodillo que representa este gobierno, no podemos limitarnos con ir a la pelea de manera dispersa, un sector tras otro, poniéndose uno en huelga cuando otro se agota. Sólo ganaremos cuando todos y todas juntas, dejando el tajo en todos los sitios a la vez, nos reagrupemos en las manifestaciones. Eso es, una huelga general: un movimiento en el cual dejamos de ser una suma de trabajador@s en lucha en contra de nuestros respectivos jefes, para convertirnos en una clase social en lucha contra el conjunto de los explotadores.

La movilización no se acaba

Localmente, asambleas generales interprofesionales consiguen hacer emerger a colectivos de huelguistas : docentes, ferroviarios, obrer@s del sector privado, estudiantes ya sólo forman un grupo unido y determinado.

El domingo 23 de febrero, una reunión de coordinación estatal de los comités y coordinación de huelguistas ha tenido lugar en París, con representantes de más de una cuarentena de este tipo de asambleas generales. Ya el pasado 17 de febrero, coincidiendo con el inicio de los debates en el parlamento, la coordinación estatal hizo un llamamiento para una manifestación que acabara frente ala Asamblea Nacional. Esa iniciativa permitió reagruparnos para caminar hacia la construcción a escala estatal de un colectivo similar a los que ya existen a nivel local.

La última coordinación estatal acordó unirse a la enseñanza universitaria, que hace un llamamiento a hacer del 5 de marzo el principio de una huelga indefinida en las universidades y en los laboratorios. Hace un llamamiento para que la jornada internacional de lucha por los derechos de las mujeres, el próximo 8 de marzo, sea una cita del movimiento, ya que las mujeres son las primeras damnificadas por la precariedad, los bajos salarios y la bajada de las pensiones.

También hace un llamamiento a acudir a la manifestación de los chalecos amarillos del 14 de marzo en París. Y por último, en el caso en el que el gobierno utilice finalmente el 49.3, ésta propone salir a la calle ese mismo día.

Un plan de batalla para ganar

Puede que sea tentador pensar que la lucha está terminada en el terreno del movimiento social y que toca ahora trasladarla a las instituciones, mediante la presentación de enmiendas en el parlamento con el fin de ralentizar su aprobación, o pidiendo que se lleve a cabo un referéndum. Sin embargo sería ilusorio imaginar que esos medios de acción tengan cualquier tipo de efecto.

Sólo el bloqueo de la economía puede hacer retroceder a los capitalistas. Para ello, no hay que aflojar la presión. Llamando sólo a una nueva jornada de huelga el 31 de marzo, sin manifestación estatal para reagrupar nuestras fuerzas frente al poder, la intersindical no nos ofrece el plan de lucha que necesitamos

Nos toca a nosotros/as, trabajadores y trabajadoras, con o sin empleo, jóvenes o jubilad@s, determinar los ritmos y la hoja de ruta de nuestro movimiento. Es de esa forma como conseguiremos demostrar nuestra fuerza y como conseguiremos hacer tambalear al poder.