La famosa compañía low cost de vuelos Ryanair se enfrenta a un proceso de lucha y huelga a nivel internacional por parte de su plantilla. A pesar de la reciente entrada de uno de sus fundadores en la lista Forbes, la compañía era y es famosa por sus penosas condiciones laborales y su política de represión sindical.

Las jornadas de huelga se han sucedido en los diferentes países europeos donde la compañía opera a lo largo de los meses de julio y agosto. Las reivindicaciones giran en torno a la utilización de la empresa de la legislación irlandesa cuando le interesa para empeorar las condiciones laborales. Por ejemplo, hay muchos trabajadores y trabajadoras sin asistencia médica normalizada, o mutua en caso de accidentes de trabajo. Además, se les obliga a tener una cuenta en un banco irlandés de la que además se descuenta una cantidad al mes, para pagar el rescate financiero a la banca irlandesa.

Por otro lado, se incumplen todas las normativas en materia de representación sindical, negándose a reconocer las horas de representación sindical, teniendo que utilizar el tiempo libre para la actividad sindical, bajo presión y con cambios de horarios.

Por último, el tipo de contrato que los y las tripulantes de cabina tienen les hace quedarse sin salario durante temporadas en las que el volumen de negocio cae, no teniendo además derecho en esos meses a prestación por desempleo ni a la búsqueda de otro trabajo regularizado por tener la compañía la exclusividad y la total disposición de sus empleados y empleadas.

El caso de Ryanair, por desgracia, no es algo aislado. Vemos aquí el claro ejemplo de cómo las grandes compañías utilizan todas las armas a su disposición para explotar a los y las trabajadoras. Ya sea a través de la reforma laboral, ya sea deslocalizando sus centros de operaciones o utilizando a su antojo los recovecos de la legislación internacional.

Ejemplos como los de Amazon, Coca Cola, l@s bomber@s, el cuerpo de estibadores, las y los trabajadores interinos de la función pública andaluza y cientos de plantillas de empresas anónimas en huelga nos han mostrado y muestran cómo el ataque a las condiciones laborales en pos del máximo beneficio es generalizado.

Es por ello que la respuesta de la clase trabajadora ha de ser también generalizada, señalando que no es el defecto de tal o cual empresa, de “un mal jefe” o “una mala gestión”, sino de la lógica capitalista que explota al conjunto de los y las trabajadoras para que una minoría sea cada vez más rica.

Es necesario que, en este curso político, las organizaciones políticas y sindicales de la izquierda radical tomen iniciativas que contribuyan al apoyo y unificación de las luchas, así como a señalar la lógica sistémica de la explotación laboral. Es necesario que estas luchas participen en marcos unitarios con dichas organizaciones para poder tejer lazos de solidaridad y lucha para que podamos hacer frente a la patronal y sus estrategias de lucha. Esta debería ser la bandera de próximas movilizaciones como la del 27-O.