La campaña BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) parte en 2005 desde la propia sociedad palestina que pide ayuda a la comunidad internacional para denunciar y actuar contra el régimen de apartheid al que se ven sometidos por la ocupación israelí. Desde ese momento, surgen en diferentes puntos del planeta plataformas de solidaridad que atienden este llamamiento, y que denuncian tanto la política criminal del gobierno israelí, como a las empresas, artistas e instituciones que utilizan la ocupación para beneficio propio. A pesar de la connivencia de los medios internacionales, esta denuncia pública poco a poco va haciendo efecto entre la sociedad occidental y va minando la imagen del estado de Israel por todo el mundo (aun con los esfuerzos mediáticos por normalizar la situación de la ocupación).

Pero el lobby sionista no se ha quedado quieto ante esta situación y ha reaccionado con virulencia, montando un fuerte contradiscurso mediático y un toda una horda de ataques jurídicos contra cualquier persona o institución que se atreva a secundar estas iniciativas de denuncia.

Sin ir más lejos este pasado mes de enero de 2018, la plataforma BDS de Almería llevó por distintos espacios de la provincia la exposición “Visualizing Palestine”, compuesta por una serie de paneles que describen con datos objetivos (publicados por medios poco sospechosos de ser pro palestinos como The Guardian o The Huffington Post) como es la vida de diaria de la población palestina y que se centran en cuestiones como el acceso al agua, la ocupación paulatina de más y más territorio, el control de la población, etc. Pues bien, la reacción sionista no tardó en llegar mediante denuncias públicas en las que se tildaba de apoyar al terrorismo a los espacios e instituciones que han tenido a bien albergar esta exposición. Destaca entre ellas la denuncia de la asociación ACOM encargada de endulzar la imagen de Israel por todo el mundo y de asociar con el terrorismo a toda persona que denuncia la política genocida de aquel estado.

El discurso que utilizan organizaciones como esta se basa en varios pilares. Por un lado asociar la lucha contra el sionismo con el antisemitismo, tratando por tanto de igualar la lucha contra una política colonizadora practicada desde finales del siglo XIX con el puro y simple racismo. El antisionismo no pretende poner el foco en la gente por el hecho de ser judíos o semitas, sino en aquellas personas que apoyan unas políticas de opresión hacia la población palestina y la colonización sistemática de su territorio.

Otro de los ejes en los que basan su discurso es en el supuesto respeto del estado de Israel a la convivencia entre las 3 culturas (judía, cristiana y musulmana) el interés del movimiento BDS por destruir esa supuesta concordia. Nada más lejos de la realidad, puesto que son las propias políticas de Israel las que sistemáticamente tratan de arrancar espacios y derechos a la población árabe. Sirva de ejemplo el aplauso con que el gobierno israelí ha recibido el reconocimiento por parte de Trump de Jerusalén como capital única de Israel y que, por tanto, dejaría fuera al resto de culturas que han compartido esa ciudad desde hace siglos.

Para evitar que el la cuestión palestina caiga en el olvido, se hace cada vez más necesario reforzar el movimiento BDS a nivel internacional puesto que, ahora mismo, es lo que más daño está haciendo a las políticas criminales del gobierno de Israel. Tal y como se está demostrando la denuncia que lleva a cabo el movimiento BDS es una de las maneras más potentes que tenemos de ayudar a la población palestina desde nuestras sociedades occidentales. Es necesario también luchar contra el discurso mediático que trata de asociar esa denuncia con el terrorismo o con el mero y simple racismo. No debemos caer en esas provocaciones puesto que, si desde el sionismo se ha organizado esa respuesta, será porque se están consiguiendo los objetivos que se marcó la campaña desde el principio. Hay que denunciar y dejar de apoyar a las empresas, marcas, instituciones, artistas y deportistas que se aprovechan de la ocupación israelí y que no denuncian la situación de la población palestina.