El 23 de noviembre un jurado de Charlottesville, Virginia, sentenció en contra de los organizadores de la marcha “Unite the Right” de los días 11 y 12 de agosto de 2017. El veredicto a favor de l@s demandantes, que habían interpuesto una demanda por lesiones y trauma, supone una indemnización de 25 millones de dólares contra l@s demandad@S.

Este veredicto marca un paso importante para reprimir la expansión del fascismo y el supremacismo blanco. Sin embargo, sería un error sobrevalorar los efectos del juicio. Durante las 2 semanas que ha durado, grupos de supremacismo blanco alrededor de EEUU han estado animando a l@s demandad@s, hablando sin vergüenza de su punto de vista, usando lenguaje racista y antisemita en la sala. Hasta los abogados de la defensa se sumaron al uso de terminología abusiva, en un esfuerzo por insensibilizar al jurado a las espantosas rabietas de sus clientes. Al final, surtieron poco efecto en el resultado.

Como testigo en escena de su brutalidad y odio en aquel caluroso día de verano en Charlottesville, nos ha resultado satisfactorio verlos recibir justicia. Estos individuos y las organizaciones a las que representaban muy probablemente serán quitadas de los focos de los medios por el momento, aunque probablemente vuelvan a asomarse de manera ocasional con apelaciones y nuevas formaciones de derecha.

Sin embargo, el ascenso del razonamiento fascista supremacista blanco en Norteamérica no se verá desacelerado por este juicio, ni siquiera por las investigaciones del Congreso sobre el 6 de enero (la ocupación de los seguidores de Trump). Grupos como Proud Boys, Oath Keepers, 3 Percenters y otras expresiones de extrema derecha, populistas y xenófobas siguen sin disimulo. Se alimentan de discípulos del expresidnete y sus secuaces políticos en el Partido Republicano. Tratar de combatir el fascismo a través de los juzgados es un poco como jugar al guacamole: tan pronto como uno es “machacado”, otro asoma la cabeza. Así pues, ¿qué hacemos?

Una respuesta puede apoyarse en los eventos del primer aniversario de Unite the Right. El 12 de agosto de 2018 (otro bochornoso día de verano), uno de los acusados organizó una segunda marcha de Unite the Right en Lafayette Park, enfrente de la Casa Blanca. Logró congregar a unas docenas de seguidores pero fue recibido por miles de contramanifestantes en la plaza Lafayette, tanta gente que llenaban las calles adyacentes hasta Freedom Plaza. Los cánticos eran ensordecedores, y tras leer un escueto manifiesto (que nadie pudo oír), salieron en desbandada a un autobús que los estaba esperando. Tras esto fueron escoltados fuera de Washington por la policía.

Ese día se volvió a hacer evidente que solo un movimiento de masas organizado puede dejar al fascismo sin espacio para crecer. El problema no se resolverá en los juzgados, leyes, o los medios, sino por la mayoría. Un movimiento amplio que incluya a los sindicatos, comunidades religiosas, estudiantes, organizaciones por los derechos civiles y activistas locales tendrá el poder de sobrecoger a las fuerzas del fascismo y la plaga del supremacismo blanco de las calles de EEUU.

Como dijo el poeta Shelley hace mucho, “Ye are many, they are few” (Vosotros sois muchos, ellos son pocos).