Bajo el nombre de capitalismo de plataforma o colaborativo, el mundo de la economía y el empleo ha empezado a denominar a los nuevos empleos tipo Uber, Glovoo, Deliveroo etc. Sus características principales pasan por: la relación directa entre oferta (quien está dispuesto a ofrecer un producto o servicio) y demanda (quien está dispuesto a pagar por ese producto o servicio) a través de una plataforma (normalmente mediante una APPs propiedad de la empresa) y la ausencia total de condiciones laborales básicas tales como salario, horario, centro de trabajo, condiciones contractuales, seguridad social etc.

Este fenómeno se quiere presentar como una innovación en materia laboral del capitalismo actual. La supuesta voluntariedad fruto de la ausencia de condiciones laborales, así como la utilización de nuevas tecnologías, pretenden enmascarar el verdadero carácter de esta modalidad laboral, la vuelta a la explotación laboral más clásica. Este modelo consigue por la vía de los hechos es pasar por encima de toda la legislación laboral fundamentada en el modelo social surgido después de la IIª Guerra mundial, es decir, una legislación donde el trabajo es el acceso a múltiples derechos sociales como la seguridad social (bajas, jubilación, sanidad…), vacaciones pagadas, horarios y retribuciones fijas, condiciones acordadas, derecho de reunión y organización sindical…

En sustitución a todos estos derechos conquistados solo habría el cobro de primas que económicamente solo suponen un porcentaje del beneficio generado a la empresa (en la práctica, Glovoo cobra al cliente 5€ por reparto y da 3’5€ al repartidor) con las cuales l@s trabajador@s tendrían que sufragar el coste de sus derechos (tiempo de descanso, bajas, vacaciones, cotización, jubilación…). Además, a nivel fiscal toda la carga caería sobre el trabajador el cuál se convierte en un falso autónomo.

En pocas palabras este modelo económico, a pesar de su barniz tecnológico, supone la vuelta al modelo laboral de la revolución industrial o al tan extendido en el campo durante los primeros años del siglo XX: si “hay trabajo” y estás en condiciones de trabajar, trabajas; si no, no. Ello no solo tiene grandes perjuicios a nivel objetivo sino también a nivel subjetivo. Este modelo convierte a l@s trabajador@s en sus propi@s explotador@s, fragmentando a un más su carácter de clase con sus compañer@s (con l@s cuáles compite en tiempo de entrega y disponibilidad a través de valoraciones en las APPs), fomenta una supuesta meritocracia de más esfuerzo más dinero y hace mucho más difícil una actividad sindical por los cauces legales y habituales.

Además, dicho modelo laboral se centra en actividades de servicios con una tradicional debilidad sindical, siendo la mayoría de l@s trabajador@s de edad joven, con gran precariedad y riesgo en la actividad. Solo en este 2019 la cifra de muertes en accidentes laborales de “riders” llega a la veintena.

Frente a esta situación se derivan diversas tareas: por un lado, ya se ha iniciado una pelea a nivel legal para que dich@s trabajador@s se reconozcan como tal y no cómo autónomos. Ello implicaría poder acceder a algunos de los derechos laborales antes comentados. Pero no debemos conformarnos con una regulación fruto de una legislación ya de por sí muy descafeinada en cuanto a derechos laborales se refiere, es necesario volver a los principios del sindicalismo más clásico y ganar mediante la organización y la huelga toda una serie de derechos. Un convenio con una jornada laboral fija, cotizaciones, vacaciones y regulación salarial es el mínimo primer paso que las fuerzas sindicales y l@s trabajador@s del sector deberían pelear.

Ello ya se ha empezado a dar mediante huelgas y movilizaciones a nivel estatal y en otros países europeos en este año 2019. Ciudades como Zaragoza, Madrid, Barcelona o Valencia, así como París, Lille, Amsterdam, Londres y otras han sido el escenario de múltiples protestas de este sector. El reconocimiento como asalariad@s y un cambio en el algoritmo que mide el tiempo de reparto (el cual no reconoce el tiempo de espera del pedido sino solo el de transporte) son las reivindicaciones principales por ahora.