Ha sido uno de los veranos más calientes en el Reino Unido. Además del evidente cambio climático que ha producido sequías en uno de los países más húmedos de Europa, Gran Bretaña ha vivido un alza de las movilizaciones obreras sin precedentes en los últimos treinta años.

La lista es amplia y cualitativamente muy importante: maquinistas de trenes y del metro de Londres, Correos, abogados criminalistas, estibadores de los grandes puertos cargueros, basureros, Amazon, operarios de telecomunicaciones, personal de cabina de British Airways y anuncios de movilizaciones en el sector sanitario, educativo y estudiantil.

Pero esta amplia y potente lista no es fruto de la coincidencia o la casualidad. Es fruto de que todos estos importantes sectores comparten un mismo análisis y una misma reivindicación de fondo. No es justo que con una inflación que roza el 10%, causada en gran medida por unos beneficios empresariales de las empresas energéticas y grandes corporaciones que cotizan en bolsa; las propuestas de actualizaciones de salarios no lleguen apenas al 4%.

¿Cuáles son las razones de la inflación y cómo afecta a l@s trabajador@s británicos?

La inflación se ha convertido en un fenómeno mundial. El ahorro fruto de la parálisis económica durante la peor época de la pandemia, la crisis de suministros de ciertos materiales esenciales como los semiconductores y, sobre todo, el encarecimiento de la energía, están provocando que en todas las economías occidentales la inflación esté en torno al 10%. Niveles que no se veían desde los años 70 y que provocan que la clase trabajadora de la mayoría de sectores pierda poder adquisitivo a pasos agigantados.

Dicha situación en Reino Unido se hace especialmente perjudicial para las capas más humildes. Analizando de forma somera la economía de Reino Unido es sencillo darse cuenta que un porcentaje muy importante de los productos esenciales a nivel de alimentación son importados. Dicha situación unida a la adaptación al Brexit y el encarecimiento del transporte ha provocado que productos alimenticios, combustible y energía hayan sufrido aumentos de hasta el 80% para las economías domésticas. Aumentos que según estadísticas oficiales dejarán en el umbral de la pobreza a muchas familias ya castigadas desde hace años por la precariedad y el endeudamiento.

Sirva como ejemplo el anuncio que hacían sindicatos del NHS (servicio estatal de salud) de que se debe reforzar de cara al otoño la atención primaria y el equipamiento para hacer frente a enfermedades respiratorias ya que se prevén situaciones de malnutrición e inmunodeficiencia a causa de no poder asumir el coste de la calefacción.

Por tanto, esta oleada de huelgas llega tras dos años de crisis a causa del Covid y tras unos meses donde el alza del precio de la energía y los alimentos deja un panorama de inflación y de pérdida de poder adquisitivo generalizado para toda la clase trabajadora.

Por último, a este contexto se ha de sumar los cambios en materia de legislación laboral. De manera análoga a lo que está sucediendo en EEUU, la precarización y la imposición del “modelo Uber” de relaciones laborales está produciendo como contrapartida el aumento de la sindicalización y la proliferación de los piquetes, huelgas y métodos clásicos de lucha de la clase obrera. Dicho modelo básicamente lo que trata es de recuperar el trabajo a destajo, fuera de cualquier regulación que reconozca algún tipo de protección del trabajador o trabajadora (en el estado español el sector de l@s riders sería el más característico de dicha situación).

En Reino Unido, por poner solo un ejemplo, hace ya años que se ha implementado en muchos sectores el contrato de cero horas. Dicho contrato permite a las empresas tener un “ejército” de trabajador@s contratad@s de manera gratuita que únicamente cuando hay picos de la producción echarían “horas extras” para hacer frente a las demandas inmediatas del mercado.

Muy distinta es la situación para las grandes empresas de la economía británica. Las compañías del FTSE 100 (el índice bursátil que agrupa a las 100 empresas más cotizadas de Reino Unido) no dejan de aumentar beneficios, siendo las empresas energéticas las que se sitúan a la cabeza del aumento de beneficios, siendo la economía financiera también un sector gigante y parasitario de la economía británica.

Si hay tantos sectores en huelga, ¿por qué no una huelga general?

Viendo el contexto general en el que se encuentra Gran Bretaña, parecería el clima más propicio para una acción de conjunto de la clase trabajadora. Sectores estratégicos en huelga, generalización de la precariedad y la pérdida de poder adquisitivo a la par que los beneficios de las grandes empresas no dejan de crecer.

Sin embargo, para los dirigentes sindicales y el Partido Laborista la huelga general está lejos de ser una medida útil. Escudados en la legislación sindical de Reino Unido, la cual solo permite convocar una huelga si la mayoría simple de una plantilla la vota (es decir no existen sindicatos “representativos” a nivel de empresa, sector, territorio etc. que puedan convocar las huelgas) los dirigentes sindicales esquivan hacer un llamamiento a las asambleas masivas en los centros de trabajo, en la organización de acciones y asambleas comunes entre sectores y en plantear una ofensiva de mayor calado que supere el aspecto coyuntural del aumento de salarios en este contexto de inflación.

Si tenemos los mismos problemas, ¿la solución podría ser la misma?

Inflación, descontento popular, movilizaciones obreras, alza del coste de la vida que no se traslada a los salarios, grandes beneficios de eléctricas y empresas que cotizan en las bolsas del mundo, precios desorbitados de la energía, el combustible y demás bienes básicos… Esta es la situación de Reino Unido con un gobierno conservador, pero también del conjunto de los países europeos. Francia con Macron a la cabeza, Alemania con una coalición de sociademócratas, liberales y verdes, Italia con un gobierno tecnócrata y el Estado Español con el gobierno “más progresista de la historia” de hecho comparten con apenas algunas sutiles diferencias la misma fotografía…

Y es que para los grandes asuntos económicos, políticos y militares no hay una fuerza política gubernamental que se salga de la foto: utilizar la guerra de Ucrania para intentar favorecer la economía estadounidense frente a la rusa y la china, proteger los beneficios de las grandes fortunas a toda costa y aplicar un programa “ecológico” cuya única consigna es que contamine quien pueda pagarlo.

Desde Izquierda Anticapitalista Revolucionaria IZAR y desde la Tendencia por una Internacional Revolucionaria TIR no nos cansamos de repetirlo. Los gobiernos europeos, sean de un color más azulado, verde, rojimorado o amarillo; no van a solucionar los problemas por los que está pasando la clase trabajadora.

En la situación actual cobra aún más fuerza que en otras épocas la cuestión del poder. No se trata ahora mismo de que un gobierno u otro “acierte” con sus medidas económicas (aunque evidentemente existen diferencias en la gestión de los diferentes gobiernos) sino de quién tiene la capacidad de decisión de las grandes cuestiones económicas. Si el precio de la energía lo sigue marcando el mercado marginalista dominado por tres o cuatro grandes empresas de cada país, si la legislación laboral obedece a las grandes compañías internacionales que compiten a base de precarizar el empleo, si la participación en los conflictos militares la sigue decidiendo la OTAN. Dará lo mismo el color del gobierno que gestione este programa político de la burguesía europea.

Es necesaria la movilización y la organización de la clase trabajadora de toda Europa y el mundo. Se hace más patente que nunca que, a la par que se lucha en cada empresa y en cada sector de cada país por la equiparación del salario con respecto a la inflación; se debe luchar a nivel europeo e internacional por revertir las consecuencias más antisociales de este sistema económico irracional que amenaza con hacer inhabitable el planeta en términos ecológicos, pero también sociales y económicos para la mayoría de la población.

Hemos de caminar hacia la construcción de una huelga general europea que barra la manera de organizar la producción y el precio de la energía, que frene la masacre de Ucrania y que ponga sobre la mesa un programa ecológico radicalmente opuesto al actual, el cual se está demostrando profundamente ineficaz y cuya única estrategia es la constante pérdida de calidad de vida de la mayoría de la población para que los multimillonarios siguen dando paseos por el espacio, en grandes embarcaciones y el jets privados.